—Nos hemos comportado como críos —dijo don Marcelo cuando estuvo completamente seguro de que nadie le podría oír—, tus ideas… Mis comentarios… —¡Nos hemos comportado como hombres! —replicó Pedro sin dejar lugar a dudas—. Vuestra merced, además, ha sido generoso conmigo. En los tiempos que corren os sería muy fácil acusarme de apostasía y reducirme a cenizas. —Si Dios nos creó, solo Él tiene autoridad para juzgarnos. Además, nada de lo que digamos llegará a oídos de nadie. Fuera de nuestro recogimiento no hay discrepancias ni dudas, todo discurre de acuerdo con lo establecido. —No me considero digno de tanta consideración. Durante los últimos días mi cabeza es un bullir permanente de porqués que me alejan de Dios y de Cristo, o, por lo menos, del Dios Padre cristiano y del Cristo Redento

