Chen’s POV
Era miércoles de ceniza en la tarde. Estaba en la casa de Samuel en el patio, teníamos que hacer un proyecto de inglés o más bien, debía hacerlo yo porque él no entendía nada y, además, estaba Alex y Julián con nosotros, por ende, Samuel no se concentraba. Estaba pegado a Alex hablando de que pasarían el sábado juntos, eso no me molestaba. Pero no vine para esto, no a escuchar sus planes cuando tengo cosas que hacer.
Pateé a Samuel y él, me miró enojado.
-¿Qué carajos?
-¿Haremos el proyecto o te quedarás viéndole la cara a Alex?
-Chen, ¡cállate!
Vi a Hugo entrar junto a Rubén, caminaron hasta la mesita del patio donde pusieron unas cajas de cerveza. Ayer no lo había visto y por dios, ¡lo extrañaba tanto! Quise evitarlo, pero… no pude. Caminé hacia él, quién me miró enojado y evité abrazarlo porque sé cuánto esto lo enojaría.
-Hugo… ayer pensé que pasarías a buscarme.
-¿De qué estás hablando? -Sentía la mirada de Rubén. Ayer Hugo dijo que pasaría por mí a las siete de la noche, pero lo esperé por una hora y no apareció.
-Quería verte…
Vi a un par de chicas entrar, saludaron a todos y una de ellas, abrazó a Hugo, él la besó. Sé que era su novia, los había visto besarse mucho en el descanso, pero sé que él no sabía que los veía. Me sentí tan enojado que salí de la casa, no podía seguir ahí, viéndolo besarla cuando nunca me ha besado a mí. Dice que no puede besarme, que no es gay y quiero golpearlo cuando dice eso. Él debe quererme, debe hacerlo, ¿o por qué le encanta tanto follarme? ¿por qué lo disfruta? Debe quererme, debe hacerlo. Odio que nunca me haya besado y a ella, parece besarla a todas horas cada vez que los veo.
Me senté en la entrada y hundí mi rostro entre mis piernas. Lloré porque estaba frustrado, lloré porque sabía que debía hacer algo diferente, algo que lo hiciera verme, algo…
-¿Qué ténes Chen? -Alcé la mirada y vi a Rubén quién me miraba preocupado.
-No es nada. -Mentí.
-Nadie llora sin motivos, ¿lloras por lo mismo de la otra vez? -Se sentó a mi lado.
-No. -Mentí de nuevo.
-No quería escuchar, pero estaba cuando hablaste con Hugo. Supongo decidiste seguir en el mismo rollo con él.
-No quiero hablar de eso…
-No te conozco tanto aún, pero pareces ser un buen chico. No perdás tu tiempo y lágrimas con alguien como él. No mereces eso, nadie merece eso.
-Lo intentaré. -Respondí, pero no sabía si podía hacerlo.
Me puse de pie, no me sentía bien. No quería estar aquí sabiendo que Hugo estaba con ella. Quería irme. Rubén se puso de pie también.
-¿Te vas? -Preguntó, asentí. -¿Te ubicas por acá cerca?
-Algo, vivo en villa Carolina. Tardo veinte minutos.
-Hace sol para que camines. -Sonrió. -Te llevaré.
-No quiero incomodarte.
-No me molesta, igual estoy un poco aburrido. Mi hermano está con su novia, Hugo también, incluso Alex con Samuel… y yo patéticamente solo.
-¿Tu novia no vendrá?
Escuché su risa.
-No tengo novia Chen.
-¿Por qué?
-Mmm. -Metió las manos en sus bolsillos. -La que tenía la maté.
-¡Mierda! -Me asusté y quise correr, pero Rubén sujetó mi antebrazo. Reía tanto que le salían lágrimas.
-¿De verdad me creíste?
-¿No mataste a tu novia?
-No podría matar a la novia que nunca he tenido Chen. ¿Puedo decirte un secreto?
Se acercó un poco a mi oído, me intimidé de inmediato.
-No me gustan las chicas.
-¿Bromeas?
-No, ¿no me creés? -Observaba su sonrisa, era genuina. Las dos veces que hemos hablado me ha mirado siempre de esta forma.
-Sí, si te creo… creí que todos en tu grupo eran heterosexuales.
-Mi hermano, Hugo y Alex sí lo son. Desde hace mucho sé que no lo soy.
-¿Ellos lo saben?
-Mmm, no lo sé, aunque creo que sí por comentarios que se me han salido decir. -Se encogió de hombros, a él la idea de serlo no le incomodaba en lo absoluto, lo confesaba despreocupado entre risas, mientras que Hugo, solo una vez le tomé la mano y de inmediato se aterró de que nos vieran. -¿Te llevo?
Asentí.
No pensé que Rubén pudiera ser tan agradable. Era un chico verdaderamente genial. Lo conocía ya un poco porque nos sentábamos juntos en el descanso a veces, pero todo siempre había sido muy formal hasta el día de hoy en que cambió todo y pude conocerlo en verdad, pero lo que conocí, el verdadero Rubén, me gustó bastante. Creo que podríamos ser muy buenos amigos y es raro que alguien como yo lo admita, cuando nunca he tenido a más de un amigo y menos, a alguien como él. Es que no sé ni por qué le gusta sentarse a mi lado, cuando él es mayor, está en último año y yo, soy menor y algo patético, no lo comprendía en ese sentido.
Tenía una moto que conducía muy bien, dice que a veces participa en carreras y que ha ganado solo dos, pero que el sábado participará en otra. Demoró solo cuatro minutos en llegar a mi casa porque lo hizo tan rápido que creí que se me saldría el corazón por la boca del susto que me dio, ¿tienes complejo de Toretto o qué?
-¿Esa es tu casa? -Señaló Rubén cuando nos bajábamos de su moto.
-Sí.
-Genial, ¿tu familia es dueña de un restaurante?
-Sí, tiene más de diez años. Cocinan comida tailandesa, la especialidad es la sopa de arroz con camarones.
-¿Tienen a un chef que cocine?
-No, mamá lo hace.
-Genial, ¿tu mamá me puede enseñar a hacer esa sopa?
-Supongo. -Me encogí de hombros, sonrió. Rubén es del tipo de personas que hace que se te pase la amargura, es difícil sentirse mal con alguien genuinamente feliz y alegre delante de ti. -¿Te gusta cocinar?
-Sí, quiero ser chef, cocino a toda hora.
-Pensé que serías pintor o algo así.
-Es solo un hobby, lo mío es la cocina. Quiero ser un chef reconocido, iré a Argentina a estudiar gastronomía y cuando acabe, me casaré y cocinaré todo tipo de cosas para mi pareja y mis dos hijos.
-¿Lo dices en serio? -Asintió. -¿Piensas en esas cosas?
-Sí, quiero tener dos hijas que se lleven tres años entre sí. Luego tal vez un niño para que las haga enojar.
-¿Por qué tres años? ¿en verdad solo un niño solo para que peleen?
-No lo sé. -Escuché su risa. -Se me acaba de ocurrir.
Esa fue una tarde realmente extraña. Lo digo en el buen sentido. Rubén y yo comimos en el restaurante, yo siempre lo hago, pero él estaba como niño en dulcería. Comió dos platos de esa sopa y casi muere cuando vio que papá colgó un anuncio en la entrada de que necesitaban a un ayudante. Literalmente le rogó que lo escogiera, entonces mis padres le dijeron que cocinara algo y el preparó el plato oriental que le pidieron. Le quedó muy bien o al menos así se veía porque no lo probé. Mamá le dijo que viniera el lunes, el asintió.
A eso de las cinco, salimos a la entrada. Lo acompañé hasta su moto.
-“Chen”. -Dijo de nuevo entre comillas.
-¿”Qué”?
-Me gusta tu familia. Aunque creo que saliste lindo fue a tu mamá, tu papá no… -Lo interrumpí.
-Lo sé, papá no es… oye no soy lindo. -Eso me hizo avergonzar por completo.
-Tímido. -Guiñó un ojo. -¿Qué harás el sábado?
-No lo sé, supongo le diré a Samuel para jugar videojuegos.
-¿Querés ir a la carrera? Es a las nueve de la noche, pero podemos vernos antes y pasar el rato, no lo sé. -Creo que esta vez el avergonzado era él, se puso rojísimo y no entendí por qué.
-Está bien.
-Genial. Vendré por ti a las seis.