Capítulo 4. No me llames papi.

1838 Palabras
POV. MONALISA. —¿Entiendes? —preguntó mamá y asentí afirmativamente. —Sí, mamá. —Él es nuestro... —Mamá, voy a llegar tarde a clases. Me lo has dicho una y otra vez. Seré amable y respetuosa con él. Lo llamaré señor y seré formal. Haré todo eso. —Genial. ¿Regresas a casa esta noche o te quedas en casa de Francesca? —Me preguntó mamá. —No lo sé muy bien... —No desperdicies tu tiempo libre deambulando si no es con Francesca. Solo vuelve a casa y quédate conmigo, ¿de acuerdo? —preguntó ella. —Está bien. Solo volveré a casa —respondí y me acerqué para besarla en las mejillas antes de alejarme y decirle adiós. Salí de casa con mi mochila en la mano. Era un nuevo día y estaba haciendo todo lo posible por no pensar en lo que había sucedido anoche. Mamá me había dicho que él acababa de regresar al país ayer y se estaba mudando a la mansión frente a la nuestra. Miré la hermosa y enorme mansión que estaba frente a nuestra casa y asentí firmemente. Para ser dueño de esa mansión y de todo este terreno, ese hombre debía ser multimillonario. Aparté los pensamientos sobre él de mi cabeza una vez más y me dirigí a la universidad. * —¿León realmente terminó contigo? —Francesca, mi mejor amiga, preguntó en un susurro. —Sí, hablemos de ello cuando termine la clase —le susurré de vuelta. —Ese pequeño bastardo. ¿Cómo pudo hacer eso? —Francesca resopló y volvió su atención al profesor. La clase casi había terminado y podía ver que Francesca apenas podía esperar a que eso sucediera. En unos minutos, la clase concluyó y el profesor se fue. —Háblame de ello, Lisa —Francesca se volteó de inmediato para enfrentarme y suspiré suavemente. —Dijo que soy demasiado... —Miré a mi alrededor. —Tal vez deberíamos ir al café y hablar de esto allí —dije poniéndome de pie. Francesca hizo lo mismo y nos dirigimos al café, durante todo el camino Francesca se quejaba de cómo iba a destrozar el cuerpo de León por terminar conmigo. Finalmente nos instalamos en el lugar, pedimos dos tazas de café y nos preparamos para hablar. —Así que, Leon dijo que soy demasiado insensible a los toques de un hombre y que debería convertirme en una monja virgen de una vez —encogí los hombros y bebí un poco de mi café. —¡¿Qué?! ¿Ese pequeño bastardo quién se cree que es? Debería considerarse afortunado de que aceptaras salir con él en primer lugar. Está muy por debajo de tu nivel —respondió Francesca. —¿Sabes qué? Tengo una idea —dijo Francesca mientras dejaba mi taza de café sobre la mesa. —¿Qué idea es esa? —Tienes que salir con alguien más. Alguien más atractivo que León. Apuesto a que es culpa suya que no te excites cuando estás con él. Solo encuentra a otro chico que te excite y... Ya no podía escuchar lo que Francesca estaba diciendo, ya que sus palabras anteriores se repetían en mi cabeza. —Otro chico que me excite… Solo podía pensar en una persona. La persona que ni siquiera debería estar pensando. —¿Lisa? ¿Me estás escuchando siquiera? —Golpeó la mesa y me sobresalté. —¿Sí? Sí, lo estoy. Estoy escuchando. —No parece que sí. ¿Estás tan destrozada por la ruptura? —Su rostro se volvió suave y emotivo. —No realmente —murmuré. —Por supuesto, no estarías tan herida. Solo salieron durante tres o cuatro meses, ¿no es así? Pero te distrajiste, ¿en qué estabas pensando? —Francesca preguntó. —Nada. Nad en absoluto —respondí, sin querer recordar la noche anterior. —Puedo presentarte a un chico nuevo. ¡Es súper atractivo! Uno de los chicos más guapos de la universidad en este momento —me dijo. —¿En serio? —Sí. Estoy segura de que te vas a poner cachonda solo con verlo —Francesca se rió. —Espero que sí —murmuré distraídamente. —Te lo presentaré mañana. Prepárate para perder esa tarjeta de virginidad de la manera más dulce posible, Lisa —chilló ella. ** —Mamá, ¿de veras tengo que llevarle estos cupcakes? —le pregunté a mamá con una queja, aferrándome al plato de cupcakes en mis manos. Ya estaba en casa y después de la larga charla de mamá, estaba a punto de darle los cupcakes a Lucius Devine. —Sí, Lisa. Tenemos que ser lo más amables posible con él por permitirnos quedarnos aquí durante tanto tiempo y financiarnos en gran medida. Él es como un padre para ti, ¿de acuerdo? —mamá me preguntó y solo apreté los labios en una línea delgada. Nadie le hace sexo oral a su padre, ¿verdad? Pero yo sí le hice sexo oral a esta figura paterna. —Está bien, solo se los daré de manera amable y respetuosa. Solo haré eso —le respondí y me alejé. Era obvio que mamá estaba muy agradecida con el Sr. Devine y sí, yo también estaba agradecida, pero no podía evitar sentirme nerviosa e incómoda al darle los cupcakes después de lo que sucedió la noche anterior.  Inmediatamente llegué a las puertas de su casa, me detuvieron unos hombres de traje n***o. Nunca los había visto antes y no eran los guardias de la propiedad a quienes conocía bastante bien. —Vivo justo ahí —les dije a uno de ellos, señalando hacia nuestra casa—. ¿Su nombre, señorita? —preguntó él. —Lisa —respondí simplemente y se alejó de mí para hacer una llamada telefónica. Unos segundos después, volvió. —Por favor, pase —me dijo. —Gracias —murmuré y entré, preguntándome por qué este hombre necesitaba tantos hombres para proteger su lugar a pesar de la cantidad de seguridad que ya tenía la propiedad. No le di importancia y me detuve frente a la puerta. Respiré profundamente y solté el aire antes de agarrar el picaporte. La puerta se abrió automáticamente y la empujé.  Él debe haberla abierto. Entré a la mansión, que era simplemente impresionante. ¿Acababa de llegar al país, verdad? Entonces, ¿cómo había amueblado este lugar tan bien ya? "¡Es un multimillonario, Lisa!" me recordé a mí misma y me detuve en la sala de estar. —Estás aquí —escuché su voz profunda y sexy. Perdón por usar la palabra sexy, pero simplemente no pude evitarlo. ¡Era la verdad! Miré hacia la dirección de la voz y lo vi bajar las escaleras sin camisa, como si tuviera la intención de seducirme. Solo llevaba unos pantalones de chándal grises e intenté no mirar sus perfectos abdominales, pero no pude evitarlo y luego mi mirada bajó y volví a intentarlo. Créeme, intenté no mirar hacia su entrepierna, pero lo hice de todos modos y pude ver el contorno de su m*****o. Ese gran y grueso m*****o que llenaba mi boca y me hacía sentir tan llena. Ese m*****o se acercaba hacia mí ahora y, como si fuera lo más natural del mundo, mis pezones se endurecieron. —Estás mirando inapropiadamente, Lisa —dijo él y rápidamente aparté la mirada, sintiendo que mis mejillas se calentaban. Apreté mis muslos rápidamente y miré hacia otro lado. Seguí mirando hacia otro lado hasta que sentí que él se acercaba a mí, lo suficientemente cerca como para que mis fosas nasales pudieran percibir el olor de su colonia. Tragué saliva y me volví hacia él. —Hola, Sr. Devine —le mostré una sonrisa incómoda como el infierno—. Mi mamá me pidió que te diera estas magdalenas. Recién las hizo y... —apreté los labios, sin saber qué más decir. Estar cerca de este hombre me había dejado sin palabras. —Anoche fue un error. Te confundí con otra persona y aunque no sé por qué jugaste junto a mí, espero que entiendas que quiero que lo olvidemos. Como si nunca hubiera sucedido —me dijo y me alejé dos pasos de él, para poder hablar mejor, lejos de toda esa... Sensualidad. —No tuve intención de jugar junto a ti y normalmente no soy así… —no sabía por qué sentía la necesidad de aclararlo—. Anoche simplemente sucedió. No estaba con mis pensamientos en orden y estoy contenta de que las cosas no hayan ido más allá de lo que paso —eché un vistazo a su entrepierna, sin poder evitarlo. —Lisa, mis ojos están aquí arriba —dijo y rápidamente volví a mirarle el rostro. —Quiero aclarar las cosas entre nosotros. Serás como una hija para mí y yo seré como un padre para ti —dijo e inmediatamente al decir esas palabras, solo pude pensar en una palabra más... Papi. No sé si ese pensamiento era inocente o verdaderamente sucio, pero mi boca balbuceante dejó escapar algunas palabras tontas. —Si serás como un padre para mí, ¿puedo llamarte papi? —pregunté y lo escuché gruñir profundamente. Al segundo siguiente, me había jaloneado hacia él, haciendo que el plato de magdalenas que tenía en las manos se cayera y antes de que pudiera hacer algo... A pesar de que realmente no estaba intentando hacer algo, se inclinó a mi altura y tomó mis labios con su boca y ¡maldición! Sus labios encajaban perfectamente con los míos. Anoche fue la primera vez que succioné y lamí un m*****o, pero esto no fue mi primera vez besando, ¡fue la mejor vez que besé! Había oído historias de chicas que se desvanecían de las rodillas mientras besaban, pero nunca lo había sentido hasta ahora, con este hombre mucho mayor que yo, sentí que mis rodillas se debilitaban. Sus labios rozaron los míos con fuerza y con un toque de posesividad, su brazo rodeaba mi cintura, acercándome aún más a su cuerpo y ahí fue cuando me di cuenta. ¡Este hombre se había excitado! Su gran miembr0 presionaba mi estómago en ese momento mientras su lengua encontraba el camino hacia mi boca. Dejando salir un suave gemido en el beso, me froté contra su erecci0n y lo escuché emitir un gruñido bajo y profundo que no hizo más que ponerme más mojada, pero al segundo siguiente, se apartó del beso y me sostuvo la barbilla con su mano derecha mientras su mano izquierda seguía en mi traser0. —No jodas llamándome papi la próxima vez —apretó mis mejillas e ignorando la mirada seria en su rostro, gimió de nuevo. —Gamo, sal de aquí. (ελάφια) (Perdón y sal de aquí) —se apartó completamente de mí y se dio la vuelta. Pero yo quería más de este hombre. Este hombre que me hizo sentir tan mojada sin tener que intentarlo.  Quería que él fuera el primer hombre que me f0llara.
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