Pecas

3978 Palabras
— No se vayan a molestar, la verdad es que yo no quería que fuera así, pero Adrian insistió… Me aseguró que se lo va a decir a sus papás, pero no cree que cambien de opinión…. Y es que como sus papás son chapados a la antigua no van a aceptar nuestra propuesta, por eso … Observó el terror en el rostro de sus papás y decidió no darle más vueltas diciendo de corrido — Los papás de Adrian van a querer pedir mi mano, ¿Estarían ustedes de acuerdo? Sus papás permanecieron en total silencio, incrédulos de que lo hubieran logrado, Jennifer confundió su incredulidad con temor y decidió aclarar las cosas agregando — Claro que la idea es casarnos después de que yo cumpla los 18 para evitarles el asunto del permiso paterno y todo eso. Así que pretendemos llenar la solicitud de matrimonio cuando ya tenga los 18 que es en dos meses y posiblemente nos casemos en tres o cuatro meses ¿Qué piensan? — Que está bien — Fue la única respuesta Al salir de la recámara Jennifer se rio pensando que la cara de sus papás había sido de terror, ya que seguramente los había hecho creer que estaba embarazada y cuando salieron de dudas habían quedado tan sorprendidos que solo pudieron decir “Está bien” Al día siguiente durante el desayuno, su papá, con toda mala intención, le comentó — El asunto de la petición de mano viene de los romanos. El pedir la mano, significaba pedirle al padre de la chica que le transmitiera la potestad, es decir la autoridad que como padre tenía sobre su hija y se legalizaba en una ceremonia llamada “esponsales” donde la mujer quedaba legalmente bajo la potestad exclusiva del esposo. En resumen, pasaba del yugo del padre al yugo del marido Jennifer lo escuchaba sin darle la menor importancia a lo que decía y él al notar que el feminismo de su hija no explotaba ante su explicación, terminó su idea diciendo — Los novios solían intercambiar regalos, de ahí lo del anillo de compromiso. En la actualidad es un pretexto para que se conozcan las dos familias o de plano ya no hay pedida de mano, el novio da el anillo de compromiso y punto. En su caso los papás de Adrian quieren que su compromiso se formalice frente a las dos familias… ¿Qué prefieres, una fiesta, una cena elegante, a quien invitamos o que quisieras que hiciéramos ese día? — Yo de eso no sé nada, será como ustedes y los papás de Adrian decidan — Le voy a Hablar a Adrian Carlos para ponernos de acuerdo Su papá se puso de pie, se acercó a Jennifer por detrás de su silla, la besó en la cabeza y dijo — Te felicito hijita, de verdad no sabes el gusto que me da Formalizada su relación Adrian la presentaba como su prometida lo que hacía que Jennifer se sintiera ensoberbecida por la envidia que despertaba dentro del círculo social de Adrian al saberse la elegida por el “soltero más codiciado” Tanta envidia le tenían algunas, que un día Mónica, la ex novia de Adrian “la enfrentó” diciéndole “¡Eres una puta de mierda niñita! Lo atrapaste abriéndole las piernas, pero cuando se aburra de ti, regresará conmigo” Jennifer se rio burlonamente y le respondió “¿Contigo? No lo creo, no olvides que cuando tú se las abriste terminó masturbándose, le gustó más su mano que tu v****a” Y se retiró disfrutando la rabia de Mónica Sin embargo, por las noches en la soledad de su recámara mientras observaba el hermoso diamante solitario de su anillo de compromiso las dudas la atormentaban. Aún no cumplía los 18 años y ya se había comprometido en matrimonio con “un amigo” que le era prácticamente desconocido y quien, a su modo de ver, le había pedido matrimonio tan solo para tener sexo libremente y ella había aceptado, no solo por la misma razón, sino también deslumbrada por la vida de lujos que le esperaban. Tal vez por eso había noches en que no conciliaba el sueño pensando en lo que pasaría cuando el sexo entre ellos se hiciera costumbre ya que es bien sabido que la costumbre es traicionera, mata la ilusión, lleva al hastío y posiblemente su aventura s****l terminaría en un pleito entre abogados y con ello la quiebra del negocio de su padre. Se había dejado llevar por el interés de una vida de lujos y por la ilusión de “buscar a Willy” y a pesar de que el sexo entre ellos se había repetido, no pasaba de ser solo pasión, lujuria y placer. Un día platicando con su mamá sobre su deseo de seguir estudiando, ella en tono enfático le dijo — Si eso decidieron, debes cuidarte para no embarazarte — Que se cuide él — Respondió llevada por su falso orgullo feminista — ¿Y cómo?... ¿Le vas a pedir que se haga la vasectomía y quede estéril? — Debe haber otra forma — Usando condón, pero eso te privaría de mucho — ¿De qué? — De sentirte mujer cuando él …. — Su mamá no terminó la frase y Jennifer preguntó — ¿Cuándo él qué? — Su mamá la miró dudando en que responder y solo le dijo — Ni creas que voy a entrar en tu juego…. Bien que sabes de lo que hablo — ¿Qué juego? — ¡Por favor Jennifer!, Te conozco desde que naciste hija. Primero es “el que” y después viene “el cómo”. Así que ni empieces que no te pienso responder Días después fueron juntas a ver a una ginecóloga amiga de su mamá, donde Jennifer sintió que la doctora y su mamá se habían puesto de acuerdo “en algo” que no alcanzaba a descubrir. Sus sospechas habían comenzado cuando la doctora utilizando un modelo desarmable de un pubis femenino iba retirando las partes y le explicaba lo que había debajo de la piel; Los músculos, su función y los órganos sexuales haciendo hincapié en la manera en que reaccionaban ante la excitación y el orgasmo, sin pasar por alto los puntos más sensibles al placer, incluida una explicación y localización de las zonas erógenas de todo su cuerpo. Al pasar a la sala de exploración y estando a solas con la doctora en la mesa ginecológica, a pregunta expresa de la galena, Jennifer respondió que ya no era virgen y que habían usado condón. La ginecóloga se puso un guante y le metió el dedo índice en la v****a pidiéndole que apretara para después decir “Haz a diario los ejercicios de Kegel para fortalecer los músculos de tu piso pélvico, eso los llevará a tener orgasmos más intensos y al tener relaciones más placenteras se sentirán más unidos” Jennifer solo afirmó con la cabeza, sin embargo, no pudo evitar preguntarse mentalmente “¿Para estar más unidos? Si se supone que lo que une es el amor y el sexo es solo una consecuencia ¿Entonces?” Se vistió desconcertada y ya vestida, sentada junto a su mamá frente al escritorio de la doctora ella le preguntó ¿Planearon su boda de acuerdo a tu periodo o necesitas que lo programemos?” Jennifer la miró y respondió — No entiendo — Fue su mamá quien le explicó — La doctora quiere saber si adelanta tu menstruación para que no se presente en tu luna de miel. Al quedar en silencio por no saber que responder la doctora en tono de picardía le dijo — Platícalo con tu novio, te aseguro que él estará feliz de que tú pongas la fecha de la boda Y le explicó como elegir la mejor fecha de acuerdo a su ciclo menstrual para poder tener una luna de miel “sin sobresaltos” Mientras regresaban a casa en el auto, “la terca realidad” se enfrentó otra vez a sus románticas ideas cuando su madre preguntó — ¿Estás muy enamorada? — No estoy enamorada — ¿Y cómo lo sabes? — ¡Porque eso se siente aquí! — Respondió poniendo su mano sobre su pecho — ¿Y por qué te casas hija? — Jennifer observó a su mamá, se rio y respondió — Tampoco estoy embarazada mamá… Me caso por interés, porque me conviene y ni te espantes que ustedes así lo querían... Por otro lado, si tú insistes en que de la vista nace el amor y Lisa me asegura que del sexo nace el amor. Nada pierdo con intentarlo, si no funciona, me divorcio y asunto arreglado — Y si después de divorciarte te enamoras de alguien ¿Qué le vas a decir? — ¿Qué le voy a decir, de qué? — Sobre haber sido de otro — ¡Por favor mamá! Eso habrá sido en tu época. Ahora el tener sexo con alguien, no nos deja una mancha imborrable, ni nos convierte en su propiedad, no somos de él, ni de nadie ¿O qué? ¿Nos acostamos con alguien para ser suya? ¡Para nada! Nos acostamos porque queremos disfrutar del sexo y porque nos da la gana hacerlo. Su mamá permaneció en silencio y buscando evitar que hiciera la lógica pregunta ella decidió responderla de manera indirecta diciendo — La mujer que en la actualidad se casa virgen pertenece a una especie en extinción… Los hombres ya no le dan importancia a eso, por fortuna la virginidad dejó de ser el valor supremo y único de la mujer, hoy ya nos valoran y pretenden como mujeres a quien amar y no como v*****s por estrenar. — Tenemos que hablar hijita Jennifer torció la boca en espera de un maternal sermón acompañado del reproche por su indirecta confesión sobre no ser virgen, sin embargo, quedó admirada cuando su mamá comenzó diciendo — Lisa tiene razón. El sexo es el motor de un buen matrimonio y debe mantenerse activo. Así que nunca pienses que por mantenerte bella y deseable para tu marido te conviertes en un objeto para su placer ¡Al contrario! Se consciente de tú belleza y disfruta tu sexualidad. Nunca actúes con pudor o prejuicios frente a tú marido, ya que, si él hombre vive deseando el cuerpo de la mujer, a la mujer le encanta sentirse deseada, por eso debes de ser muy sensual con Adrian para que enloquezca por ti y se disfruten como pareja. A excepción de la violencia y la humillación nada está prohibido en el sexo y escucha muy bien lo que te voy a decir ¡Nunca! ¡Y nunca es nunca! Te niegues a hacerlo por enojo o venganza, ya que los problemas de pareja se resuelven en la cama como por arte de magia. Así que lo mejor es que borres de tu mente aquello de hacerle “Huelga de pernas cruzadas” Jennifer estaba desconcertada, ya que no imaginó que su mamá le dijera que la relación matrimonial giraba alrededor de lo s****l a grado de afirmar que era el sexo y no el amor, el “motor” en la relación de pareja, al llegar a casa y antes de bajar del auto su madre agregó. — Un consejo más hija. No seas de las que usan el sexo para conseguir algo más allá del placer y la unión entre ustedes ¡Eso es una bajeza! … Pedir algo a cambio de tu cuerpo sería prostituirte y si lo pides mientras lo están haciendo o después de hacerlo sería una perversidad, ya que estarías menospreciando el gran regalo que Dios nos dio. En la cama deben fluir los sentimientos de uno hacia el otro, deseo, pasión, placer, cariño y algunas veces lo harán solo por amor… Disfruta de tu sexualidad sin prostituirte y sin perversidad… En esta vida, uno recibe, lo que da…Y nada más Jennifer la observó fijamente, entendiendo el porqué, su madre, le había insistido en que Adrian “le convenía” que no se preocupara por nada, que si se gustaban con el tiempo terminarían enamorados. En silencio se bajó del auto y al subir a su recámara se sentó sobre su cama pensando “Si a la que pide algo a cambio se le cataloga como puta ¿A la que como yo usa su cuerpo para conseguirlo todo? ¿Cómo se me cataloga? ¿De putísima?” A pesar de sus dudas y temores, gracias a las relaciones que tenía el papá de Adrian se pudieron acelerar los trámites y dos semanas después de haber cumplido sus 18 años se casó. La boda fue a medio día en una ceremonia y recepción muy lujosa, con muchos invitados, ya por la noche cuando se retiraron de la fiesta a pasar la noche de bodas en su nueva casa (Regalo de sus suegros) Jennifer guardó su vestido de novia y al terminar de desnudarse, observó a Adrian desnudo boca arriba en la cama con el m*****o erecto latiendo en deseos, ella sonrió preguntando — ¿Por qué traes la espada desenvainada? — Adrian se rio y respondió — Porqué tú tienes la funda — ¿Y la quieres envainar? — Preguntó con voz sensual y Adrian respondió — ¡Hasta la empuñadura! A diferencia de lo que ella pensaba sobre el respeto en la cama, la vulgaridad al hablar le excitaba, por ello en una actitud por demás sensual sonrió y comenzó a acariciar sus pechos bajando por su vientre, su cintura y sus nalgas, se acercó a la orilla de la cama, le tomó la mano a Adrian para poner sus dedos sobre la piel de su pubis oprimiendo con ellos la zona donde la noche anterior había vuelto a afeitar su vello púbico y mientras que Adrian la miraba excitado ella recordando lo enseñado por la ginecóloga preguntó — ¿Sientes lo que hay debajo de mi piel? El negó con la cabeza, Jennifer le tomó los dedos de la mano para ponerlos arriba de sus labios vaginales y resbalándolos sobre su piel los fue subiendo lentamente diciendo con voz ardiente — Aquí está la funda de tu espada — Movió sus dedos hacia los lados y dijo— Aquí están mis ovarios, aquí, en medio de ellos está mi útero y debajo del útero, justo donde termina mi ardiente funda, tengo mi depósito de semen — Y en tono de decepción agregó — Pero está vacío… Adrian la jaló de la mano para que Jennifer se acostara sobre de él, la besó en la boca y después le dijo “Lo voy a llenar hasta que se desborde” dando inicio a la pasión ¡Y de qué forma lo hicieron! En medio de palabras cargadas de excitante vulgaridad y deseo, la besó y lamió en cada milímetro de su blanca piel, se besaron y acariciaron hasta que la mezcla de sus salivas humedeció sus rostros, después Adrian la besó y lamió sobre la piel de su pubis recorriendo el mismo camino que ella le había marcado y con su boca casi pegada a la piel le dijo “Yo me voy a encargar de rellenar a diario este delicioso depósito. Pero antes de envainar mi espada necesito lubricar la entrada de su funda” Y le “devoró” el sexo con pasión hasta llevarla al orgasmo. Cuando Adrian se arrodilló entre sus piernas, ella lo miró diciendo “Nuestra primera vez sin condón”, él respondió “Algo especial para nuestra noche de bodas” y se montó sobre de ella para penetrarla muy despacio como si quisiera sentir y hacerla sentir el contacto de su glande con los pliegues de la v****a y entre besos ardientes con los que él ahogaba los gemidos y suspiros de su mujer la llevó al punto en que sus piernas comenzaron a temblar, Jennifer, siguiendo el consejo de su amiga, retuvo su orgasmo apretando su v****a hasta que ya no pudo más y lo dejó venir, en ese momento no pudo evitar soltar un grito con el que dio inicio un intenso y largo orgasmo que la dejó sin fuerzas para moverse. Agotada de placer y sintiendo la humedad del sudor sobre su piel, abrió los ojos y en ese momento Adrian, quien la había estado observando le dijo — ¡Me encanta ver cómo te vienes! …. ¡Qué lindo coges! La besó varias veces mientras ella se reponía de su orgasmo y después continuó con sus movimientos, poco tiempo después apoyó sus manos sobre la sábana con los brazos estirados y empujó su pene con fuerza, Jennifer lo detuvo poniéndole las manos en la cadera, pero él, “presa irracional” de la lujuria le reclamó diciendo “¿Qué? ¿No me la vas a aguantar?” ¡Que poco la conocía! Ya que al sentirse retada respondió “¡Se la aguanto a cualquiera!” quitó las manos de la cadera de Adrian quien sonrió y lo empujó hasta que sus testículos se pegaron a la piel de Jennifer muy cerca de su ano y su glande se oprimió contra el fondo de la v****a. Jennifer inspiró con fuerza y abrió muy grande sus ojos al sentir que le empujaban las entrañas, sin embargo, su orgullo la hizo soportar la molestia y decir — ¡Qué rica está!, y que bien la enfundas — Para “llenar tus vacíos” ¡Que buena estás carajo!... Eres mujer para cualquier hombre La excitación de Adrian la hizo sonreír y perversamente buscó retar su presunción de ser “open mind” por eso le respondió — ¡Claro que lo soy! Me gusta que me usen, que me disfruten, me gusta sentir la v***a dentro de mi carne entrando y saliendo desesperadamente hasta dejar su tributo en mi depósito…. ¡Ya hazlo Adrian! ¡Ya rinde tu tributo y lléname! …. Mi útero necesita semen Jennifer imaginó que reiniciaría sus movimientos, sin embargo, Adrian permaneció inmóvil y en silencio mirándola a la cara, la excitación había sido extrema e intentaba calmarla para reiniciar con el delicioso ritual s****l, sin embargo, al tiempo que decía “Me encantas, además de hermosa eres ardiente y sensual” Su pene se endureció al extremo y Jennifer sonrió al sentir como ese delicioso “tronco” de tibia carne estaba a punto de llenarla de semen, lo apretó con su v****a y Adrian arqueó su cuerpo para presionar su pubis contra el de ella como si deseara meterse más en sus cálidas entrañas. Jennifer observó complacida el hermoso torso de su hombre, sujetó con sus manos los bíceps de ambos brazos para mirarlo a los ojos y decir. — Ven Adrian… Dámelo todo En el rostro de Adrian se dibujó un rictus de placer al tiempo que se esforzaba para no dejar de mirarla a los ojos y exclamó “¡Jennifer, Jennifer!” a lo que ella respondió “Lléname Adrian” … Las fuertes contracciones del pene se acompañaron de una especial sensación de humedad dentro su v****a y a pesar de que quiso cerrar sus ojos, le soportó la mirada a Adrian quien terminando de eyacular se recostó jadeante sobre de ella y al normalizar su respiración le dijo —Me encantó venirme viendo tus ojos “pequitas”” — ¿Pequitas? — Y al no recibir respuesta agregó — En el pueblo me decían “Pecas” y me gustaba Adrian pretendió levantarse, pero ella dijo — Quédate ahí Adrian permaneció dentro de ella besándola con besos cortos y húmedos hasta que perdió la erección para después hincarse entre sus muslos, la besó en las rodillas, puso sus manos sobre de ellas observándole fijamente el sexo y cuando el semen comenzó a escurrir fuera de la v****a él sonrió y preguntó “¿Te gusta el semen?”, “Mucho” respondió, él recogió con su dedo índice parte del semen que fluía fuera de la v****a, se lo acercó a la cara y en plan de reto dijo “Demuéstramelo”. Nunca imaginó es que ella abriera la boca y chupara su dedo, por lo que sin poder ocultar su emoción repitió la operación varias veces, mismas en las que su dedo salió limpio de la boca de Jennifer, él la miró a los ojos y dijo — Me encantas “pecas” ¡Eres un mujerón! Ella sonrió halagada, cubrió su sexo con su mano y se levantó al baño donde sentada en la taza observó su mano mojada de semen y lo lamió para tragarlo, permaneció observando la palma de su mano y a su mente llegaron los recuerdos. Siendo una niña de 12 o 13 años su apariencia física y su natural coquetería atraía las miradas de amigos, desconocidos e incluso de hombres maduros, ya con 16 años había tenido su aventura con Matias y a los 17 había tenido sexo con Adrian varias veces antes de casarse. Y si bien todo ello la había convertido en una mujer muy ardiente, una adicta al placer s****l, esta vez había sido muy diferente ya que, al no existir el lubricante del condón, su v****a había opuesto resistencia, misma que fue perdiendo al sentirse ocupada por el endurecido pene y el roce incesante del glande sobre sus pliegues Incluso su orgasmo lo había sentido diferente, pero lo increíble había llegado al sentir dentro de ella la cálida humedad de la eyaculación, en ese momento la invadió un profundo sentimiento de posesión, algo maravilloso que la hizo darle la razón a su madre cuando le dijo que eso la haría sentir mujer. Al salir de baño se sentó arriba de la cama, con sus piernas de lado apoyando una mano sobre la sábana, Adrian la recorrió con la mirada y ella sonriendo dijo — Me dijiste pecas — Cuando te dije pequitas, me dijiste que te gusta que te dijeran “pecas” y lo cambié Ella con su natural coquetería se recogió el cabello y preguntó ¿Te gustan mis pecas? — ¡Me encantan! Te dan un aspecto infantil, te hacen ver “tan inocente” que nadie…. Ella lo interrumpió diciendo — ¿Qué nadie imaginaría la clase de puta que soy? — Más bien, la clase de hembra que eres ¡Una hermosa, deliciosa y ardiente hembra! — Con cara de niña inocente Respondió riendo, miró el m*****o de Adrian y preguntó — ¿Cuánto te mide cuando la tienes parada? — “Dos manos cabeza libre” — Rio y agregó— No sé, nunca me la he medido Ella le hizo cerrar sus manos, tomó sus puños poniéndolos uno sobre de otro como si sujetaran un bate de beisbol y preguntó — ¿Y la cabecita de fuera para que la chupe como cono de helado? — ¡Sería una delicia! ¿Lo quieres hacer? — Ella negó con la cabeza y sonriendo dijo — ¿Sabías que los espermatozoides viven en el útero casi cinco días? — ¿En serio? — Eso dicen— Jennifer lo miró a los ojos, sonrió y aclaró— La verdad no sé, pero me gusta pensar que te voy a llevar varios días dentro de mí — Varios años, porque lo pienso renovar cada día de mi vida … Me gustó terminar adentro — Y a mi que lo hicieras, ya quería tener tu semen dentro de mí — ¿Ya te habían terminado adentro? Jennifer con toda maldad no respondió a su pregunta, se acostó dándole la espalda para que la abrazara se cubrieron con las cobijas y al apagar la luz le dijo “Me gusta que me digas pecas” .
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