Quedó Tenzin tan obnubilado con estas vagas explicaciones que al final no fue capaz de hacer ni componer razón a derechas, sino que confirmó para sí su falta de entendimiento y claridad en los misteriosos caminos que pretendía recorrer. Pasó las siguientes horas enfermo de desorientación y la noche aturdido e inquieto como nunca. Se preocupó por él, por su equilibrio y por su aparente falta de cordura. Ya no solo era que le costase alcanzar el Om, sino que no podía incluso pensar con claridad. Dio vueltas a izquierdas y derechas tumbado sobre su precario lecho. Se incorporó varias veces para estirar los huesos y acomodar los músculos, se rascó el cuero de la cabeza con delicadeza y parsimonia, inspiró con profundidad para cargar la sangre del oxígeno necesario para la tranquilidad del cuer

