Capítulo 82. Un fantasma que volvió de los muertos. El silencio cayó como un balde de agua fría, su abuelo fue claro. Todo, absolutamente todo era para Mark... era como su dudara de que él fuera su nieto, como si dudara de su madre. Francisco desvió la mirada, sabía bien que no podía discutir con Mark, si lo hacía estaba perdido. -- Tengo derecho a cuestionar lo que considero injusto… -- señalo. -- No, no tienes derecho a nada – lo interrumpió Mark. -- Pero sí tienes la obligación de escucharme – él miró a su primo. Verlo luchar por lo que había trabajado tanto estaba bien pensó Leclerc... por eso, nunca quiso reclamar la fortuna de los Montes. Él veía a Francisco desde lejos, le pareció un tipo ingenioso, alguien trabajador, alguien inocente que estaba fuera de las maldades de sus

