De vuelta en el año 1941, Amir se encontraba junto a su esposa y su hija en la sala del hospital ambulante, habiendo ya desayunado, por lo que les hicieron saber que iría por ellos un transporte de servicios sociales para llevarlos a un verdadero refugio, donde tomarían sus datos y harían lo posible por insertarlos en la sociedad en la cual vivirían de ahí en más. Los tres estaban lo suficientemente nerviosos como para respirar con pesadez mientras estaban sentados en unas largas bancas, esperando por dicho llamado. La pequeña le daba confort a su madre por medio de caricias en sus manos, teniendo disponible en uno de sus brazos al elefante de felpa que nunca le abandonaba. La mujer le acariciaba el cabello con dedicación de vuelta, mientras dedicaba miradas cansadas a su esposo, se enco

