ARTEMISA El viaje de regreso al ático de Vladislau fue en completo silencio. No un silencio incómodo, sino de esos que envuelven, que te permiten ordenar pensamientos, sopesar opciones, trazar planes. De esos que se sienten como una antesala a algo inevitable. Y yo tengo mi objetivo claro, tan marcado como una herida abierta: destruir al padrino. No puedo permitir que siga extendiendo sus garras sobre quienes me han dado tanto. No puedo dejar que intente envenenar lo que tengo con Vladislau. No mentí cuando le dije que también quería protegerlo. Esa es mi prioridad absoluta: mi príncipe. Me muerdo el labio al recordar lo ocurrido en la bodega. El modo en que mi cuerpo vibró con cada muerte, como si la adrenalina me hubiese inyectado la droga más letal y deliciosa que existe. La sentí re

