VLADISLAU Releo una vez más los papeles que tengo entre las manos, intentando tomar una bocanada de aire que nunca llega. Mis malditos pulmones parecen haberse declarado en huelga. La presión en el pecho es tan densa que siento que me va a partir en dos. La sangre me hierve. La ira se arrastra por mis venas como un veneno corrosivo, uno que amenaza con consumir cada jodida célula de mi cuerpo. Tres cargamentos robados. Esa frase hace que mi corazón retumbe contra mis costillas como si quisiera salirse. El ritmo es tan frenético que duele. Siento el pulso ensordecedor vibrar en mis oídos mientras la furia me ciega por segundos. ¿Quién mierda se atreve a robarme? ¿Quién tiene las pelotas de desafiarme en mi propia casa? ¿Acaso creen que por no ser tan impulsivo como otros miembros del c

