Respiré hondo cuando escuché los golpes suaves en la puerta. Mi pecho aún vibraba por lo que había pasado afuera.
-¿Harica?- la voz de la señora Graciela sonó firme,
Me acerqué despacio, mis manos temblaban apenas. Respiré profundo y abrí, la encontré seria, sus ojos clavados en mí. Baje la mirada y una mancha marrón estaba en el piso.
-Creo que me quiero ir- dije, con un hilo de nervio en mi voz, pero manteniéndome firme.
Graciela asintió,una leve sonrisa se formo
-Si quieres, puedo conseguirte otro trabajo. No tienes que quedarte aquí.
Sonreí apenas, con alivio.
-Está bien... pero me quiero ir, por favor.
Ella me observó unos segundos, luego desvió la mirada hacia un rincón. Su ceño se frunció, sus labios rectos. Yo giré lentamente, siguiendo su gesto.
Y lo vi.
Un hombre alto, casi de dos metros, musculoso, con un traje oscuro sin saco. Sus abdominales se marcan al igual que sus pectorales. Se acomodaba los botones de las muñecas con calma, mientras una sonrisa ladeada aparecía en su rostro, mientras lo hacía. Sus manos estaban manchadas de rojo. Puedo notar hasta como sus venas resaltan en sus brazos. Baje la mirada..
Deje de respira. Al ver algo
Abrí la boca, sin poder evitarlo. Mis ojos bajaron a sus caderas un arma descansaba allí.
Miré rápido a Graciela.
-Es de utilería, es para un show- dijo con voz seca. Listo van a vender mis órganos..
Asentí, seria, tratando de disimular mis nervios, aunque mi estómago se revolvía. Volví a mirarlo. Y para mí sorpresa me estaba observando. Por Dios santo, sus ojos oscuros me recorrieron de arriba abajo, intensos, como si tratara de leer mis pensamientos. Una ceja se arqueó, al ver dónde termina mi vestido. Luego tomó su saco, lo colocó con calma sobre su hombro. Se giró lento hacia la salida.
-Creo que es hora de irte- dijo Graciela -Ya es tarde
-Sí- respondí, tragando saliva.
Avancé, pero él se colocó justo frente a mí. Mi rostro apenas alcanzaba su abdomen. Escuché su pecho roncar, como un gruñido. Elevé la vista.
-¿Puede darme permiso, por favor?- pregunté, firme, aunque mi voz vibraba.
El hombre giró la mirada hacia Graciela. Emitió una risa baja, leve, y luego me observo. Sus dientes blanco llamaron mi atención, porque sus colmillos eran puntiagudos
-Como usted mande, madam.
Mis ojos se desviaron otra vez al arma.
-Es de utilería, no te asustes- dijo él, con voz grave baja
Reí nerviosa.
-No me asusto por eso. Me asusto si me llegan a agarrar aquí también... y me culpen de algo que no cometí.
Él se inclinó, quedando a escasos centímetros de mi nariz. Su mirada oscura me atravesó. Me observó todo mi rostro.
-¿Todo está bien?- dije
Pero el volteo su cabeza lento para mirar hacia la puerta, su rostro cambió por completo. Sus ojos se volvieron completamente negros, su mandíbula se marcó. Y una vena en la frente parecía que se le iba a salir. Respiro profundo varias veces. Mientras murmuraba algo en su idioma
-Este no es un buen lugar para una damisela como usted- susurro al girar su cabeza y verme. Su cabello ondulado se movió.
Abrí los ojos, acomode mi abrigo y salí rápido.
Detrás de mí, escuché a la señora Graciela hablar..
-¿Por qué no me dijiste que venías? Por favor, no hagas nada estúpido ¿Si?
Me gire para verlo, algo en ese hombre. No sé, es extraño. Pero a la vez llama la atención. Seguro es su forma de atraer a jovencitas, listo esto debe de ser una trata de personas. Aunque no sé si es su forma de ser, o de intimidar. Por Dios Harica, ves a un sujeto de casi dos metros de alturas y con buen cuerpo y ya andas con pensamientos. Eso es culpa de mi madre, me aisló de todo. A duras penas fui medio novia de Raúl.
-Ella no merece estar en esa manada, mamá.
¿Manada? ¿Que pueblo es este chico? Un momento ¡¿Mamá?!
Me detuve un segundo, al escuchar un ruido extraño, me gire apenas. Vi a Graciela encogerse de hombros, seria. Y al hombre, mirando hacia otro lugar, con esa expresión dura,
El aire se volvió pesado. Yo seguí caminando, con el corazón latiendo fuerte, jamás.. Jamás volveré aceptar algo así. Más vale que me fuera traído un poco más de dinero, ay Dios mío. ¿Que sigue ahora? Horita y por andar de vaga, me llevan para otro lugar. Ahora en adelante andaré con un cigarro, y diré que mis pulmones ya ni deben de servir..
Ya en el auto, solo veía los árboles.. La luna alta iluminando todo, y las estrellas haciendole compañía... Me apoye del vidrio..
-Lobito odioso..- susurré
¿QUE? Me senté de golpe y abrí la ventana, y pues si, veo a un lobo blanco correr. Pero... No, es imposible.. Ya estoy loca, este pueblo me está volviendo loca ¿Y si quedo como el abuelo? Un día el abuelo estaba hablando solo, ay señor.
Choque mis palmas.. Listo ya lo estoy.. ¿Y si me llevo a la abuela a dónde mamá?
Mordí la uña de mi pulgar, negué..
Será para que mamá quede loca también. Mi mamá y mi abuela no se llevan muy bien que digamos, así que...
Un momento ¿Con quién hablo yo?