La semana pasa y todos los días espero que el chico me escriba... pero no lo hace.
Lo busco por la universidad, pero no me acuerdo del nombre y no quiero preguntarle a mi hermana, no quiero que sepa que estoy haciendo un trabajo con él.
- ¡Viernes! - Mel se sienta a mi lado en el sofá y retiro mis audífonos - ¡por fin, viernes!
- ¿Qué tiene que sea viernes? - pregunto acomodando la página de mi libro.
- Ósea hellow, fin de semana - me dice como si fuera obvio - fiesta, cariño... fiesta.
- ¿Vas a una fiesta? - niega.
- Vamos... quisiste decir - suelto una risa burlona.
- No voy a fiestas, Mel... estoy muy ocupada - continuo en mi lectura.
- Todos van a ir a esta fiesta, la está organizando Omega... tenemos que ir o será la muerte de tu vida social en la universidad.
- No tengo tiempo - la miro con mi cara de molestia.
- Pues tendrás que sacar tiempo de donde no lo tienes y acompañarme... no voy a dejar que tu vida social muera. ¡Eso jamás!
Mel se levanta refunfuñando y sale de la sala de estar. Jamás he entendido a quién nos parecemos.
Papá y mamá son muy diferentes a ambas.
- ¡Vita! - el tío Robert hace su entrada triunfal y abre los brazos para que lo abrace.
Lo hago con una sonrisa en el rostro y me carga para girarme por la habitación.
- Te traje esto - me entrega una bolsa después de bajarme al suelo
- Gracias tío - beso su mejilla y Mel llega gritando a la habitación.
Abrazos, besos y giros por la habitación.
La misma bolsa que recibí la recibe mi hermana y la abro para mirar que hay dentro.
Abro la bolsa y unas puntas de Ballet con un leotardo n***o están dentro. Cierro la bolsa de inmediato y voy a mi habitación emocionada para probarla.
No tengo idea que le dio a Mel, no me quede para averiguarlo. No quiero que nadie sepa que estoy bailando aparte de mi tío Robert.
Él me llevó a este mundo cuando era muy pequeña y me encanto la primera vez que vi bailar a las chicas, me quede desde entonces.
Mi teléfono suena y un número desconocido aparece en la pantalla.
Contesto con un: buenas noches, soy Vita Johnson.
- ¿Sabías que tu nombre significa vida en italiano? - el tono de su voz es ronco y suave, esa corriente de nuevo por mi piel.
- El texto de QUINIENTAS PALABRAS, es para unos días, ¿por qué apenas escribes?
- Dijiste que estabas ocupada - ese tono de voz de nuevo.
- no tienes por qué interesarte en sí, estoy o no estoy ocupada. Estaba muriendo de la ansiedad.
- No mueras, Vita. Nos vemos mañana, yo paso por ti - ¿qué? Estoy por contestarle, pero cuelga el teléfono.
Idiota...
Aprovecho para dormir hasta tarde antes de ir al hospital, hoy tenemos programada una cirugía y quiero asistirla.
Le pido a Gref que me lleve al hospital y después de una tarde llena de sangre y olor a hipoclorito. Salgo del hospital casi dormida.
Gref está esperándome y abre la puerta para mí.
Me acomodo dentro del auto y caigo en un profundo sueño.
Hasta que Gref me llama avisándome que llegamos a la casa. Miro la hora en mi muñeca y son las diez de la noche.
- ¿Estuvo pesado el día, no? - asiento y me levantó del auto.
- Ay Gref, un día de estos voy a quedarme dormida en los pasillos.
- Debería de descansar por un tiempo, no sé cargue de más trabajos y más actividades extracurriculares... por un tiempo - remata.
- Lo pensaré Gref - le sonrió - muchas gracias - le tiro un beso y entro a la casa.
Mel, está esperándome con una cara...
Mierda... me olvidé por completo de ella.
- Estoy lista, hace dos horas ¿Dónde estabas? - cruzo mis brazos.
- ¡Estaba ocupada! - me mira y cruza los brazos igual que yo.
- Toma - me entrega una bolsa - póntelo con estos zapatos, en treinta minutos voy a maquillarte y peinarte - la miro como si estuviera loca.
- Mel, ¡no quiero ir! - le devuelvo la bolsa.
- Ja, si no vas conmigo a la fiesta. Le diré a papá a donde vas los lunes por las noches - mira sus uñas - sería perfecto agregar bailarina de Ballet al curriculum de buena esposa - abro la boca asombrada
- ¡No te atreverías!
- ¡Lo haría! - me mira desafiante - pero, lo olvidaré si me acompañas a la fiesta - se levanta del sofá con la advertencia de que en treinta minutos llegara a mi habitación.
Dormir... Naaaa
Eso no importa, ahora tengo que tomar un baño y ponerme lo que sea que haya en esa bolsa y los zapatos que miden como doce centímetros.
Mierda, Mierda, Mierda.
Resignada, tomo un baño caliente y busco ropa interior adecuada para el vestido que no he visto.
Ah genial, por lo menos es de mi color favorito... n***o.
Usaré solo bragas, no necesito el sostén y se amolda perfectamente a mi cuerpo. Acomodo los zapatos y Mel entra a la habitación sin tocar, justo treinta minutos después.
Lleva el mismo vestido que tengo, pero en blanco... juraría que tampoco tiene sostén.
- No pensé que te diría esto, pero luces genial - besa mi mejilla y comienza a construirme la cara.
Giro para mirarme al espejo y me sorprendo al verme.
- Te ves preciosa - pone sus dos manos sobre mis hombros - por fin pareces mi hermana - me mira con una sonrisa y sonrió también.
Buscamos al conductor designado y salimos para la dichosa fiesta...