Al llegar las chicas, luego de las presentaciones de rigor, una de ellas se sentó cerca de Ronald mientras que la otra le dirigía una mirada apreciativa a Andrew. Este no se encontraba muy cómodo con la situación, conocía demasiado bien las “amigas” de Ronald, se podría decir que no eran “chicas de su casa” como diría la abuela Mary Durham. Su abuela era una mujer de ideas muy abiertas, a pesar de su edad, le gustaban las chicas modernas, en especial las que se abrían paso a pulso por ellas mismas, aquellas que era capaces de vivir sus vidas sin que un hombre las mantuviera. pero en cuanto a esa parte moral, de que una chica se entregara a un hombre diferente cada semana o cada noche que saliera, eso no le entraba en la cabeza. Ella solía decir: “Una mujer no necesita andar repasando hom

