El silencio posterior a su marcha era un sonido físico, casi tangible.
Nyra permaneció contra la pared, temblando, con los restos de su camiseta desgarrada cayendo de sus hombros como una confesión de lo que acaba de ocurrir. Su respiración era irregular, su cuerpo ardía en lugares que no quería reconocer.
Bruma trotó hacia ella con preocupación, rozando su pierna.
—Lo sé, bebé —susurró, hundiendo sus dedos en el pelaje del perro. Al menos esto era real. Al menos Bruma no mentía.
Se dirigió a la ducha con movimientos automáticos. El agua caliente no borró nada. Si acaso, intensificó cada sensación: el fantasma de esas manos en su piel, su cuerpo presionándola contra la pared, sus colmillos rozando su cuello de una forma que no debería hacerla sentir viva de esa manera. Cerró los ojos bajo el chorro y se permitió recordar durante un segundo lo bien que se sintió. Lo equivocado que se sintió.
Cuando salió envuelta en una toalla, encontró una bolsa sobre su cama.
Ropa nueva. Una nota en caligrafía perfecta: "Para que no tengas que comprar más. —D"
Una risa histérica escapó de ella. Ese monstruo había destrozado su ropa y luego había comprado una de reemplazo. Como si fuera posesión. Como si le perteneciera.
La idea no debería excitarla.
Su teléfono vibró. Un mensaje de Amy: "¿Estás viva? Diego y yo llegamos en una hora. Prepárate para historias de miedo."
Nyra marcó el número con dedos que aún temblaban.
—¡Nyra! —gritó Amy antes de que ella pudiera hablar—. ¿Dónde estuviste? ¿Tu padre dijo que desapareciste. ¿Estás bien?
—Tuve que salir de urgencia —mintió, odiando cómo su voz sonaba falsa—. Estoy bien. Solo... necesitaba aire.
—Eso es lo más extraño que te he escuchado decir. Tú no haces eso. —hizo una pausa pesada—. Hay un hombre.
No era pregunta.
—Amy, no...
—¡Lo sabía! ¡Cuéntamelo todo cuando lleguemos! —colgó sin esperar respuesta.
Nyra se vistió con el conjunto n***o de la bolsa. Le quedaba perfectamente. Demasiado perfecto. Como si él hubiera memorizado cada curva de su cuerpo durante esos minutos en la pared, en el pasillo, cuando ella estaba desnuda y aterrada y algo más que aterrada.
Dos horas después, Amy y Diego irrumpieron en el apartamento.
—¡Dios mío! —Amy la abrazó—. Pensamos que estabas en problemas. ¿Desaparecer sin avisar? Esa no eres tú.
Diego fue más observador. Sus ojos oscuros la escanearon de forma clínica, incómoda.
—Te ves diferente —dijo, sin inflexión—. Hay algo en ti.
—Solo necesitaba espacio —respondió ella, dirigiéndose a la cocina, pero Amy la interceptó.
—Nyra. ¿Quién es?
—No hay nadie.
—Mentira absoluta. Tu aura brilla diferente. Diego, ¿lo ves?
Diego sonrió lentamente, esa sonrisa que indicaba que había captado algo relevante.
—Huele diferente. A bosque. A algo... salvaje.
El mundo se congeló.
Diego la miró directamente a los ojos, brujo de tercera generación, criado en secreto por sus padres lejos de lo sobrenatural, pero con una percepción que no podía apagarse.
—Alguien ha estado muy cerca de ti —continuó—. Alguien que no es humano.
El silencio fue absoluto.
Amy miraba a Diego. Diego miraba a Nyra. Nyra miraba su taza de café como si contuviera las respuestas al universo.
—¿Qué significa eso? —preguntó Amy lentamente.
—Significa que...
La ventana se rompió con un rugido que sacudió los cimientos del apartamento.
Nyra gritó, pero no de miedo. Ese sonido. Ella lo reconocía.
Tres figuras atravesaron el cristal roto. Dorian estaba en el centro, ojos completamente negros, colmillos desarrollados hasta parecer armas. A su izquierda, un hombre lobo parcialmente transformado: pelaje oscuro, cuerpo musculoso, ojos amarillos que brillaban con inteligencia depredadora. A su derecha, Lucien, el vampiro rubio, sonriendo como si todo esto fuera un juego.
—¿Qué demonios...? —Diego se colocó inmediatamente frente a las mujeres.
El hombre lobo gruñó, mostrando colmillos del tamaño de puñales.
—Estos son tus amigos, pequeña —dijo Dorian, su voz era ronca y peligrosa—. El brujillo parece creer que puede protegerte de mí.
—Soy lo suficientemente fuerte para intentarlo —respondió Diego, calmado pero cargado de poder.
El lobo avanzó un paso. Amy gritó.
—¡Basta! —Nyra ordenó, sorprendiendo a todos—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Algo cambió en la expresión de Dorian cuando la miró. La bestia se suavizó apenas, lo suficiente para verlo.
—Tu padre desapareció —dijo sin preámbulos—. Cyrus Kael. Necesito que me ayudes a encontrarlo.
—¿Mi padre desapareció?
—Sí —respondió Dorian, y sus ojos verdes oscuros permanecían clavados en ella—. Y Alistair lo tiene. Un clan rival de hombres lobo.
Lucien se adelantó, sonriendo de forma depredadora.
—Mientras nuestro líder aquí se divertía contigo anoche —miró a Nyra significativamente—, yo fui por tu padre, pero algo más fuerte que yo se me adelantó. Algo que huele a sangre antigua de lobo.
El corazón de Nyra se aceleró.
—¿Hay más de ustedes?
—Hay más de todo —respondió Dorian—. Hombres lobo verdaderos. Antiguos. Y parece que tu padre es importante para ellos.
El lobo gruñó algo en un idioma que Nyra no comprendía. Dorian respondió en el mismo idioma, su voz era baja y amenazante. Cuando terminó, se giró hacia ella.
—Se llama Alistair. Dice que tu padre no es lo que aparenta. Que tiene sangre de hombre lobo antiguo, que fue rechazado por su clan hace décadas. —hizo una pausa—. Dice que Cyrus es la llave para una guerra que está a punto de comenzar.
Las palabras cayeron como piedras en el pecho de Nyra. Su padre, un hombre lobo.
—Tiene sentido —murmuró Diego en voz baja—. Su aura siempre fue extraña.
Amy agarró la mano de Nyra.
—¿Qué significa esto para ti?
Nyra miró a Dorian. Los ojos de ella conectaron con los verdes oscuros de él, y por un momento, el universo se comprimió a solo ellos dos.
—Significa que vamos a encontrarlo juntos —dijo Dorian, avanzando hacia ella—. Tú vienes conmigo.
—Ella no debe ir a ningún lado contigo, vampiro —intervino el hombre lobo, su voz profunda vibraba como un animal—. Es enemigo, pero... huele bien. Huele a poder dormido. Huele a reclamo.
El rugido que salió de Dorian fue un terremoto.
—Es mía —gruñó y su cuerpo tembló de rabia pura—. Pertenece a mi venganza. A mi búsqueda. A...
Se detuvo. Sus ojos encontraron los de Nyra, y ella vio algo cruzar por su rostro que no era odio. Algo mucho más peligroso.
—A mí —terminó en un susurro que retumbó en todo el apartamento.
Nyra no pudo respirar. La tensión entre ellos era tan cargada que Amy tosió incómodamente.
—Esto es... muy incómodo —murmuró.
—Vámonos —dijo Dorian, extendiendo su mano—. Tu padre está en peligro. Si Alistair completa lo que comenzó, será demasiado tarde.
Nyra miró esa mano. Una mano que la había presionado contra la pared, que la había tocado como si fuera su posesión más preciada.
—Si voy contigo —dijo lentamente—, quiero respuestas. Quién eres realmente. Qué soy yo. Por qué mi padre...
—Te daré todo lo que necesites saber —interrumpió Dorian—. Pero después. Primero, lo encontramos.
Amy apretó su mano con fuerza.
—¿De verdad vas a irte con él?
Nyra respiró profundo. Parte de ella quería correr, rechazar todo, regresar a su vida normal. Pero esa parte también estaba muerta. Dorian la había matado la noche anterior, cuando su cuerpo había respondido a él de formas que su mente se negaba a procesar.
Ya estaba dentro de esto. Dentro de él, de alguna manera que no comprendía.
—Voy —dijo, tomando su mano.
El contacto fue como tocar fuego. Dorian la atrajo hacia él suavemente pero con posesión total, pegándola a su costado. Su otro brazo se envolvió alrededor de su cintura, protector y dominante simultáneamente.
—Espera —intervino Diego—. Nyra es...
—De mi clan ahora —completó Dorian, mirando a Diego de una forma que no permitía argumentos—. Si quieren ayudar, pueden venir. Si no, olviden que nos vieron.
El hombre lobo sonrió mostrando sus colmillos.
—Esto será entretenido.
Mientras Dorian la llevaba hacia la ventana, Nyra se dio cuenta de que su vida tal como la conocía había terminado. Que estaba cruzando un umbral del que no podría regresar.
Estaba entrando en un mundo de oscuridad, venganza y deseo prohibido.
Y extrañamente, de una forma aterradora y confusa, era exactamente donde quería estar.