Poco antes de media noche entrábamos de nuevo en mi casa después de cenar, besándonos enfurecidos y con nuestras manos recorriendo nuestros cuerpos. Mia me llevó a mi dormitorio y nos desnudamos mutuamente. Por fin pude ver el exuberante cuerpo de esa joven sin ropa y casi me corro nada más verla. Cuando me tuvo desnudo delante de ella admiró la polla que tenía, casi veinte centímetros de rabo con un diámetro de seis centímetros. Estaba circuncidado con lo que mi glande aparecía amoratado y mi polla durísima, llena de venas.
Mia me tumbó en la cama y ella se puso encima de mí haciendo un 69, noté como sus labios se apoderaban de mi glande y empezaba a hacerme una mamada increíble, mientras mis labios y mi boca empezaban a devorar y llenar de caricias ese coñito lampiño, manando fluidos y restregándose por mi cara. Empezaba a no controlar mi orgasmo, hacía mucho que no sentía algo así y estaba muy excitado.
-Mia, para un poco que me voy a correr. Rogaba sin conseguirlo.
Esa joven seguía mamando mi polla con maestría, haciendo que su garganta se relajase para poder meter el máximo de polla en su boca y seguidamente subir succionando con sus labios y su lengua haciendo diabluras.
—Miaaaaa, me corroooooo.
Sacó a tiempo mi polla de su boca y mi corrida fue a parar a su cuello y sus tetas. No dejó de pajearme con cariño y cuando terminé dio un tierno besito en la punta de mi balano. Quise devolverle el favor y seguir comiéndole el coño, pero no me dejó.
—Ummm…no, quiero que ahora me folles, vamos demuéstrame que sabes hacer con semejante pollón.
Diciendo esto me cabalgó, puso mi polla a la entrada de su coñito y se dejó caer hasta que se empaló ella solita. Me miró como una perra en celo y empezó a mover sus caderas mientras yo sobrepasado por todo aquello intentaba darle placer…aunque creo sin conseguirlo. Pensé que podría aguantar su ritmo y proporcionarla un orgasmo, pero creo que nada de eso ocurrió, esa mujer era un torbellino, se movía frenéticamente sobre mí, me comía sus tetas para seguidamente besarme hasta dejar sin aire mis pulmones. Me desesperaba porque no tenía el control de nada, estaba en sus manos y me follaba con tal ímpetu que no lo pude retener más y sin avisarla me corrí abundantemente en su interior.
Cuando terminé con los estertores de mi orgasmo Mia me miraba con cariño, aunque con un deje de enfado. Me besó y sacando mi polla de su interior dejó gotear mi corrida sobre mi pelvis, mientras me miraba.
—¿Con semejante pollón y no has conseguido que me corra? Preguntó disgustada.
—Uffff…Déjame…déjame recuperarme y te aseguro que lo consigo.
Quise hacerle alcanzar el orgasmo con mis dedos, acaricié su coñito babeante, pero Mia apartó mi mano.
—No cielo, es tarde y me tengo que ir a mi casa. Mi marido me espera.
—¿Qu…e…que? ¿Es…estas casada? La pregunté perplejo.
—Bueno, no exactamente. Hablo de él como mi marido, pero realmente somos pareja con una relación un tanto "especial"