Un almuerzo un tanto peculiar.
—¿Vamos?—el gandul me interrumpe en mi conversación telefónica con uno de nuestros proveedores, así que lo detengo con mi mano, para que no siga y poder terminar, el maldito problema es que ahora tiene sujeta mi mano que chocó con su vientre duro como una roca.
—Por supuesto, señor Ramírez, el contrato con su empresa por el revestimiento estará dispuesto para que lo firmen el día martes—digo de modo profesional para que la otra persona no note mi molestia, mientras lo miro hacia arriba y esa sonrisa bobalicona me enfurece, intento soltarme, pero el afinca su mano sobre la mía y comienza a deslizarla por su vientre duro y bien marcado sin quitarme los ojos de encima—. Por supuesto, señor Ramirez, una vez revisado por buestros abogados se lo remito. Gracias por su comprensión.
Corto la llamada y le hago una seña para que me suelte, él rezonga y de mala gana lo hace y me hace el ademán para que me levante y sale caminando tranquilamente hacia los ascensores.
—Señor, haz que este almuerzo sea lo más normal posible por favor.
Encamino mis pasos tras él quién ya ha llamado a la cajita metálica que se abre frente a nosotros.
Ninguno de los dos dice absolutamente nada con respecto a lo sucedido y se lo agradezco, pues no sé con qué pachotada le habría salido. Al abrirse las puertas en el vestíbulo vemos a las chicas junto a Dani, Jex y Thomas.
«Esto será de antología»
—¿Ya estamos todos?—pregunta Thomas y Dana afirma, por lo que salimos rumbo al restaurante que está a dos calles de las oficinas. Dani, Alma y Dana se apegan a mí y comienzan con su conversación, mientras los otros tres van delante de nosotras.
—Que buen trasero tiene mi hermoso maridito.
—¡Dana!— la reprendo y las otras dos sueltan una risita cómplice.
—Creo que nuestros hombres se lucen, si hasta mi primito tiene buen cuerpo, es un cuerazo.
—¡Por dios, mujeres! ¿Están faltas de vitamina s o qué?
—Yo tuve mi dosis diaria tempranito, así que a mí no me mires.
—¡Alma!—la miramos como la loca es y ella se encoje de hombros.
—Creo que a la que le falta una buena dosis de vitamina s es a ti, querida Ro y estoy más que segura que cierto colorín está absolutamente llano a dártela.
—Para qué habré hablado, señor. Ustedes no tienen cura y no, no me hace falta vitamina s, estoy muy bien así como me ves.
—¿Estás saliendo con alguien que no me has dicho?— Dana me mira como si le estuviera escondiendo algo y yo le reviro los ojos—. Ro, no puedes no contarme. A ver, suéltalo, ¿cómo se llama? ¿A qué dedica el tiempo libre?— noto como el gandul baja el ritmo de sus pasos y a mí no se me ocurre nada mejor que decirle una mentira a mi amiga para que me deje de molestar.
—Se llama Theo, es ingeniero, se dedica a trabajar en la empresa de su familia y es un dulcito.
—¿Theo?— sí, ya saben quién es el que pregunta, se detiene en seco y me mira ¿molesto?— ¿Te refieres a Theo Jones? ¿El de Jones constructor?
—Señor O’Connor, cuidado. No se puede detener en medio de la calle a escuchar conversaciones ajenas.
—Te hice una pregunta, Rocío.
—Y yo no tengo porqué responderla, señor O’Connor. Eso tiene que ver con mi vida privada.
—No cuando con quién sales es nuestra competencia directa.
Señor, que me parta un rayo, yo que lancé un nombre al azar y el señorito lo ha malinterpretado todo.
—Vamos, Chris. Almorcemos tranquilos, Rocío es lo suficientemente inteligente en dividir sus asuntos personales con los laborales, de eso estoy seguro.
—Gracias, Thomas por la confianza — y por salvarme el trasero de este impasse— y sí, tienes razón, sé muy bien distinguir.
La llegada al restaurante es un tanto caótica, pues estamos en una hora pico y está lleno hasta las masas.
—Les dije que deberíamos haber ido a Enricos, era más fácil que nos armaran una mesa en la terraza y no tener que esperar aquí —refunfuña Alma y hasta yo le encuentro la razón.
—Señor Scott, su mesa está lista, disculpe las molestias, pero para la próxima le pido que me avise para acondicionar una mesa para usted y sus colegas— le dice el metre a Thomas y él muy amablemente le agradece.
—Gracias, Luis y si, perdona por no haberte avisado, pero este almuerzo salió de improviso.
Entramos al lugar y el mesero nos lleva a la mesa, nos entrega el menú y nos ofrece algo de beber mientras decidimos que ordenar.
Todo se ve apetitoso, el restaurante es de comida fusión Peruana Japonesa por lo que yo me decido por un delicioso Sashimi con una salsa de ají y limón.
—No sé qué le ven a la comida cruda— dice mi queridísimo jefe provisional, alias el gandul tratando de comer su sushi con los palitos.
—No soy tan adepto a esta comida, pero debo decir que aquí la comida es bastante buena y sabrosa y como a mi gatita huraña le encanta, venimos bastante seguido.
—Yo soy más de una buena carne con guisantes y puré. La comida casera es muchísimo mejor.
—Pero toda la comida en cierta forma nace de la comida casera, señor O’Connor— le hablo, mientras me deleito con mi Sashimi y suelto un gemido de gusto—. La única diferencia es que en los restaurantes el plato es grande, la comida poca y los precios exorbitantes.
—En eso concuerdo contigo, amiga ¿Recuerdas entre tapas y birras?
—Como olvidarlo, el mejor bar de tapas de la ciudad.
—Donde los chipirones se deshacen en tu boca ¡Ay, qué tiempos aquellos!
—Pero cuando quieras yo te los preparo, ya sabes que en mis ratos libres me encanta cocinar.
—Pues hagámoslo este fin de semana, además quiero pedirles un inmenso favor a todos.
—¿Qué locura se te está ocurriendo ahora enana?
—Ay, no seas aguafiestas, baboso. Es que con mi miele estamos de aniversario y pues quiero hacer algo especial para celebrarlo— Dana y Thomas la miran un tanto desconcertados, pero ella los tranquiliza—. Mis amores, quiero que sea un motivo de celebración para todos, incluyéndolos, sé que por la mala experiencia que pasaron sufrieron ambos, pero ¿podrían estar felices por Enzo y por mí?
—Tienes razón, enana. Lo siento, pero sabes que aún ese tema es un tanto complejo para nosotros, pero tampoco puedo negarte que celebres tu felicidad con ese idiota
—Por mí, no hay problema, tenemos cerca de una semana para prepararlo todo y hacer de tu celebración de aniversario la más hermosa de la vida.
—Gracias, amihermana, sabía que podría contar con ustedes.
—Por supuesto, cuenten conmigo, puedo cocinar el fin de semana o llevar un plato tradicional y para su celebración de aniversario no tengo problema en apoyarlos, siempre y cuándo no tenga que hacer algo en la construcción.
—Pues ya quedó todo arreglado, el fin de semana seguimos con los preparativos y estoy más que segura que mamá estará de acuerdo en que todos preparemos algo delicioso para el domingo.
—Como el que cocina es Enzo.
—Y lo hace delicioso, como todo.
—Mujer, eso solo tú lo sabes.
—Estoy hablando de la comida, Ro.
La carcajada de todos hace que me ponga de roja como tomate maduro y la mirada inquisitoria de el gandul que no me la ha quitado desde que hablé de mi chico imaginario.
—Yo también, Alma.
—Pues sería bueno que llevaras a tu chico para el almuerzo del domingo, así tenemos el gusto de conocerte en otra faceta.
«Lo mato, me está buscando el bendito gandul»
—Chris, qué buenísima idea. Sí, mi Ro, estaremos felices de conocer a tu donador de vitamina s este domingo.
—Pues ya todo está listo, comida casera y tradicional de cada país y conocer al chico misterioso de Ro ¡Qué mejor plan!
Ay Thomas, si tu supieras en la que me he metido y todavía no termina este peculiar almuerzo.
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