Capítulo 25

1737 Palabras
Escuchando tras la puerta. Ese idiota me las pagó y con creces, mira que querer probarme como amante ¿Qué se creía ese idiota? Nunca iba a entender que vio mi hermana en él y mayor aún quién se creía que era para tener una mínima esperanza de llevarme a la cama. —Eso jamás sucedería, por lo más sagrado que tengo lo juro. ¡Gilipollas! Voy hasta la sala común y me preparo un café bien cargado, es que estaba furiosa al haber escuchado esa conversación. —¡Gilipollas!— grito cuando me quemo con el sorbo de café que acabo de tragar. —¡Rocío! —Perdón, Bernardita no te escuché entrar. —Ya me di cuenta, niña, pero esas no son formas de expresarse, sobre todo porque en esta oficina las paredes tienen oídos. —Eso a mí no me importa, que oiga el que tiene que escuchar, me da lo mismo. —¿De verdad te cae tan mal el joven O’Connor?— pregunta mientras revuelve su taza de té. —No me cae mal, lo detesto, es un subnormal que se cree que porque tiene dinero todos le deben pleitesía. —Es extraño que lo digas, Rocío. Desde que lo he visto aquí jamás su trato con alguno de nosotros ha sido así y debo de decir que las veces que lo he escuchado molesto o gritando es porque tú actuaste primero. —Es que no escuchaste lo que yo escuché. —Porque no ando tras las puertas cuchicheando, Rocío — me dice en son de reprimenda y yo me pongo colorada. —E… Eso no es cierto, en mi defensa golpeé la puerta antes de entrar. —Y yo soy la dueña de todo esto, ¡Dios niña! Desde que empezaron a trabajar aquí las cosas son hasta más divertidas. —¡Bernardita!— me hago la ofendida con la mano en el pecho y ambas soltamos una risita. —Mejor será que vayamos a trabajar, aún hay cosas por hacwr hoy. —Voy de inmediato. Bernardita sale de la sala común y niega mientras sorbe otro poquito de su té y yo tomo mi taza y comienzo a soplar para que no me pase nada nuevamente. Me instalo en mi escritorio y comienzo a organizar la agenda y los pendientes que me quedan por hoy, al parecer el idiota ese salió antes que regresara a mi puesto, pues su oficina está abierta y agradezco mentalmente que no esté aquí. Al rato después el joven James llega y se encierra a trabajar, termino mis pendientes y cuando estoy a punto de tomar mi bolso para avisarle que me retiro llega al piso un repartidor. —Buenas tardes, correspondencia para el señor James O’Connor Jr. —Gracias, ¿dónde debo firmar? —Aquí, por favor— el muchacho me indica la tableta donde debo hacerlo y estampo mi firma, luego se despide y camina directo a los ascensores. Por mi parte, tomo el sobre y mi bolso y voy a la oficina de mi jefe provisorio , golpeo la puerta y escucho el adelante. —Señor O’Connor, llegó esto de la oficina de Russell Macalister— dejo el sobre y me dispongo a salir, cuando el señor O’ Connor me habla. —Gracias, Rocío, puedes irte, por hoy hemos terminado. —Gracias a Dios, sino capaz y me acriminaba. —¿Tan malo fue hoy? —Algo, pero de verdad señor O’Connor su hermano es un verdadero palo en el culo— él señor O’Connor soltó una risotada que no pude aguantar y lo seguí. —Imagínate que yo lo soporto hace veintiséis años. —Lo compadezco, señor O’Connor. Que tenga un buen regreso a casa. —Igual tú, Rocío. Nos vemos mañana. Salgo de la oficina haciendo un asentimiento y cierro la puerta, camino hacia el ascensor y lo llamo. —Otro día que termina mi querida Maca… Suspiro en la caja metálica hasta que llego al estacionamiento donde me subo a mi Beatle y coloco unas zarzuelas para subirme el ánimo. Desde que mi hermana desapareció dejándome una carta en donde expresaba que era el momento de vivir su vida junto a ese tipo los días se me hicieron interminables. Está bien, la entendía, estaba enamorada y quería disfrutar de su amor, pero nunca me volvió a contactar, fue como si hubiera muerto para mí. En los primeros años esperé como una estúpida que ella apareciera por la puerta de la casa Santillán para buscarme y tanto Clara como su mamá me trataban de dar consuelo, pero yo quería a mi hermana. Los años pasaron y en un viaje que hicimos a Francia me encontré con ese ser rastrero, pero de mi hermana nada ¿Es que habían terminado? ¿Por qué no volvió entonces? Lo que más me dolió en ese momento en el Louvre fue verlo con otra chica como si nada, ¿es que para él las mujeres eran desechables? Y de ser así ¿Por qué mi hermana no volvió? Aunque Clara me pidió que no siguiera indagando en el tema lo busqué en r************* y me volví en su estalkeadora oficial, sabía todo lo que hacía, la infinidad de mujeres que pasaban por él y su vida loca y de desenfreno. Era un completo puto con dinero y se vanagloriaba cada semana con sus conquistas. Muchas veces me pregunté si lo de mi hermana fue algo pasajero y solo se la llevó para dejarla sola en algún lugar del reino unido, podía ser eso ¿no? Así que me dediqué a trabajar y estudiar para juntar dinero e ir para buscar a mi hermana, saqué mi carrera de administración gracias a que los Santillán fueron mis benefactores y cuando Clara se fue a estudiar a Francia yo aproveché de tomar mis cosas y comenzar con mi búsqueda. Cuando intenté buscar información en el aeropuerto me trataron de loca, pues ya había pasado mucho tiempo y no se guardaban esos registros, en la policía me dijeron que de acuerdo a lo que les señalaba mi hermana me había abandonado y que mejor lo dejara así, todo porque “había pasado demasiado tiempo” y no había indicios de desaparición o algo por el estilo. Al principio me frustré, pero ver en las páginas sociales que el tipo estaba comprometido con la mujer que lo vi esa vez en el museo me dio nuevos aires para seguir con mi investigación. En inglaterra no hubo ningún avance, ni siquiera había nota de ingreso al país de mi hermana, en Escocia tampoco hasta que llegué a Irlanda con toda la fe del mundo, esperaba que ella estuviera aquí, aunque fuera una ilusión que duró lo que dura un suspiro. Un día, cuando mi ánimo estaba por el suelo entré a un bar, necesitaba una copa o por lo menos algo que me hiciera calmar mi pena y el destino era cruel, en ese mismo lugar estaba ese ser despreciable. Me senté en la barra para escucharlo discutir con el bartender, estaba absolutamente ebrio, por lo que me decidí a hablarle, capaz y lograba algo. —¿Mal día?— Bien, Ro. Muy buena pregunta para iniciar una conversación —Veo que te has quedado pegado en tus pensamientos. —Perdón ¿Qué me decías? —Te preguntaba si había sido un mal día, pero veo que así debe ser, no son ni las diez de la noche y por lo que veo ya te has acabado una botella y vas por la segunda. —Eres muy observadora—hizo el ademán para que le dijera mi nombre, pero no era tan tonta, lo más probable es que buscara un cuerpo para follar y yo era la candidata. —Mi nombre no viene al caso, no estoy aquí para hacer amistades. —Bueno señorita, desconocida, salud por usted y por no querer hacer amigos, la felicito porque no valen la pena. Volví al ataque con varias preguntas, pero nada. No hubo nada que me diera una luz sobre el paradero de Maca, estaba tan embotado que lo único que repetía era que ninguna mujer valía la pena que todas lo abandonaban como papel higiénico. Luego de eso volvió a beber y me ignoró por completo, al parecer no era lo que quería para esta noche, lo dejé en su mundo de ensueño y fui al baño. Abrí el grifo del agua y mojé mi cara, estaba ofuscada y con ganas de tirar todo por la borda, por lo que había logrado investigar él no tenía idea de mi hermana y no sabía nada de su desaparición. —Definitivamente o no sabes nada o eres tan bruto que Maca te abandonó o más bien nos abandonó — digo limpiando mi cara con una toallita mirando mi reflejo en el espejo. Salgo del baño y lo busco para encararlo, esta sería mi última oportunidad, pero no lo veo en la barra y solo noto como la puerta del bar se cierra. —¡Maldición! se fue. Salgo apurada del lugar y me lo encuentro discutiendo con las llaves de su auto y a punto de caerse, por lo que corrí oara ayudarlo, no sé que me pasaba cada vez que lo veía, pero sigo pensando que es porque quiero saber qué pasó con mi hermana y sólo el me puede dar respuestas. —¿Estás bien?—lo sujeto de los brazos y mierda que pesa —. Te tengo, creo que mejor te pido un taxi, no estás en condiciones de manejar. —Suéltame, no eres nadie para decidir si estoy bien o estoy mal. —Lo lindo se pierde con lo bruto que es, ay mamá ardilla ¿Qué viste en él?— farfullo molesta y le doy una bofetada, la ira bullía en mí al verlo así, era tan vulnerable y estaba a la merced de que cualquiera acabara con su existencia que se lo dije.—. Entonces, reacciona imbécil, tienes todo en la vida para ser una persona de bien y lo único que haces es autodestruirte, que lástima me das. Anda, ve y súbete a tu maldito auto y de paso cae por un barranco, le harías un bien a la humanidad. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2411069042692
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