—Lucia eres guapísima, ven, pasa por favor.
—Muchas gracias Samuel, tú también me has sorprendido.
Pasó delante de mí y pude apreciar el culo tan perfecto que tenía y que ese vestido dejaba adivinar tan bien, la senté en el sofá y le ofrecí algo de beber.
—Samuel no quiero parecer desagradable, pero tu media hora a empezado a contar ya y eso da para uno "rapidito" sin muchos preliminares.
—Lucia tranquila, estas muy tensa y créeme que lo que quiero es que los dos pasemos un buen rato, dije abriéndome una lata de refresco.
Vertí la mitad en un vaso con hielo y la otra mitad me la quedé yo. Ofrecí ese vaso a Lucia que no se negó a aceptarlo dándole un sorbo y dejándolo encima de la mesa mientras me miraba con curiosidad.
—Te propongo un trato, dije poniendo cien euros encima de la mesa. Te aseguro que en estos poco más de 17 minutos soy capaz de hacerte alcanzar dos orgasmos. Si cuando acaben esos 17 minutos no lo he conseguido te vas sin preocuparte de nada más. Pero si lo consigo, me regalas una hora más de tu tiempo. ¿Te atreves?
Los dos seguíamos vestidos, pero el vestido de Lucia se había subido de tal manera que ya me enseñaba sus magníficas piernas y su braguita tapando su sexo y eso estaba provocando en mí una erección
—¡¡Venga ya!! Exclamó Lucia, ¿Estas de broma? No me gustan este tipo de juegos. Dijo molesta.
—No es un juego Licia es una apuesta y creo que de las dos maneras vas a terminar ganando tú, tanto si lo consigo como si no.
Lucia me miró por interminables minutos, mientras mi mirada iba del reloj hacia ella. Me sonrió se puso de pie y fue a quitarse el vestido, pero se lo impedí.
—Déjame a mi cielo, tu solo disfruta. Dije poniéndome a su espalda.
Puse en práctica con otra mujer que no conocía todo lo aprendido con Mia en cómo dar placer. Aunque hice esa apuesta no estaba seguro de poder alcanzarla, reconozco que fue una "fantasmada" por mi parte, pero la cosa empezó bien cuando le quité su vestido y mis labios y mis dedos acariciaron su piel. Noté su estremecimiento y supe que sería fácil llevarla al orgasmo.
Faltando segundos diría yo, Lucia explotaba en su segundo orgasmo temblando como una hoja entre mis brazos y con mi polla bien clavada en su interior. Notaba las violentas contracciones de los músculos de su v****a sobre mi falo, lo que me estaba provocando un gran placer, pero yo aun no me había corrido y el tiempo se había acabado. Luci me miraba sin creerlo aún, pero su cara de placer y la sonrisa de sus labios
Agarró mi cara con sus manos y me atrajo hacia ella besándome con una pasión inusitada. Fue un beso pasional, de agradecimiento, nuestras lenguas se fundieron en una sola y ella me abrazó con fuerza enroscando sus piernas en mí, para que mi polla se clavase más aun en su interior. Cuando se separó de mi me miró con cariño y me lo susurró.
—Llévame a tu cama.
Durante la siguiente hora, incluso creo que fue algo más, pude, pudimos gozar de nuestros cuerpos. Lucia era una preciosidad, con un cuerpo que rozaba la perfección. Ella estaba fascinada conmigo, con mi cuerpo y sobre todo con mi polla que la volvía loca. Esa joven prostituta alcanzó en hora y media cinco orgasmos que la dejaron rota. Aunque con preservativo, como no podía ser de otra manera, yo me corrí dos veces, deseé quitármelo, lo siento, era algo que no aguantaba pero que sabía que era necesario.
Cuando nos despedimos en la puerta Lucia me dio un tierno beso en la mejilla. Estaba confundida y no sabía muy bien lo que decir. Ella sabía que había disfrutado, había disfrutado mucho, pero le avergonzaba reconocerlo, esto no era lo que le pasaba habitualmente.
—Me…me ha encantado conocerte Samuel.
—Lo mismo digo Lucia, eres una joven increíble y muy bella.
—Gracias. Dijo con ternura. Abrió la puerta y se fue. Supe que no sería la última vez que la vería.
En efecto al día siguiente me llegó un wasap de un número que no conocía, pero que según leí supe que era de esa bella niña «Ayer lo pasé muy bien. Espero que volvamos a repetirlo» Si lo iba a hacer dos veces por semana como tenía pensado el viernes la llamaría a medio día para que viniese por la tarde a casa.
Se alegró mucho cuando la dije quién era y estuvo encantada de venir el viernes a mi casa. Pensé estúpidamente que se quedaría más tiempo, pero llegó, me besó, tiró de mí hacia mi habitación y me folló, así como suena. Media hora, consiguió dos orgasmos y que yo me corriese, cogió el dinero y dándome un besito se fue. Bueno, no me pude enfadar con ella, era su profesión.
Estuvimos así más o menos unos dos meses. He de reconocer que esa niña era muy complaciente y cualquier cosa que le pidiese referente a vestuario me lo concedía, pero no me dejaba ir más allá de follarla, si quería más había que pagar. Algo sí que cambió, pasamos del riguroso saludo "Hola, que tal" al cariñoso "Te he echado de menos, tenía ganas de verte" y esos treinta minutos más de una vez se incrementaban hasta los ochenta minutos. Ella misma reconoció que entre nosotros se había creado un vínculo muy especial y que cuando estábamos juntos le hacía sentirse muy a gusto.
Fue ella misma la que me propuso una tarifa especial para mí, ventajosa y que ahorraba dinero, pero ya lo máximo fue que después de cuatro meses viéndonos regularmente, sin ningún tipo de compromiso, me pidió no utilizar preservativo. Ella sabía lo que me estaba pidiendo y yo tenía alguna reticencia dado a lo que se dedicaba así que decidimos que nos haríamos una analítica y según los resultados así haríamos.