VLADISLAU Todo es un caos. Sangre. Disparos. El olor espeso a pólvora arde en mi garganta, mezclado con el hierro de la sangre. Golpes secos y gritos cortados por el sonido de las balas. La adrenalina me quema las venas, el corazón golpea tan fuerte que parece querer salirse del pecho. Me siento vivo... demasiado vivo, después de tanto tiempo. No soy como otros del Consejo, que se excitan con una pelea, pero tampoco voy a negar que arrebatar el último aliento a un enemigo provoca un frenesí oscuro que creía enterrado. Esa sensación de poder al robarles la vida... la había olvidado. —¡Los tenemos! —avisa Call, su voz cortando el estruendo. —Que no quede nadie vivo —ordeno con un tono frío, sombrío, que no admite réplica. Call aparece entre la humareda con los tres niños. Agustín mantie

