Dejar el pasado atrás
Despierto por culpa de las luces que los primeros rayos del sol entran por la habitación de mi ventana.
Estiro mu cuerpo y siento a mi costado el de Chloe, que aún duerme desnuda acurrucada y abrazando una de mis almohadas.
Los recuerdos de lo que pasamos anoche vienen de golpe a mi cabeza y no me queda otra que negar, ya lo había disfrutado y era de poco caballero salir de ahí y echarla,
Me levanté y caminé hasta el baño para darme una buena ducha de agua fría, olía a sexo y me sentía pegajoso, abrí el grifo y dejé caer el agua sobre mi cuerpo, ahora que lo notaba tenía varias marcas en mi cuerpo producto de sus uñas y las mordidas que me había hecho esa chica, negué nuevamente y dejé que el agua me quitara esta sensación de inquietud que se había instalado en mi cabeza. Unas manos aparecieron tras mi espalda y besos mojados comenzaron a esparcirse en mi cuerpo.
—El agua está fría, pero tu cuerpo arde ¿Será por mi culpa?—dice toda coqueta, mientras me doy la vuelta y creo que mi amigo ya estaba dispuesto a un segundo round.
—Chloe, creo que — sus labios acallaron mis palabras y me dejé llevar nuevamente, ¿a quién le quería mentir? Tenía ganas de seguir en este jueguito y ella estaba dispuesta.
Los últimos días en París con suerte salimos de la habitación, Mateo nos odió cuando le dijimos que nos habíamos dado una oportunidad, según él estaba loco por aprovecharme del amor que Chloe sentía por mí, pero le dije que no era eso, que de verdad quería darme esa oportunidad.
Regresamos a Irlanda y las cosas iban bastante bien, en los estudios los tres seguíamos a full con lo que nos quedaba de ramos en la carrera y ya, trabajando codo a codo con Mateo en las prácticas en la constructora.
Por otro lado, mi relación con Chloe iba viento en popa y qué decir del sexo, era fenomenal. Me estaba dando una oportunidad con ella, no perdía nada, me gustaba y disfrutaba de todo lo que ella me daba, era un ganar y ganar y había decidido escalar un peldaño más en mi nueva relación.
—Oye, hermano ¿qué harás hoy? Te veo un tanto ansioso.
—He estado pensando en que mi relación con Chloe es lo suficientemente estable y quiero pedirle oficialmente que sea mi novia.
—¿Estás seguro, Chris? O sea, no ha pasado ni un año que estás saliendo con ella y de la nada ya quieres hacerla tu novia.
—¿Y por qué no? Creo que ahora si no me equivoqué con la chica que estoy saliendo y siento que puedo forjar un futuro con ella.
—Te entiendo y como tu hermano mayor te deseo lo mejor ¿Cómo se lo propondrás?
—Esta noche, la sorprenderé con una cena en su departamento, quiero que sea algo muy especial y le prepararé el plato que mamá le hacía a papá en cada aniversario.
—Eres un sentimental, Chris, pero me gusta la idea.
—Gracias, hermano, estoy feliz de que me apoyes en esto.
—Siempre te apoyaré, aunque no esté de acuerdo con tus decisiones, pero todo es parte de tu crecimiento.
—Idiota, yo no soy un niño.
—Para mí siempre serás mi hermanito, el hincha bolas profesional y te amo por ser así, nunca cambies.
Terminé mi conversación con mi hermano y fui a buscar mis cosas para ir al departamento se Chloe, sabía que llegaría tarde de su trabajo, ella no quiso hacer la práctica con nosotros, aunque no lo entendí, lo acepté. Sobre todo porque con Mateo no se llevaban nada de bien.
Abrí mi pequeño cofre del tesoro, ese donde guardaba todos mis recuerdos más preciados y de la nada apareció una foto que me tomé con ella en la puerta de Alcalá. Los recuerdos de lo que vivimos en ese corto tiempo se agolparon en mis pensamientos, ese amor fugaz que había sentido y todo lo que aprendí con ella me devolvió esa amargura que aún tenía.
—¿Será correcto volver a intentarlo? — esa pregunta volvió a surgir, pero ya no era tiempo de llorar, hoy sería un nuevo comienzo, un hermoso con alguien que me da la seguridad de que no escapará a la primera de cambios, bastante había hecho para estar conmigo y apreciaba eso, no sé si será un amor tan profundo como el que sentí por ella, pero era un amor seguro.
Dejé la foto en el mismo lugar y luego tomé la cajita donde estaba el anillo de compromiso que mi padre le dio a mamá, era una alianza sencilla labrada con palabras celtas que simbolizaban el amor infinito. Cerré mi cofre y guardé el anillo en mi chaqueta.
Salí con el mejor de mis ánimos y tomé mi moto, pasaría por la tiendita de Dolores, una viejita medio bruja que se ganaba la vida con sus frutas y verduras frescas.
Prepararía un Coddle que es un platillo humilde preparado a base papas, tocino y chorizo y de postre unos Scones que son panecillos horneados, tradicionalmente llevan pasas y se cortan por la mitad para untarles crema y mermelada de frutos rojos, por lo que esperaba que esa viejita loca tuviera todos los ingredientes.
Detuve mi moto frente a la tiendita y el aroma a hierbabuena, romero y eneldo me llegó de golpe, hoy habían verduras recién recolectadas y eso me hacía feliz, me recordaba a mamá.
La campañilla que estaba en la puerta le avisó a esa viejecita que yo estaba ahí.
—Hoy fumaste, muchacho ¿Qué te tiene tan nervioso?
—No he fumado y tampoco estoy nervioso, no sé de donde sacas esas ideas locas, vieja bruja.
—Bruja tu abuela, más bien soy como una hechicera, pero dime ¿a qué vienes hoy?
—Necesito papas, harina, esos chorizos que tanto te gusta hacer, pasas y de esa fabulosa mermelada de frutos rojos que hace tu hija.
—Coddle y Scones, ¿A quién quieres impresionar?
—A mi futura esposa— la sonrisa burlona de Dolores cambió por una mueca de molestia, pero ¿qué le pasaba a esta mujer? ¿de verdad era bruja y habrá notado mi discusión con James? O sea, sí había fumado, pero temprano y puede ser que esté un poco nervioso, pero era normal ¿no?
Sus ojos dejaron de mirarme y se levantó como si nada, fue hasta la trastienda y luego de unos minutos regresó.
—No me quedan pasas, pars tus Scones, pero ahí está todo lo demás.
—Gracias, viejita linda ¿Cuánto te debo?
—No me debes nada, igual te eché un poco de hierbabuena, sé que la necesitarás, espero volver a verte y por favor ten cuidado al andar en esa cosa del demonio.
—Es una simple moto, viejita. No me pasará nada ya lo verás.
—Pues ten cuidado, se acerca una tormenta de esas que te calan los huesos.
—Lo tendré, nos vemos la próxima semana.
—Que dios te acompañe, Chris. De verdad cuídate.
Y con esas palabras me dejó parado en el mostrador y volvió a sus quehaceres, por mi parte negué con la cabeza y salí con mi bolsa de compras, la coloqué en mi bandolera y me puse el casco, le haría caso a esa viejita y andaría con cuidado, estaba comenzando a chispear y el viento arremolinaba los árboles alrededor.
—De verdad que eres una bruja Dolores.
Encendí mi moto y tomé rumbo al barrio donde vivía mi chica, al virar en su calle veo como ella se está bajando de un taxi.
—¡Demonios, se me adelantó!— pero lo peor vino después, al ver se bajaba otra persona, una que conocía o creía conocer como la palma de mi mano…
Ellos, se abrazaron cuando un fuerte viento los hizo removerse, estaban riendo y de la nada se besaron, para luego entrar al edificio. Me acerqué a toda velocidad al lugar y me bajé de la moto, necesitaba una explicación. No era tonto, lo que vi me dejó claro que a esos que consideraba mis amigos me habían estado engañando.
Entré al edificio y subí por las escaleras, cuando llegué a su piso no quise usar mi llave, quería sorprenderlos al ver sus caras cuando abrieran.
Toqué el timbre y escuche los pasos de ella y cómo le decía algo a ese mal agradecido.
—Debe ser la vecina que quiere que le cuide a su hijo, me tiene harta con tanta molestia — no termina de decir lo que estaba hablando cuando abre la puerta, mientras se arregla la camisa abierta y se queda muda al verme.
—Así que la vecina te tiene harta, pues pobrecita de ella que confía en ti .
—Chri…Christian…
—El mismo que viste y calza, cariño ¿No me dejarás pasar?
—Pue… puedes esperar, tengo el departamento desordenado y…
—A quién le importa, cariño —recalcaba la última palabra para que le doliera, de un solo empujón la hice moverse y me adentré en su pequeño departamento.
—Mi vida ¿Era tu vecina?— dice el desgraciado que al verme suelta las tazas de lo que sea que iba a preparar —Chris…
—Hola, Mateo. Es bueno verte, no sabía que compartíamos el mismo gusto por perras insidiosas.
—No la trates así, ella no tiene la culpa, yo… yo…
—¿Tu qué, Mateo? ¿La amas aunque me haya abierto las piernas a mí por más de un año? ¿O qué? No me digas, la compartimos todo este tiempo, si quieres podemos hacer un trío ahora mismo para que veas que no soy celoso.
—¡Ya cállate, O’Connor! ¡Siempre eres tú, maldito! Logras todo lo que quieres, el primer lugar, la chica que me gusta, el trabajo soñado, lo tienes todo y yo, yo tengo que luchar día a día por conseguir las migajas que tú dejas ¡No es justo!
—Pues claro que no es justo, porque yo jamás te he dado migajas, todo lo que tengo es por mi esfuerzo, no por mi apellido y cada logro lo he compartido contigo, un mediocre que se cree saberlo todo, pero que si no fuera por mí, hoy no tendría ni siquiera su beca.
A ver, dime ¿gracias a quién has sacado esos promedios todos estos años? Porque solo te esforzabas cuando yo te obligaba y el muy estúpido te apoyaba en todo para que no perdieras tus créditos.
—¡Eso es mentira!
—Sabes que no lo es, Mateo. Pero ya no viene al caso, te la regalo, no me gusta usar lo que mis amigos, perdón mis ex amigos usan, me da asco.
—Chris, no es lo que tu crees…
—Por fin te salió el habla, Chloe, pensé que esta rata te había comido la lengua, pero sabes qué, me alegro de haberlos encontrado, me han sacado un peso de encima, bueno dos. Así que les deseo la mayor felicidad del mundo.
—Chris, perdóname. Lo siento, yo te amo, Mateo es una buen amigo y nada más.
—Ya, Chloe, él tiene derecho a saberlo. Tú me amas…
—¡Cállate!
—No se molesten, no necesito sus disculpas, no vale la pena molestarme por dos personas que han muerto para mí.
Sonreí de medio lado y sin esperar a que siguieran con su show, cerré la puerta.
Vaya que James y Dolores tenían razón, la verdad es que no estoy hecho para amar, al final todos me terminan fallando.
Cuando salí de allí, una lluvia torrencial caía en la ciudad. Nuevamente negué con mi cabeza, al fin y al cabo era Irlanda ¿qué podía esperar?
Tomé mi casco y luego de colocármelo, me subí a mi moto.
Hoy comenzaba un nuevo día, un nuevo Christian iba a renacer de las cenizas, uno que no le importaría nada ni nadie, total, el amor no valía la pena.
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