Mía Me desperté con un dolor de cabeza insoportable, como si el peso de la noche anterior se hubiera trasladado a mi cuerpo. Había tenido náuseas y mareos, pero estaba segura de que no era nada grave. "Embarazada no estoy", pensé, recordando que nunca olvidaba mis pastillas. Ni siquiera me molesté en cepillarme el cabello. Bajé descalza y con un suéter viejo, arrastrando los pies hasta el comedor. Mis padres ya estaban allí, impecables como siempre. —¿Cómo acabó la fiesta? —pregunté mientras tomaba un trozo de pan del centro de la mesa—. ¿Quién fue la ganadora del sorteo del millonario? Mi madre levantó la vista de su taza de café, con ese gesto que siempre me hacía sentir como si estuviera a punto de darme una lección. —Mía, no debiste rechazar a Logan Chrysler. —Su tono era una mezc

