Alessandro P.O.V Más tarde, mientras degustábamos el postre, una silenciosa Alessia se sentó en la mesa, tomando asiento junto a Allegria. El silencio descendió sobre la mesa, y era palpable la tensión que siempre acompañaba la llegada de Alessia. No era sorprendente para ninguno de nosotros; su ausencia o llegada tarde eran moneda corriente, al igual que sus problemas con las fiestas, el alcohol y su falta de responsabilidad. Los ojos cansados de la abuela Carmina reflejaron angustia, pero cuando miró a Alessia, su mirada fue seria y firme, no perdió el tiempo y la interrogó. —¿Por qué llegas tarde otra vez, Alessia? Alessia se encogió de hombros, y respondió con desgana. —Tenía algunos compromisos, abuela. Mis ojos se encontraron brevemente con los de Mariella, compartiendo una ex

