3

3299 Palabras
Hoy nos tocaba volver, habíamos viajado en la mañana y no nos faltaba mucho para llegar. Comeríamos, nos bañariamos y de ahí iríamos a una entrevista programada para hoy. —¿Nos falta mucho para llegar?—preguntó Eleanor a mi lado. —No demasiado—contesté irritado. Parecía que cada dos segundos preguntaba lo mismo. Eleanor sería mi esposa en un mes, aún no le había dicho nada pero suponía que ella ya debía estar al tanto, mis ojos se sentían pesados y cuando llegamos baje rápidamente para llegar a la ducha. El agua recorría mi cuerpo, la sensación de paz y liberación era embarcadora. Sin duda, este era mi momento favorito del día. Cuando salí, tomé el traje azul fui directamente a la oficina para hablar con mi tío, debía solucionar ciertas cosas y conversar lo que haríamos. Estaba harto de sus mierdas. Entré molesto y lo vi bebiendo vino, sus ojos estaban fijos en mí. Y cuando cerré la puerta sacó su arma y me apuntó sin piedad. Así era el. Sin escrúpulos. —¿Puedes dejar ésto para otro momento? —pregunté cordial. Sus manos apretaron más el arma y sonrió. —Creo que no Aron. —Bien, deberías irte Orson. No estoy para estupideces. —Escúchame Aron. Si tu me pagas todo queda solucionado. —No te debo nada. ¿Acaso no entiendes? Ya te di lo que te debía. Solo eres un estorbo y debes irte—Mi puño impactó contra la mesa y mis ojos no abandonaron los suyos. —Sobrino creo que no entiendes la situación—Dijo con voz calmada—Si no me pagas Hunter muere. Agarré el arma con fuerza y la tiré al suelo. El enfado corría por mis venas. Estaba harto de la situación. —Puedes irte a la mierda tío. Salí dando un portazo y me dirigí a la entrevista. Esperaba que Eleanor ya estuviera ahí, sino me enfadaría más y se que no es momento para eso. —Pensé que no vendrías —Dijo ella irritada. —Que importa—rodé los ojos. —Si importa Aron. —sus palabras quedaron el aire cuando empezaron a grabar. Ambos sonreímos tomados de la mano y pudimos nuestras piernas bastante cerca. La prensa siempre notaba los mínimos detalles y estaba seguro que Eleanor no parecía perdidamente enamorada de mí. —¿Cómo se conocieron? —Yo fui a pedirle trabajo—se sincero—Y el me rechazó de la forma más fría que existe—Eleanor rió y pasó sus manos por sus labios. Parecía una princesa, tan delicada y buena. —Me pareció guapa desde el primer momento en el que la vi—acoté—Y luego todo fue muy divertido, sincero y a medida que pasamos tiempo juntos nos gustamos. ¿No es así amor? Amor. Jamás le había dicho así a alguien, era tan poco común en mí que hasta risa me causaba. —Es así Aron. —¿Cuando van a casarse?—preguntó ella emocionada. —En un mes. —Hemos decido casarnos lo más pronto posible, no quiero pasar un día más sin estar con Aron. Agradecí internamente que ella no dijera nada fuera de lugar, la entrevistadora quedó satisfecha y pudimos marcharnos al hogar de Eleanor. —Gracias por traerme. —Ha sido un placer. Nos vemos después Sra. Bliss. —Nos vemos Blake. Y así sin más me marché hasta la casa, decidí comprar una casa para cuando Eleanor se casara conmigo, Hunter vivía en el apartamento y pocas veces nos llegábamos a ver. La empresa estaba en perfectas condiciones, la prensa se emocionaba cuando sacaba una nueva línea de ropa y a decir verdad yo también. Mamá siempre decía que se me daba bien vestir a las personas, así que a medida que fui creciendo fue aprendiendo más hasta llegar a este punto. Me senté en el mueble y empecé a mirar el móvil, planeaba descansar un rato para leer los documentos que me faltaban. —Sr. Blake. —¿Si Douglas? —Anunciaron que su compromiso era mentira. Ya que vieron a la Sr. Bliss entrar a su casa. —¿Pero que mierda?—mascullé. —Puedo resolverlo. —Yo lo haré—Tiré el teléfono, tomé las llaves y salí directo a la casa de Eleanor. Resolveríamos esto, sin duda lo haríamos. —¿Que haces aquí? —preguntó asustada. —Debes vivir conmigo. —No lo haré Aron. Tengo una familia. ¿O acaso no te has dado cuenta? —No te estoy preguntando Eleanor. Te estoy diciendo que vivirás conmigo—Pude notar como mis palabras salían con desdén, no podía evitarlo, estaba estresado y necesitaba que ella no pusiera tanta quejas. —Puedes irte a la mierda. No puedes venir a mi casa y decirme que hacer. —Puedo hacerlo—afirmé—Así que ve y recoge tus cosas. —Lo haré. Pero entrarás y le dirás a mi familia. Justo como si esta relación fuera real. ¿Me entiendes? Asentí sin decir nada, pasé con pasos lentos y su mamá estaba sentada en el mueble, estaba incómodo. Eleanor había subido a su habitación. Mi ex empleada, futura esposa y compañera de casa, era atractiva. Quizás no lo dijera con frecuencia y mucho menos lo admitiría en voz alta. Pero algo de encantó tenía la chica. Mi vista se dirigió a todo el lugar, no era una casa elegante, pero tampoco era algo tan sencillo y común. Me sentía como cuando era pequeño, mi madre estaba enferma y nunca pudo hacer muchas cosas, era algo con lo que moriré por dentro. Recordar cómo trabajaba día y noche, como estudiaba y luego salía para poder comprar los remedios que ella necesitaba. Sin embargo, nunca funcionó. Mi madre murió entre mis brazos y mis ojeras se volvieron parte de mí. Respiré profundo haciéndome notar. La señora Bliss, se giró y un rojizo se extendió por sus mejillas. —Sr. Blake. —Lamento aparecer aquí sin nada. —No se preocupe—Dijo apenada. —Quiero que su hija viva conmigo—solté. —No creo que sea conveniente. No han estado mucho tiempo juntos. —Necesito que Eleanor viva conmigo —coloqué diez mil dólares en la mesa y los ojos de la señora se agradaron. —Creo que estas equivocado. Jamás vendería a mi hija. ¿Que clase de hombre eres? —gritó —No quise que se lo tomara de esa manera. —Seguí cordial—Es una forma de agradecimiento. —Sr. Blake váyase de mi casa. Miré hacia la esquina y vi como Eleanor bajaba, tenía las maletas en sus manos y veía a su mamá con dolor, había sido un imbécil, pero estaba molesto y ya no sabía cómo remediarlo. Reprimí las ganas de querer golpear algo y me acerque a ella para coger las maletas, miré a la señora con una mirada de arrepentimiento y simplemente me disculpé. —Lamento la situación. —Eleanor debes quedarte. —Debo irme mamá. Prometo que estaré bien, vendré a verte todos los días—beso su mejilla. La señora suspiró y salí por la puerta sin despedirme. Eso había sido un mal comienzo y empezaba a creer que mi enfadó podría hacer que hiciera cosas malas. —¿Que mierda te pasa?—empezó a gritar Eleanor. —Juro que si vuelves a hacer algo así. ¡Te dejo Blake! —Ya cállate—mascullé —No tienes derecho a hacer ese tipo de cosas. Estoy ayudándote. No me estás pagando ni mucho menos. Así que podrías empezar a ser un ser humano normal. —Estoy estresado Eleanor. Y oírte me estresa mas. Así que haz silencio. [...] Dos horas habíamos pasado sin hablarnos, no había sido capaz de disculparme y ella no había sido capaz de dirigirme la palabra. El ambiente se sentía tensó, podía cortar el aire con un cuchillo y aún así todo seguiría igual. No esperaba menos de ella, Eleanor era una mujer de carácter fuerte, con unas piernas largas y un cuerpo extravagante. Empecé a cocinar un pastel de fresas que mi madre me enseñó de pequeño, pensaba cocinar, mostrarle un poco de lo que había hecho y disculparme por la situación. Pensaba ir mañana a decirle a su madre todo lo que estaba sucediendo, le diría que lo lamentaba y que claramente la culpa fue mía. Cerré mis ojos por el sueño que sentía desde hace un rato y oí como Eleanor estornudaba, no había tenido la fortuna de convivir con ella como amigos, tampoco como una pareja porque claramente no lo éramos y mucho menos como personas cercanas. Nuestra relación estaba bien, éramos amigos, hablábamos y de un momento a otro el ogro que hay dentro de mí salió a la luz. Cuando prepare el pastel me senté en el taburete, recosté mi cabeza y sentí como mis ojos se cerraban suavemente. Creo que me había quedado dormido. Un olor a quemado inundó mis fosas nasales, me levanté asustado y gire mi cabeza a todas partes. La torta se había quemado. Y Eleanor estaba justo frente a mí con los brazos cruzados. —Era para ti—sonreí nervioso. —Debes tener cuidado Aron. ¡Podía haber sucedido un accidente! —Lo siento —murmure inaudible—Quería disculparme contigo. Fui un tonto. Lo siento—murmure de nuevo. Vi como sus ojos se suavizaron y sonrió levemente. —Voy a acomodar esto. Tu puedes ir a dormir. Estas cansado. Trabajas mucho. —Te ayudaré —afirme —¿Te gusta el pastel de fresas?—pregunté al cabo de un rato. —Es uno de mis favoritos—confesó—Pero no me gusta el quemado. —Sin duda el quemado es el mejor—Dije con burla—No sé cómo no puedo gustarte. —Seguro que a ti te encanta —sonrió. —Lo hace. [...] Eleanor Bliss. Aún no me he acostumbrado a vivir con Aron, los primeros días fueron estresantes aunque a medida que pasa el tiempo los dos nos adaptamos al otro. La prensa no ha dicho absolutamente nada, nos hemos mantenido al margen y por lo que sé el tío de Aron no ha vuelto a dar la cara. Me senté en la cama y acomodé toda ropa que había comprado, siempre quise vivir en una casa así, con paredes elegantes y objetos caros. Pero jamás pensé que sucedería tan pronto. El Sr. Aron como le digo en ocasiones había salido a correr, según el día llegaría a la oficina, trabajaría y luego vendría a casa. A nuestra casa. Sonaba raro cuando lo decía de esa forma, pero podía acostumbrarme. El sonido del timbre me sacó de mi mente y empecé a caminar hacia la puerta. Lana estaba ahí, con su sonrisa encantadora y kilos de maquillaje, siempre perfecta y diva para la ocasión. Le sonreí sincera y la invité a pasar, el día de hoy sería un día exclusivamente para nosotras. Teníamos tiempo que no salíamos o nos veíamos y sabía que tenía millones de preguntas que hacerme, porque ella era así, curiosa y emocionada por las cosas. —Eleanor debes contarme todo—Dijo sentándose. —Sabía que dirías eso. No hay mucho que contar Lana, ambos nos gustamos en el viaje. —No me jodas. ¿Y ya lo hicieron? ¿Lo tiene grande? ¿Su culo es tan genial sin ropa? Empecé a reírme y negué varías veces—No, nos hemos visto sin ropa. Aún no. —¿Y que esperan? ¿A casarse? Porque te digo que si yo tuviera a un hombre con ese culo ya habríamos follado. —Lana, ten paciencia—reí—A penas estamos saliendo y aunque nos amamos lo suficiente como para casarnos yo quiero esperar—Tragué saliva sin decir nada más. No era una gran mentira, siempre había querido que en una relación nos diéramos un tiempo, no era ese tipo de mujer que se enamoraba de alguien y al día siguiente ya quería follar como conejos. Me dolía mentirle a Lana, ella siempre había estado ahí y si se entraba que todo fue una mentira se sentiría lo suficientemente decepcionada como para dejar de hablarme o un tiempo. —Estoy feliz por ti—admitió—Siempre quise verte realmente enamorada. —Las cosas cambian mucho ¿Eh? —Demasiado diría yo. ¿Quiere que hagamos galletas? —Estaría bien—Le sonreí—Creo que a Aron le gustan las galletas de chocolate. —Definitivamente las amo—Un Aron sin camisa y con el cabello mojado apareció detrás de la puerta. Lana agrando los ojos y sonrió como solo ella sabe hacer. Sus brazos eran fornidos y blancos, se le notaban las venas y su mandíbula bien definida le daba un toque maduro y audaz. Aron Blake era atractivo y eso era algo que nadie podía negar. —¿Cómo te fue hoy? —Bien, he terminado mas temprano que de costumbre. —Besala —Dijo Lana Nuestros ojos se pusieron sobre ella y un rojizo se extendió por mis mejillas. —Me da pena Lana. No pidas cosa así —reí. —Yo soy el activo de la relación—rió Relación falsa. Pensé. Lana quedó encantada con Aron desde el primer momento, sus ojos no se apartaban de él y siempre insistía para que nos diéramos muestras de afecto. Pero eso no podía suceder o al menos no aún, me levanté juntos con los chicos y fuimos a la cocina. Mi mejor amiga se colocó un delantal y yo me coloque los guantes. Haríamos un intento de galletas. —Haré varía galletas para todos—anunció Lana—Pero ustedes deberán darse un beso. —Suena justo—Dijo Aron riéndose—¿Por qué no aceptas amor? Sabía lo que estaba haciendo. Era un estúpido. —No lo creo. Me da pena —¡Vamos! Van a casarse. —Lana, mi prometida tiene razón. Debemos mantener la compostura. Solo bromeaba. —Esta bien —suspiro. —¡Cuñada! —exclamo Hunter entrando por el umbral. Mi relación con el había sido escasa, Aron me había dicho que se había molestado al principio, sus ojos pasaron de estar feliz a estar enojado en un instante y eso se debía a que el se sentía atraído por mí. Los días pasaron lentos, sus acciones eran infantiles e irracionales pero al pasar una semana se controló y empezó a ser el mismo de siempre. —Hola Hunter—sonreí. —Aunque seas mi cuñada fal...—Le pise el pie y sonreí incómoda. —¿Quien es el? —pregunto Lana. —Lana el es mi hermano Hunter. Hunter ella es la mejor amiga de Eleanor. —Un gusto—sonrió—Eres igual de hermosa que Eleanor. —Ya veo—murmuro. Después de cocinar y pasar un rato comiendo galletas los chicos se fueron. Había notado las miradas que se regalaron al final pero decidí no darle mucha importancia. Aron Blake. Mis abuelos querían conocer a Eleanor, les había prometido que hoy la llevaría, podríamos comer en familia y presentarla oficialmente como mi novia. Aunque técnicamente ella no fuera real, mi familia no lo sabía y mi tío se encargaría de arruinar todo si se enteraba que ellos no la habían conocido aún. —Eleanor—murmure —¿Que sucede? —preguntó apartando la vista del móvil. —Mis abuelos quieren conocerte. Iremos hoy a cenar. —Esta bien —susurro—Espero caerles bien. Y también espero que nuestro matrimonio no dure tanto —rió. —Podríamos decir que ambos no éramos compatibles pero que aún así nos queremos y seguiremos siendo amigos. Así la prensa si nos ve juntos no dicen cosas estúpidas. —Me parece perfecto. Iré a arreglarme para la cena. Ella desapareció por el pasillo y le acosté en el mueble, cuando escuché la voz de Lana, decidí salir y presentarme de la mejor manera. No podía dejar que ella se llevará una mala imagen de mí. Suficiente era con la mamá de Eleanor odiandomé. Salimos tomados de la mano y llegamos a casa rápidamente, mis abuelos estaban en el jardín leyendo el periódico, eran personas sumamente elegantes y siempre les había gustado vestir bien. Aunque durante mi niñez ellos no estuvieron, no les guardo rencor, mi madre siempre hablaba bien de ellos, ella siempre dijo que fue su decisión alejarse de la familia y que a pesar de todos ellos siempre podrían ayudarme y apoyarme en lo que necesite. —Buenas tardes. —Buenas tardes Aron. Eleanor. —asintieron ambos. —¿Cómo saben mi nombre? —musito inaudible —Se los he dicho antes—murmure. —¿Trabajas Eleanor? —Trabajaba con Aron, pero he dejado de hacerlo. —Yo se lo he pedido—intervine—No creí que fuera necesario. —Ya veo—dijo la abuela. Todos nos sentamos en la mesa grande y sirvieron la comida, eran platos preparados con ingredientes italianos, franceses y españoles. Todo se veía delicioso, noté como Eleanor se tensaba a mi lado, coloqué una mano sobre su pierna y cuando la sentí más tranquila la retiré. —¿Que te gusta hacer? —De todo un poco—confesó—Aunque siempre me ha gustado dibujar. Me hace sentir libre y segura de mí misma. —Tengo unos amigos expertos en eso. Podría presentartelos. —Seria un placer. —Abuelo. ¿Te has tomado la pastilla? Notó tus manos temblar. —No la he tomado hoy. Lo haré después. Quería decirles que viajaremos. Y quiero que vengan con nosotros. —¿Que? —pregunte atónito. —No puedo dejar la empresa sola. —Hunter se hará cargo de ella. —Iremos—afirmo Eleanor junto a mí. La miré como si estuviera loca y negué con la cabeza, mi abuelo parecía más que encantado con su respuesta y yo no me opondría a ello. Recibí una llamada de Douglas, así que decidí ir a ver que sucedía, me despedí de mi abuela, llevé a Eleanor a la casa y entonces sucedió lo que había esperado todo esté tiempo. —Te he conseguido una nueva secretaria. —Perfecto. ¿Esta aquí? Asintió. —Le diré que pase. Una bonita pelirroja apareció por la puerta, era alta, con el cabello largo y unos lentes preciosos. Sin duda hubiera estado con ella si no tendría que casarme. —Buenas tardes Sr. Blake. Seré su nueva secretaria desde hoy. —Sera un placer —admití. —Llena algunos papeles que te dará Douglas y luego necesito que revises toda la información. ¿Entendiste? —Entendí—Salió por la puerta moviendo las caderas y sonrió. —Bien Douglas. Necesito que me lleves a casa. Estoy cansado. Pasamos por una tienda comprando dulces y algunas revistas necesarias, empezaba a conocer a Eleanor, sabía que por las noches le gustaba leer revistas mientras comía dulces, sabía que no le gustaba la comida con poca sal, que le gustaba salir de vez en cuando y que a veces dormía en las tardes para sentirse mejor. Cuando llegue a la casa, todo estaba en silencio, me acerqué a su habitación para darle lo que había comprado, pero ella no estaba ahí, la busqué por la cocina, por mi cuarto, por al alberca pero no había rastro de Eleanor. Empezaba a asustarme. ¿Que mierda había pasado aquí? Respire hondo y fui a mi habitación a dejar las cosas, busqué las cámaras de seguridad pero ninguna estaba encendida. Las cosas se habían salido de control, tiré los perfume y le pedí a Douglas que buscará a Eleanor inmediatamente. No podía sucederle nada malo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR