Capitulo 35

1575 Palabras
A veces hay que pedir perdón de rodillas, arrastrándose o simplemente cerrando los ojos. Y heme aquí, por tercer día frente a la puerta del departamento de mi ahora proclamada cuñadita con una bolsa de doritos y una Coca-Cola bien helada. Flashback… —Vannah, por favor, abre la puerta—golpeo insistentemente en el departamento de mi cuñada y nada pasa, es que quiero por lo menos decirle que lo siento, pero nada. En eso escucho a alguien en el pasillo. —Ella salió temprano al hospital, joven. ¿Podría dejar de interrumpir mi descaso?—la señora se ve un tanto molesta, pero claro como no si son las ocho de la mañana y yo aquí haciendo escándalo. —Perdón, señora, lo siento. Salgo de ese lugar y me voy a la oficina, hoy será un día intenso con los preparativos del nuevo edificio y el traslado de las oficinas, cuestión que me tiene a full junto con mi viborita que ahora se las dio de defensora de todos, menos de mí. Por qué lo digo, pues porque desde que se enteró del pequeño impasse con Vannah me dirige la palabra solo por trabajo, se acabaron las bromas, los almuerzos y la buena vibra entre nosotros. ¿Me molesta? Pues claro que me molesta, estábamos haciendo las cosas bien o eso creía yo. ¿Hay forma de solucionarlo? Tendrá que haber, si la perdimos James me mata y ese es otro que tema que tengo que solucionar, pues no le he dicho absolutamente nadade lo que he averiguado. «Cobarde» —¿Nuevamente le fue mal, señor O’Connor?—la renovada víbora de cascabel me mira con esa cara de pocos amigos que se trae desde ese día y ya me estoy empezando a fastidiar. —Y si ese fuera el caso ¿Cuál es su problema, señorita Arismendi? El que quiera solucionar mi “problema” con Vannah no debiera preocuparle a usted o ¿está celosa? —¡¿ Qué?! ¡Claro que no! —demasiado molesta para no estarlo porque casi me escupe su veneno al decirlo—. No se haga el interesante, por qué habría de estar celosa, nosotros no somos más que jefe y empleada y por suerte ya queda poco para eso, gracias a dios. —Veo que volvemos a lo mismo, pero ahora es usted la que no quiere seguir aquí ¿Qué la detiene? ¿Por qué no renuncia y listo? —Pues, porque a diferencia de usted yo adquirí un compromiso con su padre y con su hermano y no me ando preocupando de otras cosas en vez de lo que es importante— me lanza una carpeta con los deberes de hoy y a mí se me cae la cara porque he dejado muchas cosas por hacer para perseguir a mi cuñada estos días —. Como verá, tenemos mucho por hacer, señor O’Connor y espero que ya deje su teatrito de andar detrás de mi amiga. —¡No te lo permito! —¿Qué? Que me preocupe más por el trabajo que tratando de enamorar a la chica de su hermano o cree que no me he fijado en eso. —¡A mí no me gusta Savannah! —Bueno, algo me llamó la atención de ella, pero después de que conocí las intenciones de mi hermano las dejé ¿Será que todos piensan igual que ella? —Primero, señorita Arismendi. No estoy tratando de conquistar a “mí cuñada” y segundo, solo estoy tratando de arreglar las cosas. —Pues debería de dejar de hacerlo, porque demuestra todo lo contrario y eso no es bueno para ellos ni para—detiene lo que va a decir y ya me estoy hartando de tanto secretismo. —¿Para quién, Rocío? Dime a ver para quién más. —Para usted mismo, señor O’Connor— dice dándose la media vuelta y dejándome con la palabra en la boca. —¡Diablos! Necesito solucionar esto pronto o me voy a volver loco. Fin del flashback… —Abre la puerta, cuñadita. Anda ¡perdóname, por favorcito! Juro que nunca más voy a desconfiar de ti, palabra de Boy Scout. —Otro idiota que se cree, Boy scout, por favor— bufa tras la puerta y ya escucho que los vecinos están empezando a abrir sus puertecitas para chismear. «Sí, el chisme está buenísimo» —¡Savannah Lewis, si no abres la puerta!— y hela ahora frente a mí, con unas ojeras de mierda, vestida como pordiosera y dando saltitos porque la muy señorita “me importa una mierda que estés aquí“ sigue con la bota ortopédica. —Pasa— me dice en tono cansado y dándome paso a su departamento y si ya había quedado maravillado con la mampostería de la entrada, dentro de este es un sueño. —Si, wow, es hermoso, yey. Eco sustentable y antiguo, ya me sé el discurso. —Veo que con mi hermano tenemos el mismo gusto, bueno, salvo por las mujeres—me mira feo, sí, muy feo, pero es la verdad, me encojo de hombros y sigo hablando—y no es que te desmerezca, Vannah, es que simplemente no eres mi tipo. —Pues gracias por eso, ahora dime ¿Cuándo dejarás de molestarme? —Cuando me perdones. —No tengo nada que perdonar, Chris. Lo que me dijiste e hiciste fue porque defendías a tu hermano, aunque él debería haberlo hecho y no tú. Fue un cobarde. «¡Recontra mierda!». —No fue de cobarde, es que yo no lo dejé y de verdad lo siento, pero es que no teníamos idea de lo que te había pasado y que conste que solo me enteré cuando Rocío y Thomas me lo contaron esa tarde que discutí contigo. —Ya da lo mismo, él se fue y no va a volver. Además, ahora tengo cosas más importantes que lidiar con sus propios demonios. —¿Cómo está tu hermana?—resopla frustrada y se sienta en el sofá, haciéndome un ademán para que le siga. —Estable, no sabemos cuánto daño es el que realmente tiene, pues las pruebas han salido negativas, solo nos queda esperar. —Y tú ¿Cómo te sientes?— abro la bolsa de doritos y la cara de Vannah se transforma, es como si un poltergeist la hubiese atacado y sale disparada al baño a vomitar. Dejo los doritos en la mesa y corro tras ella, lo que no es mucho porque estamos relativamente cerca del baño, tomo su pelo y comienzo a darle golpecitos en la espalda. —¿Muchos medicamentos para el dolor? — ella niega, mientras sigue con su faena de expulsar al alienígena que tiene en el estómago y yo continuo ayudándola —Loren, me hacia una sopa especial para esos días en que estaba tomando analgésicos y no aguantaba nada en el estómago y debo decir que eran de lo más genial, déjame y te la preparo. Tiene berros, pollo, maíz y otras hierbas que puede que te ayuden. —¡No!— y vuelve a vomitar— los berros me dan asco—dice tirando la cadena e intentando levantarse, pero es tanto el esfuerzo que a penas y lo logra. —Esto es mucho peor de lo que pensaba, déjame y te llevo al hospital. —No te preocupes, ya se me pasará, son solo náuseas matutinas y que la comida ya no me sienta nada bien. ¿ Náuseas matutinas? ¿mareos? ¿vómitos? — ¡Mierda, voy a ser tío!— la levanto entre mis brazos y comienzo a dar vueltas como loco en el pequeño espacio—. Esta es la mejor noticia que he recibido en todo este tiempo. —¡Chris! No… no sabes lo que dices. —No te preocupes, cuñadita, yo te voy a cuidar mientras mi hermanito está en Dublín, seré tu nano personal y ya verás que mi sobrinito o sobrinita comenzaraA portarse mejor. —Por favor, no digas nada. En estos momentos no me siento preparada para hablar con él y creo que esto no se puede decir por teléfono. —Tranquila, todo sea por mi sobrinito. —O sobrinita, tú mismo lo dijiste. —Tienes razón. Ahora, déjame preparar algo para esas náuseas matutinas, ua verás que te sientes mejor… Y así, llevo mis días desde que mi cuñada, sin que lo quisiera me abrió las puertas de su casa y de su mundo, los días son maravillosos al ver como el vientre de Vannah va creciendo y sin que lo note le he estado tomando fotos para que cuando James vuelva tenga un registro de nuestro porotito. —Se le va a caer la baba, ¿No dijo que no le gustaba su cuñada? —Y no me gusta, solo estoy viendo a porotito. —¿Ya lo sabe? —No por ti, pero si, ya lo sé, Así que puedes dejar tus celos de lado, Rocío. —¡Qué no estoy celosa!—da un portazo que me deja claro que tendré que hablar con los Scott, pues el marco de la puerta deja mucho que desear y yo sigo con mi sonrisa de bobo. —Claro que estás celosa, viborita y eso me gusta mucho. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2411069042692
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR