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3198 Palabras
—Quiero que Eleanor esté aquí en menos de diez minutos Douglas—Estaba furioso ¿Donde mierda podía estar? Intentaba respirar y calmarme, pero nada parecía funcionar. Saqué una botella de vino y serví un poco en la copa. La puerta empieza a sonar, y voy a abrir con pasos rápidos. Una Eleanor con el labio roto y los ojos llorosos estaba frente a mí, mi labio inferior tembló y tiré la copa al suelo. —¿Que ha sucedido? —murmuré. —Ya sabes que ha sucedido Aron—Orson estaba ahí viéndome con una sonrisa. Mi tío empezaba a pasarse de la raya, jamás pensé que seria capaz de algo así y de todas formas no obtendría ni un peso de mi bolsillo. —Douglas. Sácalo de aquí y por favor. Ya sabes que hacer. El asintió y se lo llevó, quería que le dieran una lección, tal vez mi tío me lo devolvería mucho peor por hacer que lo golpeen, pero la situación no era sencilla y no iba a dejar que hiciera lo que quisiese. —Me asusté—confesó Eleanor—¡El solo me golpeó! Y yo—Eleanor suspiró y dejó de hablar. Las lágrimas caían por sus mejillas, sus manos se sostenían de mi chaqueta y mi mano acariciaba su cabello. Eleanor no era familia mía, pero era mi amiga, fue mi mi empleada y es mi prometida falsa. No podía dejar que le sucediera nada, sus ojos estaban más calmados y mis ganas de dormir habían aumentado. —Deberías ir a bañarte. Así podrás dormir mas tranquila —Me levanté y seguí mi camino hasta la habitación. Ella se quedó ahí con los brazos cruzados y hecha una bolita. Me sentía mal por ella. Pero no podía dejar que la mayoría de mis sentimientos me dominarán. Me metí en la ducha y el agua caía por todo mi cuerpo, me sentía relajado, eché el champú por mi cabello largo y lo deje a un lado. Cuando salí envuelto con la toalla vi a Eleanor por la ventana, tenía una sonrisa triste y veía algo en su móvil. Mi tío quería dinero. Nunca se preocupo por mí y lo único que quiso es hacerme enojar y conseguir lo que quería. Golpear a Eleanor solo fue una estrategia, sin embargo, que el saliera ileso nunca fue una opción en mis planes. Douglas se encargaría de eso. Eleanor Bliss. Mi reflejó me mentía. Me mostraba a una mujer feliz con brillantes labios rojos, tenía los ojos vividos y una sonrisa espectacular. Parecía que había salido de un salón de belleza y la realidad no podía ser más alejada. «No aparentas tu edad» «No aparentas tu edad». Me repetía. Parecía una mujer treintona que había tenido éxito en su vida, cuando la verdad sólo vivía de un magnate con cambios de humor bruscos. Casi podía indicar hasta donde me llegaban las ojeras, por donde se multiplicaría el color n***o que aparecía. Hasta ahora no había tenido suerte, pero estaba segura que con las cremas que compre podría recuperar un poco mi juventud. Me coloqué corrector, contorno y lápiz de ojos para salir con Lana, habíamos quedado para ir la nueva cafetería del frente y así hablar un poco sobre las cosas que me habían pasado. Tenía miedo de decirle sobre lo que el tío de Aron había hecho, creí que su reacción no seria la mejor y de esperarse. No todo los días el tío de tu prometido falso te golpea. —Eleanor ¡Pensé que no llegarías hoy! —exclamó —Aquí estoy—Dije cogiendo la chaqueta que había traído, me senté frente a ella y puse mis manos sobre la mesa. —¡Estas estupenda! —Dijo mirando mi vestido rojo. Aron me había dicho que quizás saldría hoy, así que debía estar preparada para cuando me llamara o me informará cualquier cosa. —Solo si pudiera ser una de las modelos que trabaja con Aron. Mi amiga rodó los ojos por mi pésimo comentario e hizo un ademán. —Ese día, fue el día. Hunter es el hombre perfecto —Siempre dices lo mismo Lana. Y nunca es el hombre perfecto—reí. —Pero esta vez estoy segura que sí es el. Hemos salido un par de veces. Es tan atentó—suspiro. Un mensaje entró en mi móvil. «Debes venir en cinco minutos. Iremos a una fiesta. Lana puede venir contigo» Subí mi mirada y le enseñé el mensaje, ella gritó feliz y me pidió que le prestará un vestido. —¿De verdad será obligatorio que vaya? Quiero ir a casa y... —¡Debemos ir! —La miré mientras abría la puerta —Vamos a ir—repitió, abriéndola. —Conduciré yo. Me acerqué el buffet libre y me puse algunas comidas vegetarianas que encontré, Lana estaba junto a mí con un vestido largo, azul. Le quedaba mejor que a mí. Sin tener en cuenta aquel mensaje soso, aquel lugar tenía mucho que desear. Las mujeres parecían sacadas de ensueño, habían varios señores mayores que fácilmente podían considerarse Sugar Daddy y sin duda los hombres jóvenes eran los más guapos de la estancia. —Allí están—Mi amiga Lana, jaló mi brazo y señaló a Aron, venía junto con su hermano caminando como si fueran los reyes del lugar, saludaron a algunas personas y cuando menos lo pensé ya estaban frente a mí. —¿Cómo estás preciosa? —Dejo un beso en mi mejilla y se apartó. Algunas veces se me olvidaba que debíamos fingir y eso hacía que mi corazón se acelerara. Y como no hacerlo si Aron Blake era extremadamente guapo. Había tenido la ideología de que mi anterior pareja era la indicada para mí, pero no pude estar más equivocada y después de nuestra ruptura hice una lista de las cosas que quería hacer antes de los treinta. Cortarme el cabello. Que llevaba por la cintura hasta los hombros. Fumar. Un solo día. Solo para probar. Hacerme un tatuaje. Cantar himnos feministas Y por último dejarme crecer las uñas. Mis metas parecían simples y sin sentido, pero en mi mente sin duda eran complicadas. Mientras atravesaba esa fase de querer sentarme, me coloqué más pegada a Aron. Pusieron una canción lenta que Lana y Hunter se dedicaron a bailar y mis ojos querían cerrarse de aburrimiento. No nací para vivir entre gente con empresas. Con dinero sí, pero con empresas no. —Oh no. —susurro Aron. Observé cómo Orson, se subía al escenario y tocaba la botella con una cucharilla. —El día de hoy quiero brindar por mi sobrino y su prometida. Sabemos que pronto van a casarse y estoy seguro de que hablo por todos cuando digo que me gustaría que se besaran. Tósi un poco fuerte y miré a Aron negando con la cabeza, sus ojos estaban fijos en su tío y sin más, sentí sus manos en mi nunca y como sus labios aprisionaban los míos. Todos los presentes empezaron a aplaudir, sus labios eran suaves, toque mis labios con mi dedos y los aparté con rapidez. Besar a Aron me había gustado y eso no debía de ser así. Cuando terminé con mi ex pareja sufrí mas de lo que debí, miraba varios programas y termine varios proyectos de mejora para mí hogar como parte de terapia, como una forma de mantener mi mente ocupada. Pinté cada habitación de un color rosa suave, puse algunas decoraciones que antes no estaban y sin más todo desapareció cuando me mudé con Aron. Durante los tres meses de mi duelo, tuve numerosas entrevistas de trabajo, ninguna salía como esperaba y siempre regresaba a casa más decepcionada de lo normal. Cuando fui consciente de mi deteriorado estado empecé a trabajar más en mí y así acabe el estacionamiento del Sr. Blake. Me dije que para ganar dinero debía hacer sacrificios, y que eso no era algo malo ni de qué avergonzarme. Las situaciones no habían salido como yo esperaba, había conocido un lado del magnate que no sabía ni que existía, lo había visto enojarse más veces de las que desearía y jamás pensé que estaría sentada a su lado como su prometida falsa. Esperaba que nuestro matrimonio no durará demasiado, no quería desperdiciar años de mi vida con una persona que no me ama y que nunca lo hará. —¿Eleanor? —¿Que sucede?—murmuré —Has estado muy callada. ¿Sucede algo malo? —indagó. —Estaba pensando. Lo siento —susurré El asintió y dirigió su vista al frente, cuando salíamos no hablábamos mucho, el podía mirar a otras chicas, las deseaba pero no podía estar con ellas por mi culpa. Un día cuando fui de compras, conocí a una mujer Lana Ross. Una chica preciosa que hablaba más de la cuenta, nos hicimos amigas inmediatamente y así floreció sus ganas de contarme todo lo que sucedía en su vida. Cuando meses más tarde le conté la verdadera razón por la que había huido de ese local ella soltó una risa. Había dicho que era una tontería salir corriendo porque mi ex estaba en la misma estancia. Pero yo era paranoica. —Hermosa—Dijo Aron con dificultad—Mis abuelos nos han invitado a un viaje para mañana. —¿A donde vamos?—pregunté cordial. —A New York—respondió la señora Tracy desde su asiento. [...] Aron Blake. «Dios, que sexy es» Estaba saliendo de una cena de negocios, algunos de mi socios se habían quedando viendo a Eleanor más de la cuenta. Traía un vestido n***o de encaje que le hacía relucir sus largas piernas, ella era preciosa y aunque quizás sus ojos no lo notaran traía a más de un hombre loco. —Señor Blake ¿Cuando quiere repasar la propuesta?—Uno de los abogados me sacó de mis pensamientos y sonreí. —La otra semana estaría bien. Estos días estaré ocupado. El se encogió de hombros y asintió. Me fui directamente a donde se encontraba Eleanor, sus ojos se posaron en mí y se levantó con delicadeza. —¿Nos vamos? —Si, debemos ir a casa para acomodar lo que llevaremos. —Pensé que a tus abuelos se les olvidaría lo del viaje. Nunca creí que se lo tomaran tan enserio. —No los conoces—reí—Cuando algo se les mete en la cabeza no hay nadie que se lo saqué. Eleanor negó con la cabeza y avanzó hasta el auto. Cuando me senté, sentí que había dejado algo. ¿Había perdido algo? O ¿Acaso estaba soñando? Desabroché los botones de la chaqueta y la retiré con delicadeza, la chica junto a mí tenía la cabeza recostada de la ventana, cuando salíamos siempre hacía lo mismo. Creo que se estaba convirtiendo en una costumbre. Bajamos del auto y recogimos todos lo que necesitábamos. Douglas nos llevaría hasta el aeropuerto y de ahí nos iríamos en el avión privado que compre. —Sufro de vértigo—Soltó Eleanor. Mi entrecejo se frunció y la miré desconcertado. —La última vez también viajamos en avión y no dijiste nada. —Esa vez me daba vergüenza admitirlo—confesó—Pero creo que puedo manejarlo. —Vale—murmure. Llegamos bastante rápido a nuestro destino, alquilamos una habitación de hotel que se encontraba justo en el mismo edificio que mis abuelos y nos fuimos directamente al comedor. La mayoría de las personas presentes tenían una edad comprendida entre los veinte y los treinta. Algunos de ellos incluso llevaban sombreros de fiesta con su edad escrita en purpurina brillante. También habían algunos señores mayores ahí pero solo limpiaban y recogían los platos usados. Me senté en la mesa más grande que había, tenían manteles de color beige y las copas eran brillantes. —Todo es muy lujoso—Dijo Eleanor viendo a su al rededor. —Es normal. Ella se acomodó en su asiento y mis abuelos aparecieron por la puerta, se sentaron junto a nosotros y Spencer, mi abuelo sonrió. —Buenos días Sr. Spencer. —Buenos días querida. —El día de hoy Tracy se llevará a Eleanor. Y tú vendrás conmigo —casi me atragantó con la comida y negué con la cabeza. Las cosas podían salir mal y no necesitaba eso en estos momentos. —No creo que sea buena idea—sonreí incómodo. —Mi prometida y yo queríamos ver la ciudad hoy. —Lo harán mañana—afirmo la abuela. Se limpio la comisura de sus labios y tomó la mano de la chica junto a mí. —Nos vemos querido. Pásenla bien. —¿Por qué han hecho eso?—pregunté mirando como Eleanor desaparecía por la puerta principal. —Es necesario, Tracy quería hacerlo y yo no me iba a negar. —Genial—Bufé Eleanor Bliss. Estaba lloviendo con fuerza. Los relámpagos bailaban en el cielo y las gotas de lluvia golpeaban el techo del local. Habíamos pasado media hora sentadas en el taburete de la mesa, ninguna había hablado demasiado y mis ganas de irme aumentaban cada vez más. —Mi sobrino se ve bien contigo—mencionó—Parece divertirse y sonreír mas de la cuenta. —Hago lo que puedo—dije incómoda —¿Le amas? Asentí. Dios odiaba mentirle a alguien mayor, sentía que estaba pecando y que iría al infierno por ello. Froté mis manos y cerré los ojos. —Eleanor. Cuando Aron era pequeño nosotros no intervenimos en su vida. Nos sorprendió mucho que apareciera un día en nuestra puerta y nos dijera que trabajaría para nosotros. El siempre fue muy independiente—susurro. —El es complicado, pero creo que es una persona maravillosa. Una pequeña niña se acercó corriendo a nosotras. —¿Te puedes tomar una foto conmigo?—soltó Reprimí una sonrisa y la abracé, su mamá nos tomo varias fotos, nos agradeció y la niña salió corriendo a su estancia. Cuando vi hacía a fuera, vi el reflejo de mi triste vida. Pasaría meses con una persona que no amaba, perdería oportunidades y en ningún momento me había detenido a pensar en esto. No quería ser egoísta pero mi vida vida iba primero. Respiré profundo y le indique a la Sra. Tracy el lugar al que debíamos ir. Aron Blake. Le había contado a mi abuelo que me casaría en un mes, sus labios no habían emitido palabra alguna y empezaba a darme sueño la situación. Respire hondo y fijé mi vista en el lado izquierdo del mirador. —El matrimonio no es fácil —empezó—Debes enserio querer casarte para poder sobrellevarlo. —Quiero casarme—mentí. —Se que no quieres hacerlo Aron. Tus ojos me dicen que no amas a esa mujer. —Amo a Eleanor. Es una chica asombrosa. No puedes decir lo contrario «Jamás había mentido tanto» Pensé. En cuestión de segundos mi abuelo se levantó y me ofreció su mano, caminamos hasta el restaurante y divisé a Eleanor a lo lejos. Yo no amaba a esa mujer, podía sentir atracción, deseó pero jamás amor y sin pensarlo la estaba condenando, estaba haciendo que se hundiera en un hoyo del que le costaría salir. Pasé mis manos por mi cabello y me arrepentí, me arrepentí de todas las decisiones que había tomado, me arrepentí de haber dicho que ella sería mi esposa. Eleanor había hecho muchas cosas por mi, soportó cosas que no merecía, incluso su mamá a llevó parte de mi estupidez y ahora me arrepentía. —¿Cómo les ha ido?—preguntó mi abuelo. —Todo ha estado bien. ¡Una niña me ha pedido un autógrafo! —Los ojos de la chica brillaron. Recuerdo la primera vez que me sucedió lo mismo, fue algo emocionante aunque al principio me asusté un poco. Me fijé en un grupo de universitarios que entraron sin pensar, habían recogido todos los abrigos, se sentaron en una de las mesas y empezaron a hablar. La juventud era así, parecía tan efímera que acabaría en cualquier segundo. La juventud parecía la mejor etapa de todas, pero muchas veces no lo era, dolían las rupturas, dolía la ansiedad y si sufrías de Depresión entonces probablemente estabas perdido. La ironía era que los padres pensaban que solo debías estudiar, que no tenías más preocupaciones y que la vida de un estudiante era relajante. Pero no era así. Yo tuve que madurar antes de tiempo, tuve que hacerme cargo de Hunter y me di cuenta de lo que era ser adulto y joven a la vez. Una mierda. Cuando acabamos de comer, me levanté e hice que Eleanor hiciera lo mismo. —¿A donde vamos?—susurró. —A caminar. "Ecos de amor" se reproducía por la calle, no lograba detectar de donde salía el sonido, pero no ayudaba a la situación. —Deberíamos dejar ésto Eleanor. No quiero condenarte. —No lo haces Aron. Y esto no es para siempre. Es por ahora. —No seremos el para siempre ¿Cierto? Asintió— Seremos el por ahora. Lo que tenemos es el presente, lo vivimos y después nos despedimos. —Gracias. Por todo. —Una lágrima se resbaló por mi mejilla y sonreí con pesar. Nunca la amaré de verdad, y ella jamás lo hará conmigo. Eso duele. —No te preocupes Aron. Vamos a estar bien. —¿Tu estarás bien? ¿Lo soportarás? —No te soltaré. Somos amigos, cómplice y próximamente esposos de mentira. Podemos con esto. ¿Por qué estás tan inseguro? —¿Acaso no lo pensaste? No pensaste que te estaba condenando. —Lo pensé—admití—Pero eso ya no importa. Seremos el por ahora. No el para siempre. Suspiré y asentí. No estaba del todo convencido pero aceptaría su respuesta por ahora. Seguimos caminando debajo de la lluvia, un local de tattoos llamó mi atención, entré decidido y vi los tatuajes que realizaban. —¿Puede hacerme ese? —señale el sol. El chico asintió. —¿También te hará uno? Eleanor dudo. Pero acabo asintiendo escogiendo la luna. La aguja se introducía en mi piel como pinchazos, mordía mi labio inferior y evitaba gritar por el dolor, al cabo del rato acabé acostumbradome y solo podía sonreír. Deseaba ver el resultado final. —Ahora vas tú—anunció. Ella gritó y se movió un poco, pero después se quedó inmóvil, no emitió palabra alguna, no se quejó y a la final terminamos con el tatuaje en el mismo lugar. Regresamos a casa y mis abuelos ya estaban en su habitación, nuestro dormitorio quedaba al frente y por consecuencia nos toca dormir por primera vez juntos. —Pido el lado derecho. —Yo quería ese lado—Bufé. —No Aron. Yo dormiré ahí. —¿Por qué no puedes dormir del lado izquierdo? —¿Por que no lo haces tú? —Bien—agarré la almohada y me tapé la cara, sentí cuando Eleanor se metió en la cama, nuestras piernas desnudas se rozaron y mi piel se achino. Haría todo lo posible por no arruinar su vida.
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