Mi prima.
Llegamos directamente al edificio de Scott y asociados, ambos estábamos demasiado ansiosos por lo que tenía que contarnos nuestro papá.
—¡Fiu, que edificio!—silbo al ver el imponente lugar, sobrio y muy moderno, pero con aire familiar.
En la entrada hay un mural inmenso donde se ve la silueta de un grupo de personas disfrutando de una tarde en algún lugar de Italia.
¿Por qué lo sé? Pues por las casas y el verdor del lugar, era típico de algún lugar de la Toscana.
—Interesante, me gusta— digo con una media sonrisa.
—Todo es interesante para ti, Chris, eso no es ninguna novedad.
—Me gusta apreciar el arte, no como otros—digo en son de burla y James ya me está mirando con el ceño fruncido —, pero vamos que quiero saber todo lo de nuestra prima.
Llegamos al piso indicado por la recepcionista y el lugar es tanto o más hermoso que la entrada, formal y con mucha luz, sus ventanales de par en par nos reciben con una maravillosa vista de la ciudad.
—Buen día, estamos buscando al señor James O’Connor— dice mi hermano a la chica que está en el mesón y ella nos da una sonrisa profesional y luego se levanta de su asiento.
—Señores O’Connor, un gusto de conocerles, su padre les está esperando.
—¿Cómo supo?—pregunto curioso y ella esboza una pequeña sonrisa.
—Son una copia al carbón de él, pero puede ser porque su padre ya nos había avisado— me guiña un ojo y vuelve a sonreír—. Por favor, síganme.
Seguimos a la recepcionista y luego de pasar por varios privados y dos salas de juntas nos encontramos con una oficina en la que ella se detiene y golpea la puerta.
—Adelante.
La recepcionista nos da la entrada y se retira cerrando la puerta dándonos un asentimiento, nuestro padre se levanta y como pocas veces muestra su alegría de vernos acercándose a nosotros y dándonos un abrazo.
—Wow, ya quiero tener más primos perdidos, si con eso vas a ser tan efusivo.
—Idiota—masculla mi hermano y yo lo miro divertido.
—Lo mismo digo.
—Ya dejen de discutir y siéntense ¿Quieren algo de beber?
—No gracias, padre.
—Dilo, por ti , a mí me vendría bien un cafecito.
—Llamaré para pedir algo.
Mientras papá pide el café, nosotros nos sentamos frente a él y esperamos pacientes.
A los pocos minutos, un muchacho abre la puerta y nos deja una bandeja con café y galletas, para luego retirarse. Tomo una y la degusto como el mejor catador.
—Está deliciosa.
—Las hace la ama de llaves de la casa de los scott, la señora Gloria, al igual que Blue consiente mucho a la gente de aquí.
—Padre ¿Podemos ir al punto?
—Sí, claro.
Nuestro papá nos entrega dos carpetas con la información se Daniela López. En ellas está su edad, dónde nació, sus gustos, pero su apellido es lo que más me llama la atención.
—¿López?— pregunto dudoso.
—Al parecer ese fue el apellido que tomó tu tío en Chile, aún hay cosas que los investigadores están descubriendo, pues Leonel fue sumamente inteligente al borrar todo rastro de él.
—Pero ¿Por qué lo haría?— pregunta James, un tanto molesto.
—Eso jamás lo sabremos, el murió cuando Daniela aún era una niña y no dejó nada de él como para saber de su drástica decisión. Me duele su actitud, pero también lo entiendo, él quiso cortar todo lazo con nosotros y al parecer lo hizo demasiado bien.
—Pero aquí dice que está casada, tiene una hija y está en proceso de obtener la ciudadanía.
—Así es, Daniela. Ha pasado por muchas cosas desde la muerte de Leonel, entre esas la muerte de su madre en un accidente en la frontera— mis ojos se expanden como platos al seguir leyendo su historia, es que lo leía y no lo creía ¿Cómo era posible que mi prima cargue con tanto dolor? Y yo reclamando por mal de amores.
—Me molesta que no podamos acercarnos a ella y decirle quiénes somos — digo cerrando la carpeta — . Es que ella se merece saber que no está sola.
—Eso es a petición de Blue, ella es su mentora y la ha cuidado todo este tiempo, me lo ha pedido hasta que resuelva todo su problema con migración y he aceptado.
—Ess injusto— vuelvo a reclamar, mientras empuño mis manos.
—También me molesta, hermano, pero creo que debemos ir con cuidado, hasta saber todos los pormenores.
—Bien, me aguantaré, pero espero que las cosas sean rápidas, no voy a esperar toda la vida para decirle la verdad.
En eso escuchamos el golpeteo en la puerta y mi papá deja pasar al visitante.
—James, ya todo está listo para nuestra reunión.
—Hola Thomas, gracias. Mira, aprovecho de presentarte a mis hijos James Jr y Christian.
—Mucho gusto, Thomas Scott, es bueno saber que llegaron bien y pueden estar en esta reunión.
Nos levantamos de nuestros asientos y extendimos nuestras manos correspondiendo al saludo del abogado.
—Pues, el gusto es nuestro, gracias por la bienvenida.
—¿Les parece si vamos a la sala de juntas?
—Vamos, quiero ver como quedó todo.
Salimos los tres de la oficina y caminamos por el pasillo hasta llegar donde estaba la sala de reuniones.
Thomas, abre ma puerta y carraspea y ahí veo el porqué, frente a nosotros estaba ella, nuestra Dani.
—Oh, perdón señores, es que estaba respondiendo un mensaje.
—No se preocupe ¿señorita?
—López, Daniela López, asistente ejecutiva del señor Scott — ella saluda a mi papá y luego a nosotros y yo estoy tan embobado al notar el parecido con mamá que no atino a nada y creo que James tampoco, pero ella toda profesional nos da una mirada cálida y prosigue— . Por favor, tomen asiento, les ofrezco café, té herbal, alguna gaseosa.
—Por el momento no, señorita — responde mi hermano y nos dirigimos a nuestros asientos.
—Para mí solo agua, Dani y siéntate que queremos comenzar.
—Sí, si jefe…
Ambos se miran con complicidad, ¿será que este es su marido? Pero lo que alcancé a leer es que él era su jefe.
Thomas nos entrega una carpeta a cada uno y comienza a hablar de la propuesta para representarnos aquí en Nueva York, por mi parte no veo objeciones, pero yo no soy abogado, así que dejo que papá y James sean los que sigan la charla, mientras me quedo pegado viendo a mi primita.
«Se ve tan tierna»
—Como verán, la propuesta es simple, mi padre me ha pedido especialmente que me haga cargo de ustedes, mientras estén en Nueva York y obviamente con gusto he aceptado.
—Adam siempre tan dispuesto, es por eso que me interesa trabajar con ustedes—habla papá en su tono profesional—. Conocer a tu padre desde hace tantos años me hace confiar, pero veo la dedicación que has tomado en el asunto, ¿Hijos? ¿Ustedes tienen algo que decir?
—Padre, confiamos en ti, nosotros recién estamos empezando con los temas de gerencia y si tú crees que este es el mejor estudio jurídico de la ciudad, no tengo porqué desconfiar de ti.
—Por mi parte, no hay problema, papá— sonrío como un niño con su nuevo juguete y sigo mi discurso —Veo que el señor Scott sin siquiera tener nuestra cuenta ganada ya ha hecho bastante y se agradece la deferencia.
—Pues no hay nada más que decir ¿Dónde firmo?—dice el papá y veo como Thomas saca otra carpeta.
—No es que viniera preparado, pero aquí está el contrato, por favor léanlo y si están de acuerdo pueden firmar.
—Thomas… ¿Te puedo decir así no?
—Por supuesto, señor O’Connor.
—Entonces dime James.
—James, dígame ¿qué necesita?
—Vi que ustedes son dueños del edificio, así que lo que les quería pedir e iba a hablar con tu padre, era si podían arrendarme un piso hasta que mi edificio esté terminado.
—No creo que haya ningún problema, pero ¿un piso completo?
—Podría ser una oficina acá, como la que he estado usando estos días, creo que estaría bien, total no será tanto el tiempo que nos mantengamos en sus oficinas, pues pasaremos más en la construcción y en otras cosas más.
—No te preocupes amigo, pediré a mantenimiento que les organicen dos privados, así podrán trabajar mejor.
—Scott, qué bueno verte— papá se levanta y le da un abrazo a su amigo y creo que todos estamos en shock.
¿De cuándo papá tan afectuoso?
Debería preocuparme y llevarlo al médico.
—Lo mismo digo James y gracias por confiar en nosotros.
—Es lo menos que puedo hacer, después de todo lo que has hecho por mi familia—viejo zorro, lo vi como miraba a mi prima y el señor Scott aguantaba la risa.
—Entonces ¿ya firmaste?
—No comas ansías, Scott. Ahora lo hago.
—Ahora deberemos ir a celebrar — mi padre y el señor Scott asiente, al igual que todos, menos ella.
—Señorita López, ¿usted no nos acompaña?— la cara de Daniela es de susto al escuchar las palabras de mi padre, pero ¿Por qué?
—Lo siento señor O’Connor, pero debo hacer otras, pero prometo para la próxima acompañarles, ahora debo salir rauda a otro lugar.
—¡Yo la puedo llevar! Además padre debo hacer algunas cosas antes de volver a la construcción— salto de la nada y todos me miran con cara de locos.
—Si no es mucha la molestia, Christian, pero te pido que en vez de irte a la construcción te reúnas con nosotros, le diré a tu padre que te envíe la ubicación.
—Papá, ¿no será mucha patudez aprovecharse de Christian?—dice Thomas, mordiéndose la lengua, aquí hay gato encerrado, por lo que me decido a seguir con mi teatro.
—Oh, no, no, no, para nada, de verdad que debo hacer algo al otro lado de la ciudad, pero prometo reunirme con ustedes en unas dos horas.
—Perfecto, vayan y no te preocupes por las cosas Dani, Bernardita lo hará por ti.
—Gracias jefe, iré por mi bolso.
Subimos al auto que papá me dijo que estaba en el estacionamiento y le pedí las indicaciones, obvio, no conozco esta ciudad.
El viaje fue callado y ¡Diablos! la miraba cada que podía, ella se mantenía tranquila mirando por la ventana y sus gestos me recordaban tanto a mamá. Cuándo nos acercamos al lugar que indicaba el GPS mu ansiedad se transformó en alegría
¡ Conocerla a mi sobrina!
Pero la algarabía me duró menos que un Candy cuando ella se despidió de mi y huyó como si fuera una delincuente.
¿Qué le pasaba?
En eso noto que en el costado del asiento hay una carpeta y no es mía. Mi sonrisa se expande y salgo como todo un galán de mis series y corrí hacía ella.
Estaba discutiendo con un hombre, que tenía en sus brazos a una pequeña, tan linda como su mamá y que desbordaba alegría junto a ellos.
Le hablé con voz fuerte y clara diciéndole que se le había quedado su carpeta y el hombre aquél se puso verde de la ira.
—Lester, Daniela Lester — me dice mascullando entre dientes.
«Así que este es el susodicho, interesante »
Intercambiamos unas cuantas frases más y me despido, ya veo que este tipo saca un arma y me deja con un orificio en mi hermoso cuerpecito, pero no me quedo así, al despedirme de ellos él no me acepta la mano y como yo soy hincha pelotas, me atrevo a despedirme de Dani con un beso en la mejilla.
«A quién le miento, me gusta el peligro»
Noto como el tipo de incomoda y es definitivo, lo he sacado de sus casillas, me río internamente y los dejo pasar.
—Esto será más entretenido de lo que pensé.
Veo mi celular y ya tengo las indicaciones para llegar a la obra, me subo al auto y coloco las coordenadas, al llegar al lugar quedo maravillado con la vista, no está tan lejos del edificio de los Scott, lo quesñ es bueno.
Me acerco al grupo y mi papá me entrega un casco, revisamos el avance y veo que ya está bastante adelantado.
—Oye papá, tengo una duda.
—Dime hijo.
—¿Por qué Daniela oculta su matrimonio?
—Puede que eso te lo pueda responder yo— dice el señor Scott.
—El matrimonio de Jex y Dani es por un acuerdo, ambos necesitaban el uno del otro y por ende Daniela no es muy hincha de Jex, ellos no partieron tan bien y las cosas tampoco son tan fáciles.
—Ya veo.
Salimos del lugar y yo ya estoy craneando mi estrategia para abordar y conocer a mi primita, esto de verdad que sería más divertido de lo que imaginaba.
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