ARTEMISA Masha se gira hacia mí con una sonrisa que no me resulta fingida. Es... cálida. Humana. No está forzada ni esconde lástima, como la de la mayoría. Se acerca con pasos lentos, midiendo mi lenguaje corporal, como si supiera que podría romperme si se mueve demasiado rápido. —Realmente eres preciosa —susurra con una sinceridad que me deja sin aliento—. Ahora entiendo por qué Vladislau está obsesionado contigo. Trago saliva. Me quedo quieta. A la defensiva. Hasta que extiende la mano hacia mí, con la palma abierta, esperando a que yo la tome. Vacilo. No porque le tema... sino porque no sé cómo se hace esto. No sé cómo se conecta con alguien sin necesidad de protegerse primero. Aun así, cedo. Toco su mano. Es suave. Femenina. Cálida. Sus uñas están pintadas de un rosa empolvado, del

