Prólogo
Prólogo.
Esa mañana estaba Maximiliano Alcazar en su enorme y elegante oficina, sentado frente a su escritorio, observando el suelo mientras bebía una copa de brandy y esperaba a su abogado sumido en sus pensamientos. Las palabras de el licenciado Montes la última vez que hablaron resonaban en su cabeza como un disco grabado. Esté le traía los balances de sus ingresos ese último mes, al ser el fundador y dueño de " Innova Tech Supernova Technologies" la compañía tecnológica más importante de todos los tiempos, obviamente debía de pasarle reportes constantemente de todas y cada una de las cuentas, pero lo que le dijo, aunque en un principio le molestó, poco a poco fue tomando cierta verdad. " Un patrimonio tan grande como el suyo no explica el como aún no tiene un heredero. Debería considerar la idea de tener una familia señor Alcazar."
A pesar de parecerle un metiche e impertinente, Maximiliano debía admitir que tenía algo de razón en lo que decía, tenía tanto dinero que no sabía que hacer con él. Y aunque apoyaba fundaciones benéficas y otras cosas su patrimonio no menguaba, ya que, el dinero de esas obras salía de otras áreas de la empresa que se dedicaban a él bienestar social. Por otro lado su gran imperio, el que le había costado tanto trabajo y dedicación, seguía y seguía creciendo día a día y por muy loco que sonara no había quien la dirigiera en caso de que a él le sucediera algo en algún momento, cosa que no sabía si pasaría o no, y a lo que debía estar prevenido puesto que no era tan apreciado por algunas personas.
Encontar una esposa estaba seguro que no sería difícil, sabía que habían millones de mujeres dispuestas a casarse con él y tener una vida de reina como la que podría brindarle a la madre de su hijo, el engendrar un hijo tampoco se le complicaría, era suficientemente capaz de hacerlo. El único y gran problema era que no quería, no quería casarse, ni tener una familia y mucho menos hijos. Él mejor que nadie conocía lo desdichada que podía ser una persona al estar en el mundo y no tener a nadie, lo que podía llegar a dañar un padre a su hijo sin proponérselo y lo que se sufría tras el abandono de una madre, la falta de afecto y soledad siempre habían estado presentes en su vida. Y ahora llegado el momento de pensar en ello rechazaba la idea totalmente. No sería él quien trajera al mundo a un niño no deseado por mantener su apellido con una descendencia sin importarle lo más mínimo si era abandonado o no, por qué a pesar de lo rico y poderoso que sería solo por ser su hijo, no estaba seguro de poder darle el cariño y atención que un niño necesitaba, no se sentía capaz, nunca había dado o recibido amor en su vida y eso, aunque lo ayudo a ser lo que era en ese momento, requeriría un problema al ser padre, por qué el dinero no llenaba el vacío tan enorme que se sentía al estar solo y no importarle lo más mínimo a nadie.
Sabiendo que su decisión era la correcta, una vez más, nego con la cabeza y acabo su copa. No, no sé casaría y mucho menos tendría un hijo, no estaba dispuesto a hacer sufrir a alguien y mucho menos a poder llegar a tener alguien que le importará, sus 28 años de vida le habían dado la experiencia suficiente para saber que eso del amor no era para él y así seguiría. Por lo pronto, buscaría un protegido, un joven al que instruir y capacitar para algún día, en caso de que él faltará, pudiera encargarse de sus compañías y de heredar su patrimonio.
Derrepente interrumpiendo sus pensamientos sonó el intercomunicador anunciandole que el licenciado Montes había llegado. Luego de dar la orden de entrada, miro su reloj dándose cuenta de sus dos minutos de retraso e irguiendose en su asiento con su habitual gesto serio, vio entrar al prestigioso abogado, de unos 50 años con un currículum intachable y experiencia suficiente como para encargarse de sus negocios, para despues aproximarse.
- Buenos días señor Alcazar - saludo cordialmente estrechando su mano al levantarse. El hombre estaba algo avergonzado se notaba, bueno Maximiliano lo notaba, puesto que tenía el don de con solo observar a las personas poder conocerlas casi tan bien como a si mismo, saber cómo actuarían y adivinar lo que dirían a continuación, además era bien sabido que él, en particular, odiaba la impuntualidad, por lo tanto sus empleado intentaban no llegar tarde a las citas que concedía. Era una persona muy ocupada y no estaba dispuesto a perder su tiempo esperando, eso había dicho alguna vez , lo cual era cierto, y solo esa frase unida a su fuerte personalidad y apariencia de frialdad e indulgencia habían servido para dejarles a todos en claro que clase de jefe se suponía que era.
- Buenos días licenciado - respondió invitándolo con un gesto a tomar asiento - ¿gusta tomar algo? - ofreció aunque su tono serio sirvió para dar a entender que estaba enojado por su tardanza.
- Oh no, muchas gracias - nego enseguida - siento mucho haber llegado tarde, pero lamentablemente la información que me pidió se tardó un poco más de lo esperado en llegar hasta mis manos - explico rápidamente.
- Comprendo. No sé preocupe - dijo clavando sus ojos verdes sobre él - y dígame ¿qué noticias me tiene? ¿consiguió lo que necesito? - pregunto sin tapujos, prefería ir a lo que le interesaba.
- Si, creo que esto es exactamente lo que busca - dijo sacando una carpeta de su maletín y colocándola sobre su escritorio - luego de una exhaustiva investigación encontré una persona que reúne los requisitos que pidió, una joven - empezó a decir viendo que Maximiliano tomaba la carpeta y la abría viendo la información guardada - Su nombre es Nathalie Valbuena, tiene 17 años y es una exelente alumna que destaca más que nada en las clases de tecnología.
Maximiliano vio todo lo que había en los papeles que había allí dentro y con estos venía un sobre amarillo el cuál abrió. Dentro de este había una fotografía de la joven, era rubia, tenía un precioso cabello dorado cayendo en ondas por sobre sus hombros, unos profundos y expresivos ojos color azul cielo que hipnotizaban a cualquiera, la nariz perfilada brindando elegancia a sus facciones delicadas y una hermosa sonrisa que se debatía entre inocencia y picardía. Era simplemente espectacular. Siguió leyendo la información, hija de Natalia y Bruno Valbuena, una vendedora en bienes raíces y un contador de categoría. Ambos habían fallecido en un accidente, actualmente vivía con una hermanastra de su padre y el hijastro de está, tenía exelentes notas en la escuela y era inglesa por parte de padre e italiana por parte de su madre, además menejaba los dos idiomas a la perfección.
- Aquí dice que vive con su tía - señaló Maximiliano extrañado - ¿por qué la hermana de su padre querría ceder su tutoría?
- Lo cierto es que la mujer no se lleva muy bien con su sobrina, ni siquiera la había visto antes de la muerte de los padres de la chica - dijo - ella asegura de que todo esto le cayó por sorpresa y que no desea hacerse cargo de la joven.
- Y por qué no la dejo con los de servicio social? - eso era una opción, si el familiar no la quería ellos se encargaban de buscar un lugar donde dejarla hasta cumplir la mayoría de edad.
- No estoy afirmando nada, pero creo que la señora tiene otros fines para con ella - dijo en voz baja - por la manera en como me habló de lo que implica tenerla bajo su cuidado y que quería ceder su custodia.
- ¿Cree que quiere beneficiarse económicamente con ella? - pregunto sorprendido a lo que el abogado asintió.
- Si, y por lo visto lo señorita Valbuena es... especial, una chica muy inocente a diferencia de otras - pauso - la señora Amelia la describió como tonta e ingenua.
No le extraño en lo más mínimo que la tía de ella se quisiera beneficiar de la inocencia de su sobrina, pero no dejaba de parecerle demaciado desconsiderado y cruel; así que leyendo una vez más aquello que decía la investigación del abogado y no queriendo permitir que la lastimaran, sin saber por qué tomo su decisión.
- Traigala - ordenó al licenciado, quien lo miraba atento esperando su respuesta - y encarguese de que quede a mi entero cuidado y responsabilidad legal - este asintió levantándose enseguida para irse a cumplir su tarea - licenciado Montes - lo llamo y este lo miro.
- Dígame señor Alcazar - volteo atento a la siguiente orden.
- Dele lo que le pida - autorizó. Después de un nuevo asentimiento el abogado se retiró dejándolo solo otra vez, Maximiliano volvió a mirar la foto de la que sería su nueva y más importante responsabilidad, salvar a esa niña y prepararla capacitandola para tener una vida exitosa sería su mayor reto.