Otro lugar

1030 Palabras
–Ese cargamento jamás paso por esta frontera... –Los guerreros me informaron, que dos sujetos tenían el sello del Alfa Abel. El humo del cigarro se mezclaba con la charla pesada de la sala. Mis socios hablaban, discutían cifras, rutas, mercancías que nunca llegaron. Yo asentía, fingía concentración, pero mi mente estaba en otro lugar. En ella. Me duele la cabeza, siento que algo no está bien. —Después les digo para acordar otra reunión, ya es tarde— solté con voz seca, cortando la charla. Ellos entendieron, recogieron sus cosas y se fueron. La puerta se cerró y quedé solo. Me acerqué al cristal. La manada brillaba con luces frías, mire el reloj, ya es casi media noche... –Por eso no quería una mujer… no quiero tener debilidad, ni distracción. Mi voz se quebró en un susurro, y entonces mi lobo por fin habló, con esa calma brutal que lo caracteriza —Si tú no la quieres, Zarp sí. Reí con rabia, siempre tan sarcástico —Ese desgraciado no quiere a nadie— Tomé el vaso, bebí el trago de un solo sorbo y lo lancé contra la pared. El cristal estalló —¿Entonces que hacía en la cabaña? No me digas que le creíste.. Además note como la estaba viendo, Me quedé en silencio, mi lobo igual... Suspire –¿No la quieres? Creo que no te e escuchado hablar de ella— le pregunté —Además tu fuiste el que quiso que viniera, y la dejara tranquila.. Escucho un leve gruñido.. –No es eso Abel. Es que yo sé en dónde estamos metido, y se que esto es peligroso para ella. Además, cuando tú le dijiste a Zarp que ella es tuya. Nose, note algo extraño Marqué el número de mi madre. —Hijo…— la voz de ella sonó cansada —¿Todo está bien? —El alfa ha estado demasiado tiempo en el pueblo, y no he visto a la Luna Alia Guardé silencio. Ella continuó —Por favor, Abel. —¿Y ella, Está bien?— hable bajo —Esa muchacha Harica es muy linda, diferente. Déjala, no quiero que salga lastimada. Solté una carcajada amarga. —¿Madre, acaso me crees un monstruo? —Un santo no eres. Es lo que sé. Solo te pido que si la amas… vas a dejar todo, o déjala ir. No respondí. Colgué. Me dejé caer en el sillón, con la cabeza entre las manos. —¿Cómo en tan poco tiempo estoy así por ella?— murmuré Mi lobo gruñó —Te lo advertí. El poder del vínculo es fuerte Negué con furia. —No es solo el vínculo… es algo más. Es como si mi deber fuera protegerla. —Ella es fuerte— respondió él. —Pero es mi mujer— dije con firmeza —Aunque ella no tenga ni idea. Aunque me odie. Aunque nos odie. —¡Granada! Alfa.. Nos atacan— vociferó alguien. Me puse de pie de inmediato, me tire al suelo el cristal de la ventana se partió en mil pedazos y vi cómo caía el artefacto. —¡Mierda! El rugido interno me consumió, mi cuerpo se transformó en segundos, huesos y músculos rompiéndose para dar paso a mi lobo. Salí de la oficina con un salto, mientras la gente corría, para la zona segura, otros sacaban armas, algunos se transformaban también. Volví a ser humano en medio del caos. —¡ALFA! ¿que hacemos? Me puse una bermuda, un chaleco, recogí el cabello en un moño, ajusté la máscara antigás y tomé las armas. —Detrás de mí.. Mis hombres me seguían como una sombra. —¡Vamos!— grité con furia —Los de la derecha, vayan con la manada, al refugio.. Me lancé contra todos, maniobras rápidas, disparos, golpes, sangre. El aire olía a pólvora y a muerte —¡Maldición!.. Una bala me alcanzó en el brazo, el dolor ardió —Ahhh gruñí con rabia, tiré todo y salté sobre el sujeto que disparó. Le destrocé la cara con mis manos, huesos quebrándose bajo mis puños. —Ya no hay más Alfas, todo está seguro. Me gire, para ver a mi alrededor. El pueblo ya estaba en una zona segura, protegido. Sacudí mi cabello. Camine observando todo. Mis pasos eran pesados.. Mi respiración agitada, eleve mi vista y todos ya iban saliendo poco a poco. Con trapos en sus caras.. —Nadie toca a los míos.. Yo me encargaré de esto.. Solo confíen en mi— dije con mi voz ronca, conteniendo el dolor Todo terminó.. —Quedo uno— alguien gritó Me trajeron a un hombre cubierto de sangre. Lo tomé por el cuello, apretando hasta que apenas podía respirar. —¿Quién te envió?— rugí. —Marcial…— balbuceó Asentí con calma —Te dejaré libre. Pero dile a ese maldito que venga él. Que hable conmigo. Aquí no hay ningún puto cargamento. Yo no trabajo con esa porquería de droga. Lo mío son armas, ¿entiendes? El sujeto cayó de rodillas —No quiero verlo— ordene lo arrastraron fuera. —Alfa.. —No estoy disponible en estos momentos.. —Es sobre ella.. Me gire de golpe, un hombre apareció, mirándome cubierto de sangre. Por alguna extraña razón mi corazón empezó a latir con fuerza —¿Qué sucedió?— le solté con voz grave. —Alguien la amenazó —¿QUE?— gruñi, sin dejarlo continuar —Alfa, alguien amenazo a la mujer que usted me dijo que la vigilará. —¿QUIEN? Un gruñido salió de mi pecho, ardió. Vi a la manada acercarse, aún alerta. —¿Cuándo fue eso? ¿Por qué no me llamaste?— le grité. —Eso fue hace dos días. Me encargué de dos lobos que intentaron entrar a la casa en la madrugada. Creo que ella no lo notó. Como usted ordenó, no llamé, solo vine, pero me encontré con esta gerra. Respiré hondo, el aire me quemaba los pulmones. —Alfa, debe verse la herida— me dijo uno de los míos. Negué con fuerza —La única que puede sanarme no está en este lugar.
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