Capítulo 3

2687 Palabras
Abro los ojos reaccionando a lo que está pasando. Me encuentro frente a los ojos verdosos más bonitos que he visto en mi vida. Agitó la cabeza tomando conciencia de lo que está pasando.  —Voy a sacarte del coche, sostente de mi cuello. —dice la voz acentuada.  Mis ojos se adaptan al mundo y a él, sus verdosos parecen estudiarme y me dejo llevar por ellos sonriéndoles. El hombre sonríe por un segundo pero la elimina en seguida desviando la mirada.  ¿Qué está pasando?  —¿Recuerdas lo sucedido? —pregunta en inglés.  Respondo de la misma manera.  —Te arrolle con mi auto. —Hablas ingles. —asiento.  —Nací en Australia. —una arruga aparece en su frente. Como si analizara lo que digo.  ¡Analízame todo lo que quieras!  El hombre con cuidado pasa mis brazos por su cuello, me sostengo de él como lo ha pedido y seguido me saca del coche en brazos. Me confundo con el hecho de que no he tenido que guiarlo hasta mi casa, sino que me ha traído hasta aquí en mis minutos de perdida de conciencia.  —¿Como conoces mi casa? —preguntó.  No me vuelve a ver o hace caso, solo continúa caminando conmigo encima de él. Dejo caer la cabeza sobre su hombro con confianza. Sus brazos me sostienen sin preocupación, a comparación de porte parezco un pequeño saco sobre él.  El cabello húmedo le cae hacia atrás, un corte de pelo con estilo. Por la vestimenta que lleva, pese a que está húmeda, es elegante. Un traje hecho a la medida.  —Deja de mirarme. —espeta molesto.  Niego.  No dice nada más.  Llegamos a la entrada principal de mi casa, toca el timbre y a los segundos abren la puerta.  —¡Dios mío! ¡¿Que ha pasado?! —levantó la cabeza al escuchar a Félix.  —Hola papá. —expresó con un suspiro.  En este momento no tengo ningún tipo de explicación. Lo único que puedo decir es que el hombre que está cargándome es mi amor a primera vista. Está guapísimo.  —¡¿Cariño, que sucede?! —escuchó a Luca.  Me incorporo rápidamente.  ¡Papá está aquí!  —Maldición. Luca. —espeto.  Me muevo sobre el cuerpo del hombre perfecto, presa de los nervios. Va a matarme.  Mi mencionado padre aparece con un gesto serio, que al momento de verme se descompone por uno de preocupación.  —Artemis, mi vida, ¿que ha pasado? —se acerca casi corriendo hasta mi.  Le miro y en segundos, sin poder detenerlo me pongo a llorar.  ¡Soy débil con Luca!  —Papá lo siento, estaba conduciendo y no veía nada, llovía mucho... venia lento y después rápido... —digo entrecortada. —Lo atropelle y no sabía que hacer con su cadaver... después revivió y yo me lastimé el pie. —explicó mirando al hombre que sigue cargándome.  Luca se acerca más para tomarme en brazos.  —Oh, mi amor, ven aquí. —me dice.  Lleva la mirada de mí hasta el hombre que está sosteniéndome pero no dice nada, solo le asiente con la cabeza y se dirige a mi otro papá.  —Cariño ocúpate de él, llevaré a Artemis a su habitación. —abro la boca para decir algo pero Luca me sujeta con fuerza.  El hombre que ahora parece conocer a mis padres me entrega con el cuidado de no golpearme. Luca me sostiene y pero llevo la mirada al hombre que está mirándome fijamente. Sus verdosos parecen estudiarme.  Félix le llama y él le sigue al instante.  ¿Quién es ese hombre?  Mi padre acaricia mi espalda mientras camina conmigo. Me lleva hasta mi habitacion directo al baño.  —Estas toda mojada, Artemis te he dicho que no manejes en la lluvia. —riñe pero no con furia. —Debí de ponerte un chofer hace tiempo. —deposita un beso en mi frente.  —Lo siento papá, me puse nerviosa y aceleré cuando lo vi. En mi defensa no sé qué hacía en medio de la calle, donde yo iba pasando. —mi padre me mira mal.  —¿Quien es? Porque me ha traído hasta aquí sin yo decir palabra. —preguntó pero Luca me ignora.  Papá me ayuda a meterme en la tina, mi cuerpo se estremece por completo sintiendo el agua tibia. Se da la vuelta para tirar la ropa húmeda, y traer las toallas.  —¿Tú estás bien? —pregunta suave.    Se dispone a lavarme el cabello.  —Si, estoy bien. ¿Estás enfadado? —preguntó mirándole por el espejo del baño.  —Si, un poco. —masajea mi cabeza.  —Papá, ¿Conoces al hombre de abajo? —insisto con mis preguntas pero no dice nada. —¿Crees que me demande? Estaba sangrando bastante.  —Tu padre se está encargando, no te preocupes por él. Mi amor lo que me importa es que tú estés bien, como se supone que te deje sola cuando siempre te metes en problemas. —masajea mis sienes.  —Félix me cuida siempre, papá tú también lo haces y ya soy una mujer adulta pero los accidentes pasan. —me encojo de hombros.  Luca solo bufa molesto y enseguida le noto más tenso. Mis padres suelen ser bastante sobreprotectores. Insisto hablándole pero solo se enoja más conmigo. Termina de lavarme el cabello y me dice que regresará pronto, ya que le comento que mi pie duele.    Salgo del baño con cuidado a no resbalar. Me pongo mi bata más grande envolviéndome en ella, sin embargo cuando salgo a la habitación Félix está ahí preparando un cambio de ropa para mi.  —Mi amor con cuidado. —se apresura hasta a mí para tomarme en brazos y llevarme a la cama.  —Papá estoy bien, solo me duele un poco al caminar. —el gesto en el rostro de mi padre se contrae.  —No quisiera que te doliera en lo mínimo. Tu padre está llamando a tu tía en este momento para que venga a revisarte. —me dice con preocupación.  Me parece un tanto exagerado pero no le digo nada, sino es él quien continúa hablando.  —No solo para ti, sino para el hombre que atropellaste. —abro los ojos de par en par.  ¡Lo había olvidado! ¡¿Como es que sigue aquí?!  —¿Todavía sigue aquí? Papá tú sabes quien es, ¿cierto? Luca no quiso decirme nada y eso solo lo hace más sospechoso. —me muerdo el labio.  Félix me mira con una ceja arqueada.  ¡Es verdad lo que digo!  —Es amigo de tu padre, tienes suerte o en este momento estaríamos tratando de sacarte de la estación policial. —lo que dice me sorprende a un más.  ¡¿Amigo de papá?!  ¡Si es un madurito!  —¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Cuantos años tiene? ¿Está casado? ¿Viudo? ¿Divorciado? —preguntó acelerada.  ¡Luca no ha querido decir nada!  —¿No quieres su expediente completo? —escuchó el gruñido de Luca.  Luca camina desde la puerta hasta mi con el gesto serio. Me quedo callada olvidándome de lo que estaba diciendo.  —Tu tía está abajo con él, por suerte ha sido un golpe superficial en la cabeza y unos otros en los brazos. Respondiendo a tus otras preguntas, es mayor que tú y sí, tiene novia. —escuchó mi corazón romperse al momento que escuchó lo que dice.  Solo de imaginarme con ese precioso hombre mi corazón se exalta.  —Quita esa cara que el hombre ni siquiera te conoce, ademas es muy grande para ti.  —Papá para el amor no hay edad, ¿cuantos años tiene? —preguntó moviendo la cejas de arriba abajo.  Luca rueda los ojos. Mi papá es bastante celosito pero me terminará diciendo, lo puedo asegurar.  —Treinta y un años, lo que viene siendo una vida más que tú. Artemis para el amor no hay edad pero él ya es un hombre adulto, maduro y de mente seria. Y tú, mi amor, tú eres tú. —mueve los hombros como si fuera obvio.  —¿Que tengo de malo? ¿Qué? ¿Qué? —me cruzo de hombros. Mis padres se miran y seguido ríen.  —Nada, tú eres perfecta como eres. —dicen riendo. Algo que les quita toda credibilidad.  —Hasta aquí puedo oler su envidia. —me echo en la cama cubriéndome con las sábanas.  —¡Eh! Ven aquí, todavía hay que secar tu cabello. —Félix se apresura a destaparme y después Luca aparece con el secador y cepillo.  Me dejo consentir por mis padres entre bromas que solo a ellos les dan gracia. Me llaman un ser inmaduro que a los veintiún años todavía no termina de crecer y no están refiriéndose a la estatura. No es que sea pequeña pero tampoco me llaman la gigante.  Mi tía Stella, hermana mayor de Luca, aparece en la puerta con gesto contrariado. Cierra la puerta atrás de ella con fuerza. Mis padres y yo la miramos sin entender. Seguido se toca el pecho y se da viento con la mano apresurándose a la cama donde estamos los tres.  —¿De donde han sacado a semejante hombre? —gruñe en un susurro apresurado.  Sonrío escuchando lo que dice.  —Lo atropelle con mi auto, está precioso, ¿cierto? —digo haciendo asentir a mi tía con la cabeza más de cinco veces.  —Lo quiero, lo quiero y lo quiero. —dice mi tía y yo niego.  —No, yo lo atropellé, es mío.  Mi tía hace una mueca cruzándose de brazos.  —Yo cure las heridas que causaste en esa carita perfecta. —espeta como si fuera la gran cosa.  ¡Protegeré a mi hombre!  —Bien dicen que el amor llega de golpe, así que yo llegue a su vida de golpe. Es mío. —me auto señaló con el pulgar.  —Ha. Como si eso fuera verdad, lo quiero y yo si estoy en la edad. —entrecierro los ojos.  —¡Basta! Tú estás casada y tú castigada, él tiene novia ya se los he dicho así que no se pongan como quinceañeras las dos o me enfadaré, y no me quieren ver enfadado. —Luca gruñe levantándose de la cama. —Revisa a mi hija y fuera. —dice gruñendo antes de salir de mi habitacion.  Una cosa bastante clara es que Luca puede perder la paciencia bastante rápido.  —Ay no, cuñado no se como lo aguantas. Es un pesado. —pasa de largo a mi papá y se sienta a mi lado.  —Es perfecto para mi. —dice Felix con una sonrisita sincera.  ¡Me sigue encantando el amor de mis padres!  —Ahora a chequear a mi preciosa sobrinita. —dice acercándose a mi.  Sujeta mi pie suavemente pero aún así me quejo. Me revisa lo largo del pie masajeándolo, nos informa que es solo una esguince leve y que no necesita venda. Me da unos painkillers y aparentemente mañana ya estaré mejor. Mi tía pregunta lo sucedido a detalle y se lo cuento todo; ambas cotillamos sobre el hombre de ojos verdes y estamos de acuerdo en que es una creación divina de Dios.  —Es muy callado, estoy segura que no es alemán porque tiene un acento pronunciado. He tratado de hacerle conversación pero solo asentía o negaba, j***r, pero el hombre no ha hecho gesto alguno cuando limpié sus heridas. —me cuenta con cierta admiración. —Pero si, los ojazos que se carga y ese cabello rubio oscuro es de lo más sexy, creo que es el doble de guapo que tu tío Mark. Agh, me quiero divorciar. —baja la cabeza negando.  —¡Tía! —le riñó divertida.  ¡El tío Mark es asombroso! Además, Aremmi estaría destrozada si sus padres se divorciaran por algo tan trivial.  Despedida por Luca, mi tía se va no sin antes informar que pasará checando otra vez al desconocido de ojos verdes. —Tu padre quiere hablar contigo después de cenar. —dirijo la mirada hasta Felix.  Mi padre me mira con los brazos cruzados. Por su mirada se que es todo pero bueno jamás, seguramente Luca me quitará el coche y esta vez no tendré más remedio que aceptarlo. Estaré castigada de por vida si sigo con esta vida.  Félix se queda conmigo un largo rato, hablamos de cualquier cosa y también me recuerda que debo de ser cuidadosa. Me dice que ellos quieren protegerme de todo lo que pueda lastimarme pero tengo que escucharlos y ser obediente.  Llegada la hora de cenar, estoy levemente entusiasmada. Félix no me deja caminar, cargándome desde mi habitación hasta el comedor donde sorpresivamente Luca y el desconocido perfecto están hablando en inglés de una forma bastante amena. Puedo ver como el dueño de esos ojos verdes sonríe levemente.  ¡¿Quién eres y por qué no te conocí antes?!  Mi presencia se hace notar en el lugar y ambos me vuelven a ver. Félix me deja sobre una silla y por un segundo me siento demasiado consentida. Eso debido al rostro inexpresivo que me ofrece el hombre al otro lado de la mesa.  Ahora puedo ver como lleva unas banditas en la frente y otra en el cuello. No recuerdo haber visto herido su cuello, aunque claro lo compensa el hecho de estar casi comiéndome su rostro con la mirada.  —Mi amor, quiero presentarte, ya que su primer encuentro ha sido bastante desastroso, espero que puedas disculparte como se debe. —me dice Luca y yo asiento como niña pequeña.  —Artemis Schaffer-Pfeiffer. —me presento estirando la mano.  El hombre se mantiene serio pero la acepta, su mano sujeta la mía con fuerza y firmeza. El tacto me causa una sensación divertida por lo tanto le sonrío, sin embargo el no cambia el gesto. Con una voz grave responde:  —Damascus Priest.  Ningún gesto, solo su nombre saliendo de su boca como un torbellino que va a parar a mi corazón. Suelta mi mano y yo suspiro.  —Me enamore de ti. —balbuceó en voz alta.  —Artemis. —advierte Luca y yo resoplo.  ¡Artemis piensa en frío!  —Damascus es inglés pero habla muy bien el alemán, piensa pasar una breve temporada en Alemania por lo tanto estaremos viéndolo bastante seguido. —dice Luca y yo estoy más que feliz.  Si, tiene novia pero no tiene nada de malo que me de mi aperitivo observándolo.  —¿En que hotel estás hospedado? —preguntó. Luca sonríe de lado.  El hombre me mira y creo que esta abalizándome otra vez, no obstante responde a mi pregunta de forma corta.  —En el Brunnenhof. —responde corto.  Una idea magnífica se me viene a la mente.  —¡Tengo una idea! ¡¿Por que no te quedas aquí en casa?! Tenemos varias habitaciones y estarás más cómodo, tres comidas al día, piscina, gimnasio y mi presencia. Todo incluido. —le muestro los dedos de amor y paz.  Pienso que Luca se opondrá pero le hace el mismo ofrecimiento.  —¿Que opinas? Mi esposo no tiene problema, ¿cierto, cariño? —Félix asiente con una sonrisa.  No me convence. Félix parece levemente disgustado, pero quizás son solo mis suposiciones.  —Sí, me gustaría quedarme. —dice Damascus Priest que parece estudiar la situación. —Mañana por la mañana traeré mis cosas, si no hay problema.  ¿Quien le dio esa voz? ¿Quien?  Damascus…  ¡Un nombre bonito, para un hombre bonito!  —No hay problema, mañana estaré en la universidad pero puedes acomodarte como tú quieras. —le digo, el solo asiente.  —Si no les molesta me gustaría ir a descansar. —se pone de pie y Luca hace lo mismo.  —Te acompañó. —le ofrece y el hombre vuelve a asentir.  Apoyo un codo en la mesa y me dejo caer observando cómo sale del comedor ignorándome. Es perfecto. Es un hombre perfecto.
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