Jamás había sentido tanto miedo como ahora, estar frente a frente con un vampiro es algo para lo que no estaba preparada. Miro a todos lados nerviosa, con la frente empapada en sudor y mis manos en puños. Es demasiado.
Mete su mano a su bolsillo derecho sacando un pañuelo y limpia la sangre sobre sus labios.
─Sabe horrible ─dice con una mueca.
Camino con lentitud medida para atrás, alejándome del lugar sin que lo note pero mi plan falla estrepitosamente cuando mi padre habla llamando su atención.
─¡No te la llevarás! ─grita parándose frente a mí.
─Esa no es tu decisión ─responde Nikolay con una sonrisa diabólica.
─¡Ella es mía! ─alega mi padre.
Que me llame suya me hace mirarlo con los ojos entrecerrados pero aún así continúo con mi huida caminando sin llamar la atención.
─Niña, no huyas que siempre te encontraré ─escucho a Nikolay paralizándome en el acto.
El miedo se adueña de mí y corro con rapidez hacia la salida más cercana sin embargo antes de llegar a algún lugar siento sus manos sobre mi cintura, me carga con una facilidad extraordinaria subiéndome a sus hombros como a un costal de papas.
─¡Papá! ─grito llorando.
Mi padre se acerca corriendo pero en un parpadeo estamos fuera de la propiedad.
─¡Suéltame! ─jadeo revolviéndome sobre sus hombros─. ¡Maldito! ¡Déjame!
─Cállate...
─¡Imbécil! ─intento huir pero solo me sujeta con más fuerza dejándome atrapada entre sus brazos─. ¡Déjame ir!
─¡CÁLLATE! ─grita haciéndome callar, comienzo a temblar pero guardo silencio aterrada─. Solo quiero que te calles hasta que lleguemos.
─¿A dónde vamos? ─cuestiono temerosa.
─A Gromm ─responde alertando todo en mí.
He oído historias sobre el primer reino, un lugar rodeado de un bosque oscuro y un mar n***o. El único lugar donde los dragones viven libremente. El lugar donde se encuentra el Castillo Oscuro.
El Castillo Oscuro ha sido llamado de muchas formas a lo largo de los años pero siempre coincidían en que era un lugar mágico, el Castillo fue habitado por un vampiro hace miles de años. Un ser extraordinario, con bondad y piedad pero decidido. Si el hombre decidía una cosa todos lo respetaban no obstante cuando murió nadie tomó su trono dejando su reino deshabitado.
No entiendo porqué me necesita con él, por que llevarme a un reino que ha estado deshabitado desde hace miles de años. Un lugar con el que he soñado desde pequeña.
─No quiero ir allí ─susurro limpiando mis lágrimas.
Siento su respiración normalizarse poco a poco, exhala y me baja pero toma mi mano con fuerza demostrando su renuencia a dejarme ir.
─Lamentablemente no es tu decisión.
─Pero, ¿porque me llevas?
─Así tiene que ser.
─¿A qué te refieres? ─pregunto con confusión.
─Eres demasiado preguntona ─farfulla entre dientes.
─Y tu demasiado brusco...
Froto mi cintura con un poco de molestia, me cargó tan rápido que ahora tengo un poco de dolor.
─¿Te lastimé? ─se detiene frente a mí con lo que parece preocupación.
─No...
─¿Dónde te duele?
─Tranquilo...
─¿Aria, donde te lastimé?
─¡Estoy bien! ─grito presa del pánico.
Está muy cerca, sus colmillos aún están a la vista y el aroma metálico de la sangre inunda mis fosas nasales. Se aleja deprisa con la sorpresa marcada en su rostro, quizá el piense que estoy bien a su lado pero lo cierto es que estoy aterrorizada y el hecho de que me quiera llevar a un Castillo mágico y solitario no ayuda.
Me podría matar allí y nadie sabría.
Un escalofrío me recorre haciendo que Nikolay se separe por completo, camina a mi lado sin decir nada más pero con una tensión insufrible.
─Tengo miedo ─admito mirando a todos lados.
─Si te comportas todo irá bien.
¿Si me comporto?
─¿Que te piensas que soy? ¿Una prisionera? ─jadeo con enojo.
Me mira divertido y luego vuelve su rostro gélido.
─Pues sí.
Abro los ojos anonadada pero él no se inmuta sino que me carga en brazos nuevamente, esta vez con cuidado como si realmente se preocupara por mí.
Que extraño.
No tiene caso correr, a lo mejor cuando lleguemos pueda escapar pero ahora solo soy una humana pequeña y delgada sin posibilidad alguna contra un vampiro.
─Perdona pero es necesario ─susurra en mi oído.
No sé si realmente lo ha dicho pero antes de poder moverme siento sus colmillos enterrándose con fuerza en mí. Un fino toque sin emoción hasta que sus dedos acarician con delicadeza mi piel, una sensación muy extraña se forma en mi estómago. Un hormigueo comenzó desde el lugar donde sus colmillos estaban enterrados hasta su mano sobre mi cadera, al completamente nuevo. El dolor fue mínimo pero al cabo de unos segundos una sensación de entumecimiento y placer me hizo desmayar.
☠ ☠ ☠
─Despierta, niña ─escucho lejanamente.
Abro los ojos notando cierto ardor en ellos debido a la claridad directa pero lucho por levantarme. Un brazo fuerte se posa sobre mi cadera ayudándome con mi acción causando que mis vellos se ericen, su toque es fino casi imperceptible pero de alguna forma lo siento en cada parte de mí.
─Puedo sola... ─susurro mirando sus ojos.
─No seas necia.
La frialdad de sus manos era algo completamente nuevo, de alguna forma había un intento de calidez en medio de su ser. La manera en que me tocaba era casi delicada, como si me fuera a romper con un mal movimiento.
«Quizás así piensa por que es un vampiro y yo una simple humana»
─Gracias...
Levanto mi brazo con dificultad sintiendo el cuerpo pesado, como si cada músculo estuviera cargado con plomo. Levantarme definitivamente sería un reto, Nikolay se levanta caminando hasta la puerta y entonces un hombre mayor entra a la habitación gritando en un idioma que no conozco.
Aunque con la fatiga que tengo no creo que comprendiera aún si fuese español.
─¿Qué pasa? ─pregunto tomando asiento en, lo que ahora veo, es un sofá.
─Nada, no te preocupes ─dice Nikolay claramente molesto.
─Aria tienes que irte de aquí ─escucho al hombre decir.
─¿Porque? ─cuestiono frotando mi cabeza.
─Aquí no pueden entrar los humanos, nunca debiste venir aquí ─espeta el hombre furioso.
─No le hables así ─gruñe Nikolay.
─Ya te lo dije una vez Nikolay, mientras no seas rey solo eres uno más del montón en mi reino así que toma a tu reina y cásate con ella antes de que alguien más tome el Castillo.
La palabra "Reina" y "cásate" logran despejarme por completo, me levanto desconcertada al tiempo que molesta.
─¡No me voy a casar! ─grito llamando la atención de ambos.
Se miran entre ellos desconcertados pero guardan silencio hasta que uno se anima a hablar.
─Aria sé que puede ser intimidante la idea de...
─No me interesa lo que digas, no me casaré con nadie y no me interesa ser reina de nada ni nadie ─digo firme pasando mi mano sobre mi frente, frustrada.
─Niña, yo tampoco quiero hacer esto pero...
─Entonces no lo haremos, ninguno quiere nada.
─Lamentablemente esto es inevitable ─dice el hombre con una mueca─, ustedes están destinados a ser reyes.
─Pero yo no lo amo, no me casaré con alguien a quien ni siquiera conozco.
─Desconozco si ustedes tendrán una buena relación pero sé que se casarán en dos días y su matrimonio será bendecido por los dioses.
─Entiende que no lo amo.
─Yo tampoco te amo ─dice Nikolay con una expresión indescifrable─, pero haré esto aunque tenga que obligarte.
─No quiero casarme contigo ─replico dando dos pasos a él.
─Yo tampoco deseo nada de ti ─espeta con enfado.
─Jamás podría desearte ─el enojo se vuelve mayor con cada centímetro más cerca de él, ambos caminamos lentamente hasta que estamos frente a frente mirándonos con molestia.
Nos retamos en silencio hasta que el hombre detrás de él se remueve incómodo y carraspea llamando nuestra atención.
─Lamento interrumpirlos pero Jared no tardará en llegar y no quiero que nadie sepa que una humana ha entrado a Kort o nunca me respetarán de nuevo.
─¿Estamos en Kort? ─apenas me doy cuenta de lo diferente que es el ambiente aquí.
El aire es cálido, por las ventanas se puede divisar el tono violáceo del cielo e incluso puedo escuchar algunos rugidos a lo lejos.
─Así es ─dice el hombre pero me ignora de inmediato llamando a Nikolay─. Tienen que irse, mañana haré todos los preparativos para la boda.
─¡No!
─¡Sí!
Ambos hablamos al mismo tiempo, molestos por el desacuerdo.
─Te casarás conmigo aunque tenga que llevarte atada al altar ─susurra Nikolay logrando que mi pulso se acelere.
Miro sus iris oscuros rebosantes de emociones no dichas, jugueteo con mis dedos nerviosa y por primera vez en la noche no me siento temerosa de que me haga daño mas bien temo que me lleve al altar y me reclame como suya.
Jamás pensé en casarme y menos aún con un hombre al que apenas conozco. Dios.
─¡Fuera! ─grita el hombre al ver por la ventana a una docena de hombres dirigirse a la propiedad─. Les proporcionaré un portal pero me deberán una.
─Seth...
La voz de Nikolay es interrumpida por un brillante destello seguido de un estruendo azulado. El hombre nos insta a entrar en lo que sea esa cosa así que doy dos pasos atrás sin confiar ni un poco en él, bueno, en nadie.
Nikolay jala de mí llevándome a su lado, entramos en el portal y yo suelto un jadeo al sentir una opresión extraña en todo mi cuerpo. En cuestión de segundos caemos sobre un suelo alfombrado, miro alrededor observando las paredes oscuras y algunos candelabros apagados.
La oscuridad no me permite ver mucho más pero Nikolay se levanta como si supiera exactamente por dónde ir, lo sigo con temor de perderme y cuando llegamos al frente de una puerta de al menos tres metros de altura nos detenemos sin hacer nada más que mirarla.
─Supongo que deberíamos entrar ─susurra Nikolay, apenas lo oí pero asiento aún así.
Las puertas se abren pero yo me mantengo en mi lugar esperando algo extraño pero mientras que los pasos de Nikolay resuenan no pasa nada.
Decido dar un paso al frente, con lentitud doy otro y finalmente comienzo a caminar sobre la gran estancia, juro que desde afuera no pude ver los muebles pero cuánto más me adentro en el lugar más grande parece ser.
Un sofá en forma de L se cierne al lado de una estantería repleta de libros viejos, una mesa de centro con una tetera y, al fondo una licorera.
─Este lugar es curioso ─digo mirando fijo los libros.
Juro haberlos visto moverse.
Nikolay camina ignorándome mientras yo continúo leyendo los títulos en las portadas, veo algunas pinturas extrañas y una lámpara extremadamente vieja encendida. El sonido de un cerrojo abriéndose me hace girar encontrando a Nikolay de frente al trono.
─Es aquí.
No digo nada mirando la escena pero entonces, cuando intenta pasar dentro, se detiene con la vista al frente. Inmóvil frente al trono.
─¿Nikolay? ─susurro caminando hacia el.
─No puedo pasar ─dice en un hilo de voz.
─¿Porque?
─Si es cierto lo que dijo Seth ─se gira hacia mí con los ojos entre abiertos─, no pasaré hasta que nos casemos.
─No me voy a casar contigo.
─No es tu decisión, te llevaré al altar y serás mi esposa mañana por la mañana...
─No quiero...
─Serás mi reina.