ARTEMISA Me termino de dar una ducha. Después del fiasco de hoy, Vlad se quedó en casa. Aksel tuvo que salir a encargarse de un asunto. Ambos estaban raros. Sus miradas cruzadas, el silencio entre frases. Pero no quise preguntar. No estoy de ánimo para cargar con más cosas. No hoy. Salgo del baño con el cuerpo envuelto en una toalla. La humedad de la piel contrasta con el ambiente cálido del ático. Me seco despacio, como si mi mente estuviera en otro sitio. Quizás intentando no pensar en Eleanor, en su cara desfigurada por la sorpresa y el dolor. En mi grito. En mi rabia. Cuando salgo al dormitorio, Vlad está sentado al borde de la cama. Su camisa negra abierta hasta el pecho, los pantalones oscuros, descalzo. Pero lo que realmente me inmoviliza es su mirada: fija, hambrienta, paciente

