Indomable

2361 Palabras
Mario Lombardi es un poderoso e imponente mafioso que controla todo lo que tenga que ver con negocios en Módena- Italia; siempre se encuentra muy bien protegido por Nico Mancini, quién es el jefe de seguridad. El ambiente es bastante pesado, y más hoy debido a que se van a llevar delicadas negociaciones entre Mario y Stefano Lombardi, su hermano; a pesar de que son hermanos hay una fuerte rivalidad entre ellos dos. A pesar de que años atrás reunieron sus fuerzas para acabar con un poderoso mafioso, todo para quedarse ellos dos con el control total, la ambición de Stefano es mucho más grande que el lazo de sangre que lo une con Mario. Mario es catalogado y nombrado como el gran jefe, su poder es bastante denso, que nadie puede lograr imaginar sus alcances; tanto así que ha invertido bastante dinero en cuestiones de política, sin hablar de la policía que de cierta manera todos trabajan para él. Él es un hombre impaciente, estricto, vengativo, agresivo y castiga severamente a quien pretende engañarlo. Para este tipo de reuniones suele utilizar como refugio uno de sus más grandes casinos en Italia. Sus hombres ya se encuentran en posición por si se llegara a presentar algún tipo de inconveniente con Stefano; y más porque la reunión de hoy será con un tema el cual a su hermano nunca le ha agradado. Los clientes ajenos a esta vida que suele llevar Mario, al ver tanto movimiento de hombres armados deciden retirarse del lugar; allí dentro tan solo se encuentran los hombres que cuidan del poderoso rey de la mafia. Él se encuentra sentado tranquilamente al lado de una de sus mesas favoritas, le gusta sentirse superior e imponente, por ende nadie le lleva la contraria; sobre la mesa se encuentra una botella del trago más fino en Italia. Nunca acostumbra compartir la mesa con nadie que no lo merezca, el único que tiene acercamiento con él es Nico, quien unos años atrás con su esfuerzo logró salvar su vida, él recibió un bala en su hombro para evitar que le dieran a su jefe. Poco tiempo después Stefano hace presencia en el lugar; los guardaespaldas de él son tantos, que el lugar queda completamente lleno; a pesar de su número no logran superar el personal que se encuentra al servicio del jefe de la mafia. Mario se da cuenta de la presencia de su hermano de inmediato saca un puro y lo lleva a su boca, mostrando su superioridad. —Hola Stefano, ¿qué es lo que quieres de mí para que me hayas hecho venir hasta este lugar con tanta urgencia? —su voz ronca sobresale ante la música suave que hay de fondo. —¡Mario!, mírate Mario, luces estupendo llevándote todo el crédito de lo que muchos hacemos a cambio de nada —Mario levanta la mano y toma el puro entre sus dedos estira sus brazos alardeando de su trono. —A cada quien se le da lo que corresponde, mi valor es mucho más resaltable que el tuyo y que el de los demás, soy yo quien tiene todo a mi favor y no tengo por que estar escondiéndome como una rata —Stefano ante sus negocios debe actuar bajo perfil porque la policía se encuentra bastante cerca de dar con él. —He acudido a ti por una simple y llana razón, me han decomisado toda la mercancía que traía para ser repartida en los barrios bajos; no puedo pasar por alto que tienes suficiente alcance como para hacer que me la devuelvan —ante sus palabras Mario soltó una sonora carcajada. —Toma asiento, ¿dime en qué yo saldría beneficiario?, no quiero tener nexos contigo, haces las cosas de la peor manera posible, siempre estás llamando la atención de las autoridades, así que lo único que quiero es mantenerme lejos de tus negocios —Stefano tensa su mandíbula, estira su mano y toma la botella, luego sirvió un vaso hasta el rebose. —Lo que me han decomisado no simplemente eran artículos robados. —De un solo sorbo bebió todo el contenido del vaso—. La mayor parte eran drogas, su valor es bastante elevado, quería sobresalir al igual que tú lo sueles hacer, pero lo único que he conseguido es una enorme pérdida. »Si logras recuperar lo que es mío te aseguro una tercera parte, además te tendré en cuenta en una próxima negociación —con una enorme sonrisa en su rostro Mario lo observa minuciosamente. —No puedo creer que quieres compararte conmigo, por más que te esfuerces nunca lo vas a lograr; debiste haber aceptado la oferta que te hice años atrás, así estuvieras a mi lado como socio, pero decidiste irte a hacer de tu vida una completa mierda. »No vayas a creer que no estoy enterado que estás tratando de sacarle dinero a los negocios a los que les brindó seguridad, amenazas con prenderles fuego donde se atrevan a pronunciar la más mínima palabra conmigo. »Déjame te informo que una cosa es que seas mi hermano, otra muy diferente son los negocios, así que humildemente por aquel lazo de sangre que nos une te exijo que te marches de este país, con el dinero que tienes a tu favor podrás hacer de las tuyas en cualquier lugar del mundo. »No has hecho nada bueno, todo lo contrario no pierdes oportunidad para querer causar problemas, la única manera de que logre cambiar de decisión es que decidas dejar tu vida en el exilio y aceptes estar a mi lado. »Tendrás que inclinar la cabeza ante mí, aceptar y reconocer que yo soy el jefe, recibirás y aceptarás órdenes a mi antojo sin poner la más mínima resistencia; tus negocios tendrás que dejarlos en el pasado, porque todo lo que hagas lloren adelante en la que ser con mi permiso. De inmediato Stefano se levantó de la silla, llevando su profunda mirada en él, luego sin decir una palabra levantó su cabeza y observó todo a su alrededor. —Todo lo que tienes en cierta parte ha sido gracias a mí, porque de lo contrario seguiría siendo el mismo hombre obstinado y aferrado al mundo lleno de ilusiones —Mario con su dedo índice juega con el bordo del vaso dando vueltas. —Nada de eso, si todo fuera tan fácil, mi pregunta es sencilla ¿por qué si te sientes superior no eres tú quien se encuentra en mi lugar? —Stefano traga saliva ante el comentario de su hermano—. No tienes la suficiente astucia para lograrlo, siempre has pensado ser un simple servidor. »Pero en cuanto a mí, por mis venas corren las enormes ganas de resaltar y ser superior —Stefano lleva sus manos a los bolsillos, tensó la mandíbula y se acercó nuevamente a él. —No juegues conmigo, acaso crees que ya se me olvidó de dónde sacas tanto dinero para sostener a tus casinos, clubes, bares, restaurantes y demás propiedades; escúchame bien porque seré muy claro —mientras que Stefano habla Mario lleva el puro a sus labios. »Si tú no aceptas querer estar de mi lado, sabes que soy bastante poderoso y muy peligroso estando como enemigo, en el caso en que tú no quieras tener negocios conmigo, de inmediato iré con Santino Rossetti —de inmediato cómo escuchó Mario el nombre de su enemigo, él se levantó de la silla y fijó su mirada fría y penetrante en su hermano. —No estés queriendo jugar conmigo, sabes perfectamente las consecuencias que caerán sobre ti donde quieras aliarte con mi enemigo, porque donde lo hagas olvidaré que somos hermanos, tu cabeza tendrás que esconderla en lo profundo de la tierra. »Sabes muy bien que no soy un hombre que da segundas oportunidades, así que simplemente piensa muy bien las cosas, es diferente que te permita vivir libremente tratando de hacer tus negocios por tus propios méritos que vayas con mi enemigo y pretendas continuar llevando la misma libertad. »Prefiero aceptar el maldito trato que me has hecho, y no llegar a casarte como a cualquier alimaña luego de que te mezcles con Santino Rossetti —Mario giró la cabeza levantó su mano y con sus dedos indicó a Nico que se acercara. —Señor —respondió él mientras mantenía su cabeza baja. —Quiero que recuperes lo que ha perdido mi hermano, una vez lo consigas se lo haces llegar, cerciórate de que todo se encuentre completo. —Nico asintió y se retiró. »En cuanto a ti —se dirige a su hermano mientras lo señalaba con el puro—. Nunca más vayas a volver a intentar chantajearme como lo has hecho el día de hoy, porque te aseguro que lo vas a lamentar por el resto de tu vida. —Eres un hombre bastante poderoso, y un simple favor a tu hermano no causará que pierdas la reputación de tanto cuidas —Stefano levanta la mano e indica a sus hombres que se van de salida. —Cuídate Stefano, deja de actuar como un completo idiota y piensa más antes de cometer tantas estupideces —ante las palabras de Mario lo único que tiene por respuesta es completa indiferencia. En cuestión de pocos minutos Stefano y su gente se marcharon del lugar; el hecho de que Mario hubiese aceptado no quiere decir que sea un hombre débil, todo lo contrario su mente se encontraba en otro nivel, llevaba bastante tiempo tratando de debilitar a su enemigo. Pero una vez su hermano logrará tener algún tipo de alianzas con él, todo iba ser completamente diferente, Mario sabía que su hermano no simplemente era un idiota, a pesar de todo en muy poco tiempo era capaz de reunir suficiente dinero, hombres y armas como para desatar una buena guerra. Luego de aquel cruce de palabras él regresa a la mesa y sirve un trago más hasta rebose, bebé de lentamente mientras que piensa en la cita que tiene, levantó su mano izquierda y fija la mirada en la hora. Gracias a su hermano esta era la primera vez en que iba a llegar tarde a una de sus encuentros personales, de inmediato Mario tensó la mandíbula apretó los puños e indicó a sus hombres para partir. Una caravana de autos salió sigilosamente en dirección a uno de sus más finos y reconocidos restaurantes, yendo de camino retiró su saco, soltó la corbata y luego se retiró la camisa, quedando su cuerpo musculoso y tatuado a la vista. Con quién se iba a encontrar eran personas muy importantes, así que un buen aspecto iba a ser bastante necesario para que el encuentro; mientras se cambia inclina un poco su cuerpo hacia adelante y le ordena al conductor que vaya más deprisa. Unos cuantos minutos más tarde los autos se detienen frente del restaurante, los guardaespaldas de inmediato rodean el lugar, además de estar allí los hombres que cuidan de aquellas personas la seguridad de Mario refuerza el lugar. Ingresa dando pasos largos, yendo deprisa para que su impuntualidad no sea cada vez más, a la vista logra ver aquellas personas que lo esperan, a pesar de que Mario no solía sonreír con frecuencia, en esta ocasión es lo contrario. Salvatore Lombardi, su pequeño hijo de ocho años lo ve como el mejor hombre del mundo, ante la presencia de su padre se levanta de la silla abre sus brazos y corre hacia él. —Hola papito, no logras imaginar cuánto te he extrañado, en casa dejé todo organizado tal y como tú lo dijiste, me siento muy feliz porque pronto voy a terminar el libro que me obsequiaste —Mario inclina su cuerpo y le brinda un fuerte abrazo a su pequeño hijo. —Hola hijo, no logras imaginar el orgullo que siento al tener un hijo como lo eres tú, eres disciplinado, entregado, honesto y amoroso —Mario levanta su mano y acaricia la barbilla de su hijo. Los dos caminan hasta la mesa, allí se encuentra una mujer con una enorme sonrisa en espera de su amado, ella es Sofia Valentini, una mujer amorosa, respetuosa, confiable, sin hablar de lo hermosa que es; Mario ayuda a su pequeño a regresar a la silla, luego se dirigió directo a ella. —Hola mi amor, no logras imaginar cuánto te eché de menos, ha sido el día más largo de mi vida, tanto así que se me hizo tarde —habla él mientras acerca su cara a la de ella y le da un beso en la comisura de su labio. —No te preocupes, entiendo perfectamente que los negocios que sueles hacer son bastante importantes y tu presencia es muy necesaria —ante sus palabras Mario esposa una leve sonrisa y luego toma asiento. —Feliz cumpleaños mi amor —El saca del bolsillo una caja de color n***o y la brinda su esposa. —Ábrelo mami, sabes que me encantan los regalos, Y más si son para la persona más importante de mi vida —dijo aquel pequeño con su delgada voz mostrando su felicidad. Sofía dibuja una enorme sonrisa, estira su mano y toma la de su pequeño, mientras que con la otra recibe el regalo de su amado. —No te preocupes permíteme te ayudo —Mario se levantó de la silla, dio vuelta y se ubicó atrás de su esposa. Al destapar aquella caja queda el descubierto un fino collar de perlas, el cual con delicadeza lo coloca en el cuello de su amada, ante la situación su pequeño hijo no pierde la oportunidad para dar unos cuantos aplausos. —Gracias por hacer de mi vida que todo sea felicidad —se funden en un profundo beso. El niño se pone de pie para ir al sanitario, dejando a sus padres solos, Mario aprovecha para darle un beso a su amada. Un hombre se acerca a la mesa donde se encuentran ellos, sin mediar palabra alguna lleva su mano parte de atrás de su pantalón y saca una pistola, la cual accionó en repetidas ocasiones en contra de ellos, los escoltas reaccionan rápidamente acabando con su vida.
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