capitulo 9

1328 Palabras
Como era de esperar los dos estábamos sanos y sin ningún tipo de infección y por primera vez desde que estuve con Mia pude correrme dentro del coñito de esa joven que apretaba mi v***a con los músculos de su v****a en un orgasmo casi continuo. Lucia era muy morbosa y los días que venía a mi casa algunas veces ni pasaba al baño a asearse cuando se iba. Me miraba con picardía y mientras se ponía su tanguita me lo decía. —Quiero notar mis braguitas mojadas de tu corrida. Saber que una parte de ti sigue en mi interior, eso me pone muy cachonda. Eso nos unió más aun e incrementó nuestra confianza. Me encontraba muy a gusto con esa joven, pero notaba como ella se mostraba más cariñosa conmigo que de costumbre. Tanto que entre semana hasta que ella venía a mi casa, estábamos enganchados al wasap charlando o incluso hablando por teléfono. Lucia me buscaba continuamente me contaba cosas de su vida y me pedía consejo para algún problema que tenía. Aunque nos llevábamos bien, demasiado bien, yo no dejaba de ver a esa niña como lo que era una prostituta a la que pagaba por follar, pero creo que ella empezaba a confundir lo que sentía cuando venía a mi casa a follar, yo no era su novio, era un cliente. Llegó un momento en el que notaba su disgusto cuando tenía que irse de mi lado. Sus besos eran de cariño, casi diría que muy amorosos, de hecho, cuando entraba por la puerta de mi casa, me pedía, casi me exigía que la abrazase y la llenase de besos, sabía lo que ocurría, no había que ser adivino para darse cuenta de que esa niña se había enamorado y no sabía lidiar lo que era, con lo que sentía. Yo le preguntaba continuamente si todo iba bien, si le ocurría algo, o si tenía problemas, sabiendo de sobra que el problema era yo, pero siempre me negaba que ocurriese algo. Ella solo llegaba me besaba y mirándome con cariño me daba la mano y tirando de mi me llevaba mi dormitorio donde follábamos hasta caer agotados. Solo cuando ella alcanzaba los tres o cuatro orgasmos y yo conseguía alcanzar uno o dos, se daba por satisfecha. Entonces se vestía y con mi corrida aun resbalando por el interior de sus muslos se iba mirándome como si ya nunca me fuese a ver. Ocurrió un viernes como otro cualquiera. Llamé a Lucia antes de comer para saber si podía venir a mi casa por la tarde. Ella me dijo que tenía que hacer unas compras y que llegaría mi casa algo más tarde de lo normal. Cuando llamó a mi puerta ya eran cerca de las diez de la noche, pensé realmente que ya no la vería. Cuando abrí la puerta la vi con unas cuantas bolsas y una pequeña mochila. Venia vestida con un jersey ajustado, unos vaqueros rotos muy ajustados a su cuerpo y unos zapatos de salón que la hacían adorable. Cuando entró se colgó de mi cuello y me besó por largos minutos dejándome sentir su cuerpo mientras la abrazaba contra mí. ---''''''''''--'''--------'''-'''---- —¿Ahora vienes de comprar? Pregunté mirando sus bolsas. ¿Y la mochila? ¿Te vas de viaje? —Eso es nuestra cena, quiero invitarte y la mochila es algo de ropa…Quiero pasar el fin de semana contigo. —¡¡¿E…el fin de semana?!! Pregunté asustado. Vamos a ver, me podía permitir el lujo de gastarme 500 euros al mes en follar con esa niña, pero sus tarifas eran caras y pasar 24 horas con esa belleza eran 2500€ con lo que yo no podía destrozar mi economía por un fin de semana que me saldría por más de 5000€. Creo que Lucia vio mi cara asustada y besándome de nuevo me lo dijo con el mayor de los cariños: —No pongas esa cara, no quiero que seamos prostituta y cliente, quiero por una vez sentir que seamos solo un hombre y una mujer que desean sentirse, sin prisas, sin horarios y sin sentir que solo es una transacción comercial. Quiero que este fin de semana seamos algo más que eso. Lucia volvió a besarme con cariño, mientras agarraba su mochila y me miraba traviesa. —Voy a cambiarme, hazme el favor lleva esas bolsas a la cocina y vete poniéndolo en platos, me muero de hambre. Al cabo del rato noté como Lucia se abrazaba a mí por la espalda y jugaba con sus manos en mi abdomen acariciándolo y llegando muy cerca de mi pelvis, provocándome un gran placer. Su vestimenta era excitante, una camiseta blanca que a duras penas tapaba sus tetas y dejaba su tripita al aire y unas braguitas muy pequeñas que dejaban poco a la imaginación. Durante toda la cena se mostró provocativa y su pie no dejó de acariciar mi entrepierna, excitándome, haciendo que mi polla se endureciese hasta doler. Cuando fui a por el postre y aparecí de nuevo en el salón, Lucia se había desnudado y me esperaba abierta de piernas en mi silla. Mi erección ya era incontrolable. Sin decir nada me acerqué a ella me desnudó y sentándome en la silla se puso ella encima y me folló. Mi polla entraba y salía de ella con calma, no había prisa ni sexo salvaje, quería sentirme bien dentro de ella con lo que las penetraciones eran profundas. Mientras nuestras bocas se buscaban en besos llenos de pasión y sus tetas eran acariciadas por mis labios. Mis manos se aferraban a ese culito tentador y mi dedo jugaba con su anito introduciendo la primera falange de mi dedo índice. —Mi amor como me gusta que me hagas esooooo…gemía Lucia. Si lo sigues haciendo me voy a correr rápido. Notaba las contracciones de la v****a de Lucia sobre mi polla, y como sus caderas se volvían más violentas cuando empezaba a desatarse su orgasmo hasta que explotaba furiosamente, aferrándose a mi como si en ello le fuese la vida. —Diooos mi vida, amo lo que me haces sentir, me haces explotar. Decía Lucia jadeando fatigada. Ella sabía que controlaba mis orgasmos, es otra cosa que tengo que agradecer a Mia. Se puso en pie y saco mi polla de su interior, estaba amoratada y pulsaba al ritmo de los latidos de mi corazón. Lucia me dio su mano y tiró de mi llevándome a mi habitación. Entró en la cama a gatas, mostrándome su coño enrojecido de la follada que le había dado y su anito, brillante y algo dilatado. —Fóllame el culito mi amor, sé que lo llevas deseando hace meses y yo también. Me dio un bote de lubricante que ya tenía preparado debajo de una almohada cuando se cambió de ropa. Creo que mi polla nunca estuvo tan dura, ni cuando enculé a Mia la tenía así. Lubriqué bien el anito de esa niña y mi v***a y la apoyé en su agujerito que se abrió para mí como una flor. Vi como centímetro a centímetro su culito devoró toda mi polla con Lucia ronroneando como una gatita Al principio me movía con delicadeza, esperando que el anito de Lucia aceptase mi tamaño y mi grosor, pero cuando vi como sus caderas empezaban a moverse y era ella misma la que se follaba, empecé a sodomizarla salvajemente. Era tal mi ímpetu, que Lucia empezó a temblar con los prolegómenos de otro orgasmo y se dejó caer en la cama ante mis violentos enviones y ya no pude aguantar más, exploté dentro de sus intestinos llenándolos de leche hirviente. Nuestro orgasmo fue largo e intenso y nos dejó sin fuerzas, me salí de su interior y vi su anito dilatadísimo, totalmente abierto, daban ganas de volvérsela a meter y volverla a follar si no fuese porque me tenía que recuperar y mi polla ya estaba morcillona.
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