3. Acepto.

2280 Palabras
Me pasé toda la noche deambulando en los largos corredores del castillo e incluso pude ver a lo que parecía ser un dragón aunque como nunca había visto uno, no estuve segura, además estaba muy lejos. Nikolay se quedó en una habitación en el ala este del castillo así que busqué un lugar al otro lado para poder descansar luego de la media noche. La luz del día es de un impresionante color rojizo por lo que me quedo unos segundos mirándola admirada por lo hermosa que es la vista. Basándome en la postura del sol deben ser cerca de las nueve de la mañana pero temo salir y encontrarme con Nikolay y ver que sigue empeñado en que me case con él. Abro la puerta del armario encontrando una gran variedad de vestidos, hermosos corsés de encaje fino y algunos otros de marfil. Tomo uno n***o y entonces comienzo la tarea de entrar en él. Entrelazo los cordones en la parte trasera y acomodo la falda asombrada ante lo bien que me ha quedado, diviso un espejo al fondo así que me dirijo allí mirando mi reflejo con sorpresa. Pareciera que fue hecho a la medida, es precioso. Camino por la habitación con lentitud y, cuando abro la puerta, Nikolay se encuentra frente a mí. ─Estaba por bajar... ─Te he buscado toda la noche ─espeta con la frente sudada y los ojos rojos─. ¿Porque vienes aquí? Tu lugar es a mi lado. ─Mi lugar es donde yo quiera ─digo enojada por su actitud. ─No, es a mi lado porque eres mía. ─¡No soy tuya! ─No pelearé ahora, vamos a casarnos ─dice tomando mi mano. Me jala pero me resisto así que se detiene molesto y me mira. ─No me casaré. ─De acuerdo. Me suelta dejándome confundida en extremo, ¿no me llevará a rastras como dijo? Camina por el pasillo y pienso en meterme nuevamente a mi habitación pero observo su ropa y entonces veo una mancha de sangre en su pantalón. ─¿Me buscaste toda la noche? ─pregunto en un susurro. Se gira confuso pero asiente. ─¿Entonces por qué tienes sangre en la ropa? Se mira con descuido y luego sonríe. ─Tal vez pasé por un bocadillo al bosque. Sé bien que él es un vampiro pero, ¿bocadillo? ¿un animal? «Que asco» ─Resulta que cuando no hay humanos cerca los conejos se vuelven apetecibles ─suelta como si leyera mi mente. ─Soy una humana ─murmuro arrepintiéndome en el acto. ─Así es ─sonríe de una manera que no logro descifrar, se acerca lentamente y cuando está frente a mí toca mi mejilla sutilmente─. Pero tu serás la reina así que no puedo comerte. ─No seré tu reina ─mi voz es apenas audible debido a los nervios y se vuelve peor cuando comienza a olfatearme. ─Hueles delicioso... Mi pulso se acelera sin remedio, un escalofrío me recorre al sentir su extraña calidez cerca y, cuando se acerca más a mí siento mis piernas flaquear un poco. Mis manos comienzan a sudar al tiempo que deja un beso sobre mi yugular pero no se retira sino que siento sus colmillos rozando mi piel, no me muerde solo mantiene ese peligroso contacto entre los dos. ─Si supieras el autocontrol que requiero para no enterrar mis colmillos en ti no te acercarías a mí jamás ─susurra sobre mi piel. La sola idea de que bebiera mi sangre me excita de una forma anormal, todo en mí me dice que me acerque, que pruebe la manzana prohibida pero la razón es la que actúa cuando me alejo unos pasos de él. ─Dijiste que sería tu reina y no puedes comerme ─repito sus palabras. ─Bien, mejoramos ─dice alejándose de mí, sonriendo─. Ya aceptaste que serás mi reina, vamos a casarnos. ─¡Yo no dije eso! ─grito mientras el camina en dirección contraria a mí. ─Vamos niña, tenemos que ir con el sacerdote y por tu vestido. ─No me digas niña ─espeto al recordar las repetidas ocasiones en que me ha llamado así. ─Tengo más de 200 años, eres apenas una niña... ─¡¿Cuántos años tienes?! ─jadeo impresionada. Me mira con el rostro serio y repite su edad, esta vez con exactitud. ─No lo sabía... ─Se nota ─dice con mala cara. ─Supongo que para ti no es mucho pero los humanos ni siquiera llegan a los cien... ─Lo sé. ─Nikolay, no me refería a... Se detiene bruscamente y dado que iba detrás de él, mi cabeza golpea su espalda. Froto mi cabeza con descuido mientras que el frunce el entrecejo y habla gélido. ─Solo lo empeoras con cada palabra, cállate niña. «Niña» Otra vez. Pienso en algo que agregar pero no se me ocurre nada así que solo asiento, como si no le importara se gira sobre su eje y continúa caminando hacia... ¿hacia donde va? ─¿A donde vamos? ─A casarnos. Me detengo con los ojos muy abiertos pero el ni siquiera se inmuta así que corro a alcanzarlo, realmente camina muy rápido y que mis piernas sean de la mitad del tamaño de las suyas no ayuda. ─No quiero casarme... ─Me estás volviendo loco con ese tema de "no quiero casarme porque no te amo" y blablabla ─dice sin detenerse─. Irás conmigo por que sino te tendré que encerrar en esa habitación que escogiste hasta que entres en razón. No me agrada la idea de estar encerrada pero recuerdo que me dijo el día de ayer que yo era una prisionera entonces, ¿porque dice que seré su reina y al mismo tiempo una rehén? ─Eres difícil de entender ─susurro más para mí que para él. ─Lo sé. Lo miro sorprendida pero el sigue caminando, cuando menos lo espero ya estamos en una capilla al lado del salón principal. El Castillo es enorme. Observo el lugar encontrándome con algunas miradas extrañas, desde confusas hasta deseosas, casi hambrientas. El temor comienza a sentirse con cada paso, hay alrededor de veinte personas sentadas en las bancas y un hombre al frente mirándonos directamente a nosotros dos. ─¡Han llegado los novios! ─grita alguien al fondo. El hombre al fondo intenta callarlo pero todos le siguen haciendo bulla con sus risas y comentarios. ─¡Silencio! ─creo que ni siquiera gritó pero Nikolay desborda poder así que cuando dijo eso todos en el salón callaron hasta que nosotros llegamos al fondo, al lado del hombre. ─Soy el sacerdote de Kort, me honra ser yo quién los una en matrimonio ─dice agachando la cabeza en una reverencia. ─Comience. Nikolay solo dice unas cuantas palabras sin embargo todos hacen lo que dice, el sacerdote comienza leyendo algunos textos antiguos que jamás había oído e incluso recita un poema en un idioma extraño. ─Nikolay Harrisson, ¿aceptas a Aria Miller como tu esposa para amarla y respetarla en la enfermedad y en la salud? ─pregunta el sacerdote sorprendiéndome, nadie sabe mi apellido además de mi familia. ─Acepto ─dice Nikolay en un tono frío. ─Aria Miller, ¿aceptas a Nikolay Harrisson como tu esposo para amarlo y respetarlo en la enfermedad y en la salud? Me quedo en silencio mirando al hombre frente a mí, un vampiro alto y formidable. Un hombre guapo en extremo pero alguien a quién no amo, alguien que confiesa libremente que me considera una rehén. Aunque también ha dicho que seré su reina. ─¿Aria Miller...? ─Acepto ─susurro sin saber porqué. Miro a Nikolay y juro que puedo ver la diversión en sus ojos. ¿Qué me pasa? Yo nunca hubiera dicho que sí y más aún, estaría furiosa con este hombre, ¿porque me quedo en silencio casándome?. ─Los declaro marido y mujer, un matrimonio bendecido por los dioses y lleno de amor. Puede besar a la novia. ─Yo no... ─no puedo terminar la frase porque siento los cálidos labios de Nikolay sobre los míos. La sensación de sus labios es algo nuevo y extraño, como una caricia. Como si me amara. El calor de nuestro aliento se mezcla creando una atmósfera íntima y envolvente, como si todo lo demás se esfumara y solo quedáramos nosotros con cada segundo más intenso que el anterior sin embargo nuestro contacto culmina dejándome atontada. Las personas vitorean mientras que yo continúo con la mente nublada, el beso me ha dejado estúpida pero lo que mas me aqueja es el hecho de que acabo de casarme. Acabo de decir que sí. Acabo de estar de acuerdo con un matrimonio que yo no quiero. ¿Qué me pasa? El sacerdote toma una caja de madera vieja, con un pañuelo limpia la superficie y con lentitud la abre sacando una daga negra de ella. ─La sangre es el vínculo más fuerte en nuestro mundo, el más importante ─dice limpiando la daga─. Es la hora de la vinculación, señores ─anuncia mientras Nikolay le da su mano. Acerca la daga a su palma y entonces corta ─¡LEALTAD AL NUEVO REY! ─gritan todos al unísono. ¿Nuevo rey? ¿Rey de Gromm? ¿Rey de todos los reinos? No puede ser, es imposible. Antes de poder preguntar algo el sacerdote llama nuestra atención con un carraspeo, giramos encontrando un par de coronas hermosas. Un pequeño corazón se localiza en la cúspide de la primera, seguramente un rubí. El porte delicado, lujoso y poderoso al mismo tiempo la hacen una maravilla, a simple vista pareciera que fuese de cristal así que con la curiosidad en el máximo me acerco analizándola. Efectivamente es cristal, es hermosa pero en extremo delicada. ─Ésta de aquí es la corona de la Reina de los Seis Reinos ─comienza el sacerdote, todos callan y escuchan con atención─. Hecha de un cristal muy especial originario de Kort, cristal y diamantes formando esta corona digna de una reina. Simboliza lo delicada que es una mujer, lo hermosa que es por fuera pero frágil al mismo tiempo. Al portarla significa que es una mujer importante, imponente pero delicada. Con un rubí simbolizando el corazón de una joven, lleno de emociones y sentimientos tan brillantes como la misma piedra, tan intensas como el color y tan delicados como la misma corona. Con esta corona declaro a esta joven la reina de Gromm, la acompañante de vida de nuestro rey. No puedo hablar, estoy asombrada pero es literal. No puedo hablar. Posa la corona con cuidado sobre mi cabello, se siente demasiado ligera a diferencia de lo que pensé. ─Ésta de acá es diferente ─toma con el mismo cuidado la otra, esa es de un material que desconozco, n***o como el petróleo pero brillante, poderosa y oscura─. Simboliza la crueldad de un hombre... Miro con atención, apenas es visible pero hay un pequeño diamante en la parte superior de ella. Un diamante blanco y brillante pero muy pequeño, acompañando dos más a los lados, rojos como el fuego. ─La frialdad del hombre pero con un fino diamante simbolizando los sentimientos, dos rubís como la lujuria y el deseo de un hombre. El material que se usó para crear esta pieza es algo que ya no existe en ningún reino, Herio era un elemento de Gromm que era creado desde una piedra, sumamente difícil de elaborar. Esta es la corona de un Rey, un rey inquebrantable, un rey que solo se rebaja ante la presencia de su igual, su reina. Con esta corona declaro a este hombre el Rey de Gromm, el Rey de los Seis Reinos. Dios. No tengo idea de que es lo que hago aquí, ¿porque no me he ido? ¿porque no huyo? ¿porque me quedo como estúpida mirando lo que sucede sin hacer nada? ─Mi reina, ¿se encuentra bien? ─me preguntan a mi lado. Giro a ver a una chica vestida con un atuendo clásico de la servidumbre, me mira con preocupación. Seguro me veo tan aterrada como en verdad estoy. ─Contesta ─susurra Nikolay tomando mi mano. ─Sí, vete ─respondo sin querer causar un alboroto, miro a Nikolay acercándome a él y entonces me sonríe─. Quiero hablar contigo a solas. ─¿Te aprovecharás de mí ahora que ya estamos casados? ─pregunta divertido. ─Nikolay ahora ─advierto molesta. Toma mi mano llevándome lejos y una vez que nos encontramos a solas en un pasillo suspiro aterrada. ─¿Por que me casé contigo? ─Si el Mago tiene razón tu destino es a mi lado así que un poco de magia y estamos casados ─dice sin emoción. ─¿Me hechizaste? ─jadeo indignada. ─No me juzgues, seguro tampoco has tomado buenas decisiones antes... ─No, no me vengas con eso... ─Mira niña ─resopla molesto y entonces el miedo entra al juego, dios─. Esto es sencillo, tengo que reinar antes de que destruyan un reino y antes de que un hombre mucho más peligroso que yo se haga Rey. Me quedaba sin tiempo y la única razón por la que te doy explicaciones es que eres mi Reina y eso es sagrado así que si me vas a molestar más mejor sube a tu habitación y hablaremos por la mañana. Vaya, no se que decir. Asiento completamente confundida y en un arrebato estúpido tomo su mano, intento darle algo de calma pero al recordar su mala jugada al usar magia conmigo solamente le doy la espalda, subo las escaleras mientras las lagrimas resbalan por mis mejillas. Me traicionó y eso jamás se lo perdonaré. No es como que me conociera o algo pero se suponía que sería su Reina y si tan sagrado es no tenía que hechizarme ya que eventualmente aceptaría no obstante tomó la salida fácil y eso no es de un Rey, es de un cobarde. Lo odiaré hasta mi último día. Lo odio.
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