En la puerta del Sensations, Tom bromeaba con dos de sus amigas. Alexia y Diana eran calientes y divertidas y siempre que quedaban para verse en aquel local lo pasaban muy bien. Una vez dejaron los abrigos, Alexia propuso ir directamente a un reservado. ¿Por qué perder tiempo? Él accedió. Al pasar por el reservado seis, la dura música heavy llamó de nuevo su atención. Recordó a la mujer que vio aquel día y levantó la cortina para ver si estaba allí. Como siempre, el espectáculo le gustó y sonrió al ver que era ella y volvió a fijarse en su curioso tatuaje. Un tatuaje que parecía moverse solo cuando se movía. —Vamos, Tom —lo apremió Alexia. Él, mirándola, contestó: —Dadme dos minutos. En seguida voy. Cuando las mujeres desaparecieron en el reservado, Tom sonrió. La noche prome

