Prefería estar donde pudiera hacer pie sin problemas y prefería no bañarse casi nunca. Le encantaban los botes y el mar en general, pero sólo para navegar y recrearse en él, ¿pero nadar en él? ¡Ni hablar! Por eso sabía, que la sensación que la estaba invadiendo era muy parecida al miedo, eso la hizo reflexionar. Se preguntó a sí misma para saber que le preocupaba de eso y llegó a la conclusión de que temía que si ese hombre se decidía a hacer cualquier cosa con ella, quizás no tendría el valor, ni la fuerza, para evitarlo. Ese nuevo pensamiento la hizo envararse en la silla, su madre, que tenía un rato observando los cambios en su rostro y la preocupación que mostraba en sus ojos, le hizo un llamado cariñoso mientras le acariciaba la mano que te iba sobre la mesa. —¿Te pasa algo, querid

