Capitulo 29

1410 Palabras

Lentamente, sobre mi sensación de yacer enfermo en el lecho, en una habitación húmeda, cayó el velo oscuro del cielo. Sobre él se extendían hasta el infinito las estrellas, espléndidas y refulgentes sobre las brillantes torres de la ciudad de cristal, y en ese duermevela, intensificado por unos serenos y maravillosos delirios, las estrellas cantaron para mi. Cada estrella, desde la posición que ocupaba en la constelación y en el vacío, emitía un precioso sonido rutilante, como si en el interior de cada espléndida órbita sonaran unos acordes que, mediante los brillantes movimientos de los astros, se transmitieran a través de todo el universo. Jamás había oído unos sonidos semejantes. Ni el más descreído habría permanecido indiferente a esta música etérea y translúcida, esta armoní

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