4. Crueldad.

2305 Palabras
Luego de la boda me fui a mi habitación, no podía soportar la presencia de Nikolay en el mismo lugar que yo pero mi tranquilidad no duró mucho ya que la puerta resonó una y otra vez. El hombre que usó la magia en mi contra me llamaba con una insistencia amenazante sin embargo no caí hasta que el hambre llegó y entonces mi encierro tuvo que llegar a su fin. Bajo las escaleras con cuidado para no ser escuchada pero como si supieran que estoy aquí un hombre se acerca a mí, su porte es limpio y educado pero de cierto modo sumiso. ─Mi Reina, ¿como amaneció? ─el hombre hace una reverencia para luego mirarme con una sonrisa débil. ─No me llames así ─susurro con repugnancia. ─Mi Reina, ¿bajará a cenar con el Rey? ─¿El Rey está aquí? ─Así es mi Reina. ─Dios, tengo hambre... ─Mi Reina la cena está lista, debería bajar con el Rey. ─¡Deja de llamarme Reina! ─grito enfadada. El hombre palidece ante mi actitud y con justa razón ya que no pasan ni dos segundos antes de que Nikolay aparezca frente a nosotros. ─¡Que pasa aquí! ─su humor es malo sin duda pero no está enojado conmigo sino con el hombre frente a mí. ─¡No le grites al hombre! ─me muevo hasta estar frente al hombre pero éste se mueve inquieto. El rostro de Nikolay endurece de una manera intimidante de inmediato y entonces en menos de un segundo desaparece de mi vista, parpadeo sin entender que pasa cuando un sonido sofocado detrás de mí llama mi atención. Nikolay se encuentra sosteniendo la cabeza del hombre al que intentaba defender, su cabeza está oculta en su cuello mientras la sangre gotea de su yugular. ─¡Nikolay, por Dios! ─grito horrorizada─. ¡Quieres dejar al hombre por favor! ¿Por favor? ¿Enserio? ¿Qué pasa conmigo? Nikolay parece tener las mismas dudas que yo, pese a que el miedo prevalece la ira me domina en este instante. Estoy molesta con Nikolay en lugar de huir de él y encima le digo por favor. Deja al sujeto en paz y me adelanto a él para verificar que se encuentre bien, su cuello sigue goteando pero la herida cierra mientras él intenta mantenerse en pie. ─Mira como la has dejado ─susurro sosteniendo su brazo. Nikolay mira el contacto entre nosotros con furia pero no dice nada, como cuando regañas a un niño pequeño por tomar algo sin permiso. Su mirada me dice que está molesta pero también sabe que ha hecho algo malo. ─Mi Rey no se rebaja más que con alguien a su misma altura, mi Reina ─escucho al hombre decir en voz baja. Miro al hombre con curiosidad pero entonces se desmaya y es Nikolay quién lo sostiene ahora. Ambos desaparecen de mi vista igual de rápido que antes. Busco por los pasillos hasta encontrar a otra persona en la casa topándome con una mujer, una chica de mediana edad de cabello n***o azabache, ojos cafés y manos maltratadas. Una sirviente sin duda. ─Disculpa, ¿sabes donde está el Rey? ─pregunto con amabilidad. La chica me mira sobresaltada para después mostrar un miedo inquietante. ─Mi Reina, no debería estar aquí ─dice rápidamente─, está es el área de sirvientes. ─Me gustaría conocer la casa para no perderme ─farfullo molesta. ─No se preocupe, se la mostraré. ─Claro pero primero necesito encontrar al Rey. La chica mira a todos lados y entonces en el momento mas extraño aparece Nikolay con su singular rostro molesto. ─¿Que haces aquí? ─Buscándote ─respondo sin más. ─Esta es el área de sirvientes ─dice como si eso significara que yo no puedo entrar aquí. ─Se supone que soy la Reina, puedo entrar a donde sea ─espeto molestándome─. Además estaba buscándote y no conozco la casa, me he perdido. ─Te mostraré la casa, vamos. ─Primero dime donde está el hombre de hace un momento. ─¿Por que te interesa? ─cuestiona con la mandíbula tensa. ─¡Genial! Un día de casados y ya tienes celos de un sirviente ─bromeo mirándolo, su cuerpo se tensa por completo cuando se acerca peligrosamente a mí. ─No tengo celos ─murmura muy cerca de mí─, el hombre no es un sirviente. ─¿Qué es? ─la distancia entre nosotros es mínima así que mi corazón sufre acelerado mientras pronuncio las palabras con dificultad. ─Comida ─responde como si entendiera algo de lo que dice. ─Explícate. ─Mayordomo si así lo prefieres. ─Explícate ─repito sin aceptar esa respuesta. ─Nadia, vete ─habla sin quitar su mirada de mí, escucho la puerta cerrarse y es cuando Nikolay se acerca más. Da dos pasos al frente así que respondo dando dos pasos atrás, mi reacción parece divertirle por que en el momento más inesperado sonríe mostrando una dentadura perfecta, eleva sus comisuras en una sonrisa divertida volviendo a dar dos pasos al frente. Intento retroceder más pero la encimera detrás de mí impide cualquier movimiento de mi parte, mi corazón se detiene por un segundo y luego vuelve a latir desenfrenado ante Nikolay y lo que pueda hacerme. Terror. Seguro es eso, sí. Nikolay sigue sonriendo mientras que yo muero de miedo y expectación, me mira mientras levanta su mano, recorre mi rostro con su mirada al tiempo que su dedo acaricia con suavidad mi piel que en un segundo parece sensible a cualquier toque. Mis vellos se erizan y mi estómago gruñe de una forma extraña. Pasa su dedo con cuidado por mis mejillas para detenerse justo sobre mi labio inferior, lo toca con delicadeza y curiosidad. Mi boca se seca en un segundo así que en un acto involuntario lamo mis labios queriendo humedad en ellos, trago grueso y entonces lo veo hacer lo mismo. Mira mis labios y en un parpadeo vuelve a desaparecer. Vaya. ¿Que me pasó? Corro por los pasillos desesperada por soledad pero mi huida es entorpecida por la chica de hace un momento. ─Mi Reina, ¿se encuentra bien? ─pregunta dejando unos trapos que carga a un lado. ─Nadia muéstrame mi cuarto ─pido con urgencia. Ella asiente sin dudar caminando, la sigo sin rechistar subiendo las escaleras tras ella. Pasamos por montones de puertas cerradas y otras abiertas, chicos limpiando y mujeres tallando el suelo pero ignoro todo eso al llegar a mi cuarto donde me encuentro con dos mujeres tendiendo mi cama y otras dos en mi armario. ─¡Salgan! ─grito asustada. Todas salen pero antes de que Nadia desaparezca entre ellas tomo su mano. Cierro la puerta una vez que todos han salido y tomo asiento en mi cama. ─Nadia, ¿que me pasa? ─pregunto sin saber a quien más acudir. ─¿Se siente mal, mi Reina? ─la angustia brilla en ella así que tomo sus manos y niego. ─Nada de eso, estaba con el Rey y entonces sentí unas cosas muy extrañas en la panza ─murmuro confundida─, debió ser algo que comí o quizá el miedo que siento cuando estoy con él... ─Mi Reina, usted se está enamorando ─susurra Nadia sonriendo. ─¿Por que sonríes? ─cuestiono horrorizada─. ¡Eso no es bueno! No puede ser... Me levanto de mi cama y comienzo a caminar de un lado a otro nerviosa, no puede estar pasando esto. ─Yo no debía estar aquí, debí quedarme en Strog y casarme con alguien normal, un humano... ─El Rey es un vampiro muy bueno ─dice Nadia con una sonrisa ¿no ve que está mal?─. No se alimenta de nosotros a menos que lo requiera, ahora que es Rey debe tomar sangre humana y para nosotros realmente es un honor... ─¡Nadia! ¡Despierta! Esto está mal, él no debería alimentarse de ustedes... ─Mi Reina, no quisiera discrepar con usted pero él no decidió nacer como vampiro así que no creo que deba juzgarlo así nada más... ─¿Eso le da derecho a quitarle la vida a los humanos? ─No le quita la vida a nadie, todos aquí hemos estado con él un largo tiempo ─explica con adoración─. Yo en particular solo llevo un par de décadas pero Parker lleva a su lado toda una vida. ─Los humanos no viven tanto ─suelto sin comprender. ─Cuando un vampiro te muerde inyecta algo que nosotros le llamamos le vide ─dice mostrando una cicatriz justo en su cadera─. Con el tiempo los vampiros se dieron cuenta de que le proporcionaban a los humanos una salud perfecta en cuanto los mordían así que si no nos mataban podían mantenernos en estado óptimo y alimentarse bien. ─O sea que no los matan para que les dure más la sangre buena ─genial, está chica va de mal en peor, ya se le fue la cabeza. ─Mi Reina, ¿tiene prejuicios contra los vampiros? ─¿Que? Claro que no, es solo que no se me hace justo que se alimente de los humanos. ─Los humanos se alimentan de los pollos, cerdos y vacas pero los vampiros se alimentan de sangre humana y ¿está mal? ─No es lo mismo. ─Los humanos requerimos carne para sobrevivir, también necesitamos de otro ser vivo para estar sanos y no nos detenemos a pensar en los animales mientras comemos ¿porqué es diferente para mi Rey y su especie? Vaya, está mujer esta loca de remate. Aunque de alguna forma mórbida entiendo su punto, Dios. ─Nadia, necesito comida. ─Bajaré a servir su plato en el comedor. Pienso en pedirlo en mi habitación pero al final desisto asintiendo, la chica sale cerrando la puerta con cuidado. Bajaré a cenar y pasaré a la biblioteca por un libro, leeré después de un baño de agua caliente. Perfecto. Pienso en el hombre de está tarde y en el momento en que Nikolay lo mordió, cuando se detuvo por mí. Bueno, para empezar lo mordió por mí pero también paró y la forma en que me miró fue muy rara, no sabía que pasaba y a decir verdad yo tampoco. ¿Qué me pasó? Bajo las escaleras con su gruesa voz en mi cabeza y entonces su rostro aparece frente a mí. ─¡Vaya! ─doy dos pasos atrás asustada─. Me asustaste. ─Disculpa ─espeta con su típico mal humor aunque hay una tensión inusual en él. ─¿Que pasa? ─La cena está en el comedor, los sirvientes te servirán. ─¿Saldrás? ─la idea de que me deje sola es extrañamente triste. ─Tengo que ir a Kalt a solucionar unas cosas ─explica con la voz más gruesa que de costumbre, seguramente no le gusta dar explicaciones. ─¿Kalt? Recuerdo algunas leyendas que mi padre me contaba acerca de el reino de Kalt. Un lugar lleno de gente horrible, traficantes de dragones y mercenarios que eran capaces de secuestrar a vampiros y torturarlos por días con tal de obtener información acerca de más de su especie. El terror me invade antes de ser consciente de ello, no puedo creerlo pero realmente estoy preocupada de que algo le pueda pasar a Nikolay durante su viaje aunque no es como si de repente experimentara sentimientos hacia él, es solo que cualquiera con sus sentidos funcionando bien se rehusaría a ir a ese lugar tan grotesco. ─No vayas allí ─susurro con miedo. ─Sé cuidarme solo ─suelta con una expresión confundida. Camina con cuidado a mi lado y toma algo detrás de mí, abro los ojos con lentitud mirándolo mientras se pone un abrigo n***o que lo cubre casi por completo. ─Nikolay, mi padre decía que ahí es muy peligroso... ─Deja de llamar a ese hombre padre, solo es un hombre que se aprovechó de ti ─dice con una clara molestia, está muy enojado por el término─. Además si me pasa algo al menos serás libre de mí, ¿no deberías estar feliz? Oh por Dios, ¿tan mala me veo? ─¿Que te pasa? ─grito furiosa─. ¡No digas eso ni de broma! ¡Vete con cuidado! Camino con las manos empuñadas con fuerza, me dirijo al comedor y una vez allí Nadia entra con mi plato en sus manos. Sé que Nikolay se acerca pero no me atrevo a mirar así que observo la mesa y deduzco cuál es el lugar de él y es allí donde tomo asiento. Su mirada penetrante está justo en mí pero me niego a mirarlo, en su lugar comienzo a comer sintiendo el peso de todos. ─Mi Reina, ese es el lugar del Rey ─susurra Nadia cuando trae unos panecillos. ─Lo sé ─digo alto y claro─, quiero más estofado. Nikolay toma asiento en donde se supone que voy yo y me mira, al notar que no giraré toma mi mano con cuidado. Lo miro sin comprender el contacto físico y entonces noto la intriga en él, no entiende nada y eso lo está matando. ─¿Que pasa Nikolay? ─pregunto sonriendo. Mi sonrisa tambalea cuando los labios de Nikolay se levantan, está divertido pero hay algo más y de alguna manera ese algo hace de su sonrisa la más hermosa de todas. Nunca había visto una sonrisa más encantadora, mágica. ─No tengo idea ─su sonrisa no decae sino que engrandece─, tu dímelo niña. ─Lo que pasa es que me senté en tu lugar. ─Te queda mejor a ti. ─¿El puesto del Rey? ─bromeo. ─Mi lugar ─responde moviéndose lentamente hacia mí. ─¿Tu lugar? ─pregunto nerviosa. ─Mi lugar ─repite acercándose más. ─Nikolay... ─Dime ─sus ojos no se despegan de mi rostro en ningún momento y no sé si eso es lo que me aterra pero sé que me tengo que ir de aquí antes de que una desgracia tenga lugar. ─Tengo que irme. Me levanto con rapidez al tiempo que Nadia entra con el postre, ignoro a la mujer dirigiéndome a las escaleras y gracias a Dios Nikolay no me sigue está vez.
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