ARTEMISA El camino hacia el lugar donde nos dirigimos nos toma casi una hora. El corazón lo llevo a mil desde que salimos del ático de mi príncipe. El viaje ha sido silencioso, pero no incómodo. A pesar de que Agust no es de los que hable mucho, el hombre, aunque transpire peligro, cuando sabes que estás de su lado bueno, tiene esa cosa que te hace sentir protegida, como si la oscuridad misma se doblegara a su voluntad. —¿Cómo sabes todos los puertos donde el Padrino opera? —rompe el silencio con ese tono de voz rasposo, como si cada palabra estuviera hecha de cuchillas. Me encojo de hombros sin apartar la mirada de la ventana. Las luces de la calle parpadean como si fueran a apagarse en cualquier momento. Solo quedan pocas personas transitando, y la oscuridad ya ha tragado casi por com

