capitulo 7

1195 Palabras
Cerca de las dos de la madrugada nos duchamos juntos, aunque no hubo follada final, mi polla se negaba a ponerse erecta y solo se puso morcillona. Mia no me reclamó nada, solo cariño, abrazos, besos y morreos a tornillo estuvieron presentes entre los dos. Con tristeza vi cómo se vestía, sabía que esa era la última vez que iba a poder disfrutar de esa mujer increíble. Habían sido nueve meses de estar con ella muy a menudo y por qué negarlo, la tenía un cariño que casi se podría decir rozaba el enamoramiento, pero había que ser realistas, ella me dejó bien claro que es lo que esperaba de mí y ella me dio más de lo que yo esperaba. La despedida en la puerta de mi casa fue larga y dolorosa. Estuvimos más de diez minutos muy abrazados, pero sintiéndolo mucho ella se tuvo que ir. Un pico en los labios y un tímido adiós sin posibilidad de continuidad y Mia mi "Personal Trainer" desaparecía de mi vida. ¿Quién sufre más el dejado o el dejador? En el caso de Mia yo sé que fui el dejado y mentiría si no dijese que la echaba de menos a rabiar, pero fue algo que ocurrió y fue relativamente corto y con pocas vivencias por ambas partes, lo nuestro más bien era como un proyecto de trabajo con lo que con el paso de los días y las semanas se convirtió en un agradable recuerdo. Salvo que fuese con algo relacionado con su trabajo, me prometí a mí mismo que no me pondría en contacto con ella, lo mismo que sabía a ciencia cierta que ella tampoco lo haría. Pero ¿Y mi exmujer? En este caso fui yo el dejador por pedirme más espacio y más tiempo para ella. Aunque lo intenté razonar, ella no quiso escucharme y fue cuando pedí el divorcio convencido de que hacía lo correcto. Pero nunca podré quitarme de la cabeza su cara de infinita tristeza cuando firmamos nuestro divorcio y yo me negué a saber nada mas de ella, ¿Seguro que hice lo correcto? Esa duda pesaba en mi cabeza como una losa y más aún cuando Mia me dijo que estar muy bien dotado no era sinónimo de follar bien. Aunque parezca mentira, mi hermana seguía teniendo contacto con Emma, mi exmujer, las dos siempre fueron grandes amigas y aunque nos divorciamos, mi hermana se puso de su parte y me dijo que iba a tirar veinte años de matrimonio por una bobada que se podía resolver sin problema. Bueno el caso es que, aunque no estaba de acuerdo con ella, hablábamos muy a menudo y aunque yo no se lo pidiese me informaba de cómo le iba a Emma y sé que ella le informaba de cómo me iba a mí. Eso sí, le dije que mi dirección actual no quería que la tuviese y aunque me llamó de todo si cumplió lo que le pedí. Así me enteré de que en este casi año que llevábamos divorciados ella no había estado con ninguna otra persona y que estaba centrada en su trabajo, salía muy poco a divertirse y siempre que mi hermana la invitaba a comer a su casa ella parecía más alegre. Quise olvidarme del tema de mi exmujer, aunque no se me iba de la cabeza. Poco a poco volví a mi vida normal. Trabajo, casa, dormir y vuelta a empezar. Salía algunos fines de semana con compañeros de trabajo, solteros y más jóvenes que yo. Nos movíamos por ambientes donde la edad media era de 20 años. Alguna de esas niñas eran auténticos zorrones, verdaderas calienta pollas que solo te querían para que les pagases la noche y la verdad que algunas lo valían por lo buenas que estaban, pero me salía caro para solo obtener un simple beso de despedida en la mejilla y tenerme que ir a mi apartamento a cascármela como un vulgar jovenzuelo. .Realmente, ¿Necesitaba aquello? Me puse a echar cuentas y a lo tonto, entre gasolina, salir a cenar, las consumiciones y pagar a las niñitas de turno sus copas, los aperitivos del medio día y demás boberías me gastaba casi los mil pavos al mes. De acuerdo, tenía un sueldazo, y además una cuenta corriente muy saneada y no me privaba de nada, pero estaba derrochando el dinero, así que decidí que esto tenía que cambiar, sobre todo porque hacía más de tres meses que no follaba. Así que me lo planteé y empecé a buscar por internet a una prostituta que colmara mis expectativas y sobre todo que fuese guapa, joven y complaciente. Quien me iba a decir a mí que a mis 47 años iba a buscar por primera vez en mi vida los servicios de una meretriz. La variedad era impresionante, pero yo intentaba buscar a una chica lo más parecido a Mia, pero me fijé en una que me llamó poderosamente la atención, Lucia española, 22 añitos y un cuerpazo que quitaba el hipo. Lo que realmente hizo que me decidiese por ella fue su tremendo parecido con Emma cuando era jovencita. Aunque sus tarifas eran prohibitivas, pagar cien euros, media hora, por follar con esa belleza ocho veces al mes me salía más barato. Agarré el móvil y aunque algo nervioso marqué el número de contacto que ponía en la página. A los pocos tonos una voz femenina muy dulce me respondía. —Hola, soy Lucia, en que puedo ayudarte. —Hola Lucia, mi nombre es Samuel y te llamaba por el anuncio de la página de contactos. —¡Ah! Muy bien Samuel y dime, ¿qué servicio querías? —Bueno, para empezar, me gustaría conocerte, ver que eres la misma que la de la foto y no nos llamamos a engaños y que bueno me conozcas a mí, y creo que esa media hora sería lo ideal en estos momentos. —Me parece correcto. ¿Dónde quieres que nos veamos? —Te doy la dirección de mi casa. —¿Quieres que vaya vestida de alguna manera especial? —Me gustan las mujeres sensuales con vestidos cortos ajustados a su cuerpo y con zapatos de salón, y bueno…soy muy fetichista con la ropa interior femenina y me pierde un culo bonito y respingón. —Te aseguro que conmigo no te vas a arrepentir, dijo divertida, dame tu dirección y dentro de un rato nos vemos. Me duché y perfumé, quería causar buena impresión, cuando llamó a mi puerta y la vi, supe que no me había equivocado con ella. La criatura más perfecta y sensual estaba delante de mí, cuando me dio su abrigo y vi como venía vestida me quedé muy sorprendido. Un vestido de punto blanco por encima de medio muslo, sin mangas y de cuello alto, se ceñía a su cuerpo, dejando ver sus curvas, su pelo rubio llegaba a media espalda y su cara era una preciosidad, con unos labios muy sensuales y unos ojos muy grandes y azules como el cielo. No llevaba sujetador dos poderosas tetas se dibujaban sobre ese vestido y sus pezones se notaban insultantemente sobre la tela.
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