Los deseos de mi madre

912 Palabras
El aroma del café recién preparado llenaba la sala mientras desayunaba frente a mi madre, Katherine Chrysler, quien, como siempre, estaba impecablemente vestida y rodeada de un aura de control absoluto. Ella revisaba algo en su computadora portátil, con una mirada que mezclaba satisfacción y cálculo. —La fiesta de anoche fue un éxito —comentó sin apartar los ojos de la pantalla—. He reducido la lista a cinco opciones. Suspiré y dejé la taza de café sobre el plato con un leve tintineo. Sabía perfectamente a qué se refería. Desde que mi padre falleció, mi madre había tomado las riendas de la familia con una determinación implacable. Nada, ni siquiera mi vida personal, estaba fuera de su control. —¿Cinco opciones? —pregunté con un tono indiferente, aunque sabía que mi opinión no importaba mucho en este asunto. —Así es. —Giró la computadora hacia mí para mostrarme la pantalla, donde aparecían perfiles cuidadosamente detallados de cinco mujeres jóvenes. Cada una con su nombre, edad, educación, y, por supuesto, un análisis exhaustivo de su linaje familiar. —Todas son de buena familia, decentes, puras, con excelente carácter —enumeró mientras deslizaba el cursor sobre cada perfil—. Y lo más importante, están dispuestas a formar una familia contigo. —¿Dispuestas? —arqueé una ceja, divertido por la elección de palabras—. Me haces sonar como un sacrificio necesario, madre. —No te tomes esto a la ligera, Logan. Nuestra fortuna y el legado de tu padre dependen de que elijas bien. No podemos permitirnos errores. Observé los nombres y las imágenes de las jóvenes en la pantalla, sintiéndome como si estuviera en un mercado de esposas. No era algo nuevo; estaba acostumbrado a este tipo de dinámica en mi familia. Sin embargo, anoche había conocido a alguien que no se parecía en nada a estas cinco opciones cuidadosamente seleccionadas. —¿Mía Cáceres está en esta lista? —pregunté con un deje de curiosidad. Mi madre levantó la vista de la computadora y me miró con sorpresa. —No. Mía Cáceres no es una opción. Aunque su padre es un empresario destacado, su actitud anoche fue decepcionante. Parece que no está interesada en cumplir con las expectativas de una familia como la nuestra. No respondí de inmediato, pero una sonrisa sutil se dibujó en mis labios mientras recordaba cómo se había negado a bailar conmigo, su mirada distante y melancólica, y esa chispa de rebeldía que la hacía tan diferente. Quizás por eso no podía sacarla de mi mente. —Tal vez eso la haga más interesante —murmuré para mí mismo, lo suficientemente bajo para que mi madre no lo escuchara. —¿Dijiste algo? —preguntó Katherine, con el tono autoritario que siempre usaba cuando creía que no la tomaba en serio. —Nada importante, madre. —Volví mi atención a mi desayuno, pero en mi mente, Mía Cáceres seguía ocupando un lugar que ninguna de esas cinco opciones podía igualar. —Debo admitir que es bonita, pero aunque Cristóbal tiene un buen apellido, se casó con una pescadora sin educación. Esa niña no es una buena opción para ti, hijo. —Sus palabras eran afiladas, pero estaban envueltas en su tono usual de calma controlada. —Está bien —asentí, como siempre lo hacía, para evitar conflictos. Sin embargo, no era suficiente para ella. Su mirada penetrante buscaba algo más, una confirmación de que seguía siendo la única que podía decidir mi destino. —Cariño, aunque yo entiendo que has estado demasiado presionado, y tal vez como tu padre, necesitas diversión. Si la quieres como amante, puedo organizar un encuentro discreto. —Lo dijo con una frialdad que me heló la sangre. —No, mamá. —Mi voz salió más dura de lo que esperaba, mis palabras cortaron el aire como un látigo—. No necesito que me busques amantes. Por un momento, el rostro de Katherine mostró algo más que su habitual compostura. Sus ojos se entrecerraron con un destello de furia contenida, y el ambiente en la habitación se volvió tenso como una cuerda a punto de romperse. —¿Cómo te atreves a hablarme así? —dijo en un tono que era casi un susurro, pero cargado de autoridad—. Todo lo que hago, Logan, lo hago por ti. Por nuestra familia. Por nuestro legado. Tomé un sorbo de café, tratando de recuperar la calma. Sabía que enfrentarla directamente no llevaría a nada, pero también estaba cansado de ser tratado como una pieza en su tablero de ajedrez. —Lo sé, madre —respondí, esforzándome por mantener mi tono neutral—. Y lo agradezco. Pero hay cosas que puedo manejar solo. —¿De verdad crees eso? —Se levantó de su silla, su presencia dominando la habitación—. Logan, el mundo no funciona como tú crees. Las decisiones equivocadas pueden destruir todo por lo que hemos trabajado. No respondí. En el fondo sabía que discutir con ella era inútil. Katherine Chrysler no aceptaba desafíos, ni siquiera de su propio hijo. Mientras volvía a sentarse, recuperando su compostura, me di cuenta de que esta conversación no era solo sobre Mía Cáceres. Era sobre control, sobre quién tenía el poder en nuestra relación. Y aunque la dejé ganar esta vez, no podía evitar pensar que había algo en Mía que mi madre nunca entendería. Algo que me hacía querer desafiarla, aunque fuera solo una vez.
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