Capítulo 17

1613 Palabras
Por favor no te vayas, quédate conmigo esta noche… Su mano aferrada a mi brazo y esos ojos que me miraban con intensidad detuvieron todo acto por escapar de lo que sentía en ese momento, pero no solté la perilla de la puerta, tenía miedo al rechazo o que solo fuera una mera ilusión. Quería salir de ahí, porque su cercanía me quemaba, había desnudado todo mi ser frente a ella, me había expuesto y sabía que lo que había hecho podía alejarla más de lo que ya estaba, pero esa simple frase me dejó de una pieza. Como pude me voltee a verla y sus ojos conectaron con los míos, mientras una pequeña sonrisa estaba en sus labios. —¿De… de verdad quieres que me quede? —Sí, además ya es tarde y tu nivel de alcohol en el cuerpo me prohíbe dejarte ir. —Si solo bebí unas copas de champagne— dije encogiéndome de hombros. —¿Ahora asumes que no estabas ebrio? —Nunca lo dije. —¿Cómo? Si dijiste que no querías dormirte. —Pero era por cansancio, llevaba dos días sin dormir, pues tuve turno en el hospital, solo tenía sueño y estaba cansado, no era porque haya bebido— su risa invadió la sala y sin soltarme me condujo nuevamente dentro de la casa, pero ahora me lleva hasta el sofá— No puedo entender como no reconocí los hechos. —Digamos que la forma en que lo hice se pudo malinterpretar, pero bueno. Gracias — le dije sacando un mechón que caía por su frente. —Te lo concedo y acepto los agradecimientos ¿más café? —Y de ese delicioso pastel — le guiño un ojo y ésta vuelve a sonreír, se levanta del sofá y sigue sus pasos hasta la cocina. —¿Tanto dulce no te hará mal? —Para nada, vivo de café y donas el noventa por ciento de mis días. —¡¿Qué?!— me pregunta horrorizada y yo me río. —Por desgracia nuestra vida es así, a veces solo comemos del gran menú de la máquina expendedora o solamente pasamos de largo a punta de café. Hay veces que el estómago se me retuerce cuando estoy en una operación, pero debo aguantarme, el paciente está primero. —Tu trabajo es sumamente demandante. —Lo es, pero me encanta. —Ya veo— se acerca nuevamente a mí y coloca la bandeja en la mesita de centro, vuelve a espolvorear café en el pastel y me lo ofrece— Pues por lo muy buen doctor que eres, te mereces que esta chef te prepare el almuerzo todos los días. —¡Wow, eso si que es bueno! Me siento honrado de que una chef tan bonita se preocupe por mí. —No seas tan zalamero, lo hago con todo el gusto del mundo— una pequeña migaja del pastel se quedó en la comisura de su labio e instintivamente la saqué con mi mano de forma delicada. —No soy zalamero, eres una mujer verdaderamente hermosa— su rostro estaba enrojecido y pestañeó varias veces, pero lo que me jodió de una manera viceral fue la forma en que se mordió el labio inferior. Me acerqué a ella y viéndola a sus ojos, esperando que me rechazara, la besé. El besos fue dulce y cálido, ni en mis mejores fantasías pensé que sería así, intensifiqué el beso y con mi lengua pedí acceso a su dulce boca, me acerqué lo más que pude y ella, al notar lo que hacía se aferró a mi camisa. —Oh, Gia… —Shuuuu, déjame disfrutar junto a ti por esta noche… No entendía que era lo que había pasado, pero de un momento a otro, ella se sentó a horcajadas sobre mi regazo y tomó mis manos para colocarlas en su cintura, luego siguió tocando mi cuerpo y yo comencé a tocar el suyo, mientras se frotaba contra mi m*****o que empezaba a despertar. Volvió a atacar mis labios y con sus tibias manos comenzó a desabotonar mi camisa, cuando la tuvo completamente abierta se separó de mí y comenzó a bajar por mi cuello con pequeños besos hasta llegar a mi cicatriz, se detuvo para delinearla y comenzar a besarla delicadamente. Se sentía deliciosa su lengua sobre ella y por primera vez dejé que otra persona la tocara. Nunca lo había hecho porque ella me recordaba a mi hermana y al otro paciente que me donó su órgano. —¿Estás bien?— me dijo con la voz entrecortada y vi en sus ojos un dejo de temor, tomé su mano y la besé para luego posarla en ella. —Estoy más que bien, tú ¿cómo estás? —Sumamente bien, ¿podemos seguir —La veo muy ansiosa, señorita Piaggio. —Pues si no quieres…— intentó levantarse, pero me apresuré y la atrapé entre mis brazos. —¡No! ¿La habitación?— Me miró y soltó una sonora carcajada, volvió a besarme y luego me indicó el pasillo. La alcé en mis brazos, agarrando ese trasero perfecto con mis manos para casi correr hacia su cuarto. Entramos y el desorden que al principio estuvo en su sala ahora estaba en esta, pero no me importó, la posé en su cama, saqué todo resto de ropa que había y volví a besarla. Como un principiante solté los botones de su chaqueta para encontrarme con esos dos montes que mostraban cuánto querían ser atendidos. Comencé a besarlos por sobre el brasier, mientras levantaba un poco su espalda para desabrocharlo, los suaves gemidos que emanaban de su boca me prendían a mil y el su respiración agitada corroboraba que al igual que yo estaba excitada. —Oh… Nathan, sigue así. Después de darle mucho amor a esos dos montes deliciosos comencé a bajar por su perfecto torso, besé su ombligo y seguí hasta el cinto de su pantalón, el que tomé con ambas manos y bajé junto al hermoso bikini n***o, mostrándome un delgada cicatriz en su abdomen, la besé de la misma forma en que ella lo había hecho con la mía. Seguí bajando hasta llegar a su intimidad y abrí un poco más sus piernas para acceder a su hermosa v****a que ya goteaba por todo lo que le estaba haciendo. —Ah… —Eres realmente deliciosa, mía principessa. —Y tú mejor no le hagas al italiano y sigue con lo que estás haciendo allá abajo o… ah... sí...sigue así. Me devoré su hermosa v****a e introduje dos de mis dedos para hacer presión, mientras los gritos de placer inundaban toda el cuarto. Sus gemidos y su cuerpo contoneandose como una serpiente me estaban volviendo loco, seguí en mi faena y mientras mi lengua y mis dedos la penetraban la mantenía aprisionanda con mi mano libre para profundizar su placer. Ella era tan receptiva que para el momento que sentí su cuerpo temblar por el orgasmo, mi corazón hizo un salto y volvió a latir. —¡Nathan! Me levanté para atacar sus hermosos labios y sin mediar tiempo y con la premura de querer entrar en ella, me removí un poco para sacarme los zapatos y rápidamente los pantalones, volví a posarme sobre su delicado cuerpo y después de besarla me adentré en él, su suave v****a me recibió como si se tratara de un guante y me sentí en la gloria. Mi cuerpo se movía al mismo ritmo que el de ella e íbamos intensificandolos para disfrutarnos al máximo, estábamos tan sincronizados que no bastó más que unas fuertes estocadas para que ella nuevamente llegara al orgasmo y volviera a gritar mi nombre. Ese fue mi detonante para seguirla y después de unas cuantas estocadas más subí a un orgasmo avasallador, que me dejó con el corazón en la boca. Ahora no era solo mi corazón el que latía por ella, sino que todo mi cuerpo vibraba a la par del de ella y por primera vez en mi vida sentí que estaba en mi hogar… Estamos desnudos en la cama, abrazados y solo con una manta que cubre una parte de nuestro cuerpo, ella delinea mi cicatriz. —¿Sabes que cada vez que te veía miraba tus manos y me imaginaba como ellas tocaban mi cuerpo? —¿Es en serio?— digo, manteniendo la compostura para no ponerme a reír a carcajadas. —Sí, una noche soñé con ellas en mi cuerpo y como me dabas placer. —!No! — esbocé una risita, ahora sinque no me pude aguantar—¿Y superé las expectativas? —Diez de diez— besé su hermosa cabellera y la abracé más fuerte, soñaba con estar con ella así y como ella había dicho, esto superaba cualquiera de mis expectativas. —Bueno, espero seguir rebasando sus expectativas, señorita Piaggio. —Nathan… —No hablemos ahora, solo descansa preciosa que tenemos que levantarnos temprano para ver a un precioso muchachito. —Él estará feliz de verte— me responde con los ojos aguados. —Al igual que a ti, él te adora. —Es mi pedacito de cielo y debo decir que a veces me pone un poco celosa el verlos tan unidos. —No seas así, mujer. Nicco es mi amigo y ambos te amamos. No sé como fue que eso salió de mis labios, pero la conversación era tan distendida que solo me nació hacerlo, había declarado mi amor por Gia Piaggio y esperaba, de alguna forma ser correspondido. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042616
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