Capítulo 4

2314 Palabras
Me acerco a la ventana para ver cómo el ahora nombrado Damascus Priest se despide de Luca. Tal como había pensado desde el inicio, comparten estatura solo que el señor Priest es un poco más musculoso que mi padre y tiene una postura más rígida, si pudiera compararlo diría que con un militar.  No sé qué se dicen pero el señor Priest solo asiente y Luca sonríe. Damascus no sonríe, creo que tiene un problema con eso por lo menos a mi no me ha sonreído ni una sola vez.  ¡Será por que casi lo matas, Artemis! Niego ante mi propia mala consciencia.  Comparten un par de palabras más que desearía poder escuchar, finalmente se estrechan las manos y el señor Priest se sube a la camioneta que a lo segundos se pone en marcha.  El tipo es bastante sexy, no se puede negar.  —¡Ven aquí, mequetrefe! —suelto un gritillo cuando mi papá se acerca.  —¡Papi no! —ríe al instante.  Félix se aproxima a mi para quitarme de ahí, mis dos papás son increíblemente fuertes así que pueden moverme como trapo cada vez que quieran. Con cuidado y cariño me lleva por todo el pasillo hasta la sala donde compartimos "charlas familiares", solo es el salón del engaño para reñirme por cualquier cosa.  Me deja en el sillón, me acomodo acostándome sobre sus piernas y acaricia mi cabello. Si hay algo que me gusta es que mis padres jueguen con mi cabello, creo que son los únicos que he dejado acariciar mi precioso y bonito cabello.  Una mujer no se cuida para los demás, sino para sí misma. La belleza completa lo demás.  —¿Felix? ¿Artemis? —es Luca quien nos llama.  —¡Salón familiar! —responde mi papá.  Luca aparece a los segundos, nos mira con una sonrisa y creo verle suspirar con una extraña expresión. Félix le ofrece su mano y papá sin dudarlo la toma, se la lleva a los labios dejando un beso.  —¿Todo bien? —pregunta Felix.  Luca asiente con una media sonrisa.  A ver... ¿Qué se traen ambos?  ¿Es por lo del accidente? ¿Les he roto el corazón de esa manera?  —Cometí un error, no debí acelerar y casi matar a tu amigo papá, pero me disculpo y mañana me disculpare con él. —Luca me mira con una ceja arqueada. —No estés enojado por eso, ¿El señor Priest te ha pedido algo? ¿Dinero? ¿A mi? ¡Me ofrezco!  —insisto.  Luca entrecierra los ojos cuando escucha lo último. Me advierte con él dedo que me matará y simultáneamente se me quitan las ganas de hablar.  —Tenemos que hablar de algo importante, pero primero, tienes razón y hablaremos de ese accidente. —me pongo un candado imaginario en los labios.  Luca se sienta a nuestro lado, levanta mis piernas y las acomoda sobre las suyas. Me le quedo viendo, analizando cada parte de él. Un hombre cuarentón, alto, con mirada firme. Pese a Luca no es mi padre biológico, tenemos en común muchas cosas, nuestro color de ojos, cabello y color de piel es muy parecida. No es tan guapo como yo, pero definitivamente nos parecemos, de no ser porque pase mis primeros cinco años de vida a cargo del sistema de protección para menores en Sydney, podría pensar que es mi papá biológico.  —Luca, ¿Eres mi papá biológico? —preguntó de la nada.  Mi padre arquea una ceja.  —Mi amor, has hecho esa pregunta tantas veces y la respuesta siempre será la misma. —llevo la mirada a Félix y asiento.  —Además, no necesitamos ser tus padres biológicos para amarte como te amamos y muchísimo más. —asiento escuchando a Luca.  —No es que no los ame, pero me parece divertido como te pareces a mi. —Luca se ríe negando.  —Artemis, nací primero, tú te pareces a mi. —niego. Mi padre pone la mano sobre mi vientre y seguido por mi costado.  ¡No!  —¡No, espera! ¡Papá! —gruñó antes de que comience su ataque.  Luca sin importarle nada, comienza a hacerme cosquillas y termino revolviéndome como culebra entre ambos. Mis padres se ríen conmigo a pesar del sufrimiento que siento.  —¡Papá mi pie! —gritó.  No es que me siga doliendo tanto pero es una buena excusa porque inmediatamente me sueltan. Luca se ríe pero termina acariciando mi pie, trato de recuperar el aire, mis padres me recuerdan lo inútil que soy físicamente.  —Les miró, los analizó y los toleró. —Luca rueda los ojos.  Me muevo en el sillón quedando sentada entre ambos. Los dos me miran con cautela pero no, está vez no pienso hacer nada sino resentirme con ellos.  —No les hablo.  El cuerpo de ambos me aprieta de cada lado y solo les veo con desconfianza. Félix sujeta una de mis manos y Luca acaricia mi cabeza. La atmósfera cambia repentinamente.  —Artemis. —dice Luca.  Le miro con una ceja arqueada.  —¿Por qué están tensos? Papá tú pareces nervioso. —apuntó a Félix quien suspira.  —Mi amor no es nada grave, tu padre quiere decirte algo. —llevo la mirada a Luca.  Espero pacientemente a que diga lo que quiere pero este parece pensarlo.  —Sabes muy bien que ahora soy presidente del Bundestag, ¿cierto? —asiento. —Vivir en Múnich es un poco tedioso a la hora de viajar, así que he planeado mudarnos a Berlín, ¿Qué piensas? —frunzo el celó confundida.  ¿Mudarnos a Berlín?  —Sabemos que terminarás el semestre en un mes, por lo tanto puedes transferirte después a la universidad de Berlín. —escuchándolo, mi gesto se vuelve más y más serio.  —¿Mudarnos? ¿Ahora? ¿Y tu trabajo papá? —le hablo a Félix.  Papá me sonríe.  —Tengo un edificio en Berlín que utilizaré para instalarme. No hay problema, pero queremos saber qué piensas tú, si te sentirías cómoda dejando Múnich. Hemos vivido aquí desde que estás con nosotros, no queremos tomar una decisión sin saber lo que piensas al respecto. —acaricia mi mano con delicadeza.  No sabría que decir al respecto.  —No lo sé papá, si es algo que necesitas hacer voy a apoyarte. No me gustará dejar a mis amigos y la universidad aquí pero quiero hacer lo que tú pidas. —digo sincera.  Luca sonríe agradecido. Normalmente los padres sólo tomarían la decisión pero mis padres no son así, me gusta Múnich pero también me gusta estar con mi familia.  Mis padres me dicen que comprar una casa enorme donde podamos acomodarnos perfectamente los tres, que se encargarán de mi universidad y otros asuntos. Les digo que está bien lo que ellos pidan, que no pondré objeción alguna, sin embargo pareciera que eso no es lo único que quieren decirme.  —Mi amor, también hay otra cosa mucho más importante que queremos discutir contigo. —ahora Luca pone un gesto más serio.  ¿Molesto?  Vale. Hoy es día de asuntos importantes.  —¿Que sucede?  —Tu padre y yo tenemos que viajar por un tiempo, cuatro a seis semanas que pueden prolongarse. —continúa diciendo.  El corazón casi se me sale cuando escucho lo que me dice.  ¡¿Viajar por seis semanas?!  Vuelvo la mirada a Félix, como en un juego de Ping Pong paso de un papá al otro. Los dos me miran con cautela, hasta puedo decir que con preocupación.  ¡Pues claro, efectivamente soy una hija inútil que no encontrará el camino sin sus padres!  —¿Como que estarán de viaje? ¿Seis semanas? —preguntó totalmente descompuesta. —Papá soy un ser inútil incapaz de resolver problemas por si sola, soy inmadura y aunque tengo veintiún años no tengo idea alguna de lo que es la vida, y eso es culpa de ustedes por consentirme, claro que eso no los hace malos padres pero no... ¡¿Como voy a respirar?!  ¿Por qué me dicen esto ahora?  Luca me mira y con ambas manos me toma del rostro. Me mira a los ojos, su intenso azul se encuentra con el mío.  —Tienes que respirar por la nariz, siempre, ¿recuerdas? —apretuja mis mejillas y yo asiento.  Félix me abraza acercándose más, los tres terminamos en un abrazo.  —Mi amor ya no eres una niña, confiamos en que esta separación te ayudará a crecer y comprender que si un día faltamos, podrás continuar y ser la mujer que quieres ser. —al escucharlo vuelvo a ver a Luca con los ojos llorosos.  —Oh, papá, ¿cuánto tiempo te queda? No hay vida después de ti. —apoyó mi cabeza y Luca termina empujándome con un dedo.  —No estoy muriendo, pero parece que tú si quieres morir. —espeta, me recompongo de inmediato.  —Papá la muerte solo es una puerta para la vida eterna. —Luca gruñe apretándome en un "abrazo". —respiro profundo.  ¿De verdad soy tan inmadura que mis padres tienen que viajar para darme una lección? Niego con la cabeza, les miro nuevamente y resoplo ante la mirada de ambos.  —Luca sé que viajas constantemente pero es diferente a que los dos no estén y me abandonen. —expresó mi sentir.  —Artemis no estamos abandonándote, no te haríamos algo así y lo sabes, eres nuestra hija. Esta bien es importante que nos obedezcas, nuestra ausencia será física, nos mantendremos en contacto contigo todo el tiempo.  —Pero Félix, son seis semanas y no quiero, yo no me he separado de ustedes nunca... Luca... —gruñó.  —Mi amor estarás bien, serán solo unos días, a nosotros nos da el mismo pesar que a ti separarnos pero es un asunto importante, tengo que acompañar a tu padre porque es mi deber como su esposo. —Félix besa mi frente.  —Te amamos mi amor, no te abandonaríamos aunque no madures y siempre nos desobedezcas, solo tienes que esperarnos. —acaricia mi frente.  —¿Y qué se supone que haré en esta casa yo sola por cuatro semanas? —me cruzo de brazos. Bueno, ideas me pueden llegar… si me regresan mis entradas financieras.  Mi padres se echan una miradita. Luca toca mi pierna y como si hubiese escuchado mis pensamientos, suelta:  —Ni lo pienses. He hablado con Damascus y se quedará en nuestra casa cuidando de ti, tu alimentación, tu comportamiento, tu salud y tus relaciones. —frunzo el ceño confundida.  Llevo la mirada hacia Felix, quien a pesar de querer mostrar una sonrisa no parece nada convincente.  ¿Qué acaban de decir?  —¿Quieres dejarme con un extraño por seis semanas? —preguntó corroborando.  Aunque el señor Priest… uff…  Félix y Luca asienten, sin embargo Luca parece más tranquilo.  —Perfecto, me dejarán con un extraño quien será mi "responsable" por así decirlo, esto será como en esas historias románticas donde le ponen un niñero guapo, la chica es rebelde, el niñero se comienza a enamorar poco a poco pero no quiere decirlo porque ella es menor; pero al final se enamoran y tienen hijos, ah y su amor es prohibido porque sus padres no están de acuerdo. ¿Es ese tipo de situación? —preguntó analizando cada posible evento.  —¿Qué? —dicen al unísono.  —¡Ah! Entiendo, es de esas historias donde el es mi tutor privado, pero tenemos que ocultar nuestra relación del mundo porque nos separarían por la diferencia de edad, él será un macho arrogante y yo seré débil ante él, me despreciará pero se dará cuenta que soy su verdadero solecito y que nos merecemos. —mis padres hacen una mueca.  —¿Qué clase de cosas pasas viendo en internet? —gruñe un incrédulo Luca.  —Papá actualízate, ese es el romance sexy de ahora. Claro, también puedo ser su secretaria y tener un amor prohibido, o casarme con él por contrato para que le den su herencia. Hay muchas posibilidades, papá es el siglo XXI, esas cosas pasan. —digo con obviedad.  —Entonces, mi amor, no te hagas ilusiones porque Damascus y solo estará aquí observándote nada más, tú eres responsable de ti misma. —hago una mueca.  —No van a separarnos. —advierto.  Luca se acaricia la sien.  —Mi amor yo te amo pero de verdad que estás loca. Ya he hablado con Damascus y le he advertido que si estás acosandolo puede tomarse la libertad de llamar al 110. —abro la boca totalmente indignada y sorprendida. El 110 es el número de emergencias aquí en Alemania.  —¡Papá! El señor Priest pensará que soy una loca. —gruñó.  Luca se echa para atrás moviendo los brazos de un lado a otro.  —Tu misma lo has dicho, mi amor, siglo XXI, un hombre puede denunciar si se siente acosado. Y te repito, soy tu padre, los padres sabemos la clase de hijos que tenemos y qué consecuencias pueden ocasionar si no les corregimos.  Esa explicación no tiene ni él menor sentido. Mis padres me explican que será un viaje largo pero prometen compensarme el tiempo. Me indican las razones por las que el señor Priest se quedará aquí, que han hablado de eso y él ha aceptado, me parece extraño que un hombre como él aceptara cuidarme pero no me centro mucho en ello, se lo preguntaré cuando logre conocerlo bien. No interferirá personalmente con mis asuntos pero si me ayudará en caso yo le necesite.  Me interesó por él pero mis padres no me dicen mucho, sé nombre, me dicen que es un hombre de negocios pero no me dicen de que trabaja. El hombre parece todo un misterio.  Damascus Priest… ¿Qué tanto podré conocerte? 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR