Capítulo 22

2117 Palabras
Despreciable víbora rastrera. Llegar a Nueva York había sido todo un reto, estaba dejando todo atrás y aún no me sentía a gusto. Sobre todo dejar a la pequeña Maca y a sus papás, ella me hacía recordar a mi hermana y lo mucho que la extrañaba, pero era momento de avanzar y seguir con mi destino. Al salir de inmigración y retirar mis maletas, veo una silueta conocida, una que sin querer, me había topado en los momentos más extraños de mi vida, pero negué con mi cabeza y enfilé mis pasos a la salida. —¡Rocío!—la voz de mi gran amiga y jefa y la de mi pequeño príncipe me sacó una sonrisa de oreja a oreja y corrí hacia a ellos. —¡Mi hermoso príncipe! ¡qué grande estás! Y tú, no puedo creer que sean tres. —Ya, Rocío. Deja la broma— me abraza y se remueve con su enorme pancita para rodearme. Luego, se separa de mí y me frunce el ceño —. ¿Te bebiste hasta el agua de excusado del avión, Ro? —¡Oye! Déjame disfrutar de mi llegada primero, pero sí, algo bebí en el avión. Ya sabes como me siento en las alturas. —Pues será mejor que vayamos a casa y me cuentes todo lo que ha pasado en casa. Subimos al auto que nos llevaría a la casa de Dana y ¡Wow! tiene chófer personal. —Menuda Hummer chica linda, tu maridito sí que te cuida. —Thomas es… es maravilloso, pero no solo por esto, es por lo que me hace sentir cada día, si supieras lo amoroso que es. —Eso lo pude notar cuando estuvo allá, jefa. El señor Scott es todo un dulcito. —Dejen de hablal de mi papi, él no está plesente—Ese es mi niño hermosos, me encanta como defiende a su papá. —¡Ay! Tommy, pero si estamos hablando bien de él. —¡No impolta!— me mira con esos ojitos azules que me fascinan y frunce el ceño. —¿Será que todo eso se te quita cuando te entregue tus regalos de tus ninos y míos?— sus ojitos se iluminan y yo me vuelvo a enamorar se ese niño. —¿Y de Maca? —Y de Maca. Llegamos al departamento de mi jefa y dios, no es un simple departamento, ¡Es un piso entero! —¡Me cago en dios! ¿Qué tú marido no puede tener algo pequeño? —¡Rocío!— me dice toda sonrojada Dana y creo que me mal interpretó. —¡Dana! No seas cochinona mujer. —Creo que la cochinona eres tú, Rocío ¡Bienvenida!— Thomas llega tras de nosotros y me da un fuerte abrazo y yo le planto dos besos sonoros. —Es un gusto verte, Thomas. —Lo mismo digo, pero ponte cómoda, estás en tu casa. —No me lo digas, que me tomo la palabra—todos reímos y después de dejar mis maletas en la habitación que me asignaron salí a entregarle sus presentes a mi pequeño bribón y aprovechar de tomarme unas cuantas aspirinas para pasar la resaca. El día se pasó rápido entre la buena conversación con mi amiga y la llegada de Alma al penthouse. Thomas nos dejó cuchichear como niñas y me enteré de todas las cosas que han pasado en el último tiempo que no he estado con mi jefa. —Así que después del matricidio de Dani ella supo toditita la verdad. —Exactamente, pero yo estoy segura que esos dos están enamorados hasta las patas, solo que ninguno da su brazo a torcer. —Pero no puedes obligar a nadie a que exprese sus sentimientos, Alma. Ambas me miraron como si me hubiera salido un cuerno de unicornio en la cabeza y las entendía, Alma había urdido un plan para que Dana volviera a Estados Unidos y pudiera hablar con el que ahora es su marido, pero no creía que eso pudiera pasar ¿O sí? —No pienses mal, solo que queremos hacerle algo lindo para que ellos se enamoren. —Pero si dices que ya están enamorados. —Perdón, me equivoqué de forma de expresarme—dice Alma moviendo sus manos dramáticamente—. A propósito, el domingo estás invitada a mi casa, bueno a la casa de mis papás. Ahí les contaremos a todos que tú te vienes a trabajar con nosotras y que por lo pronto te tomarás unas merecidas vacaciones. —Eso me gusta y mucho, pero igual quiero ver cómo está haciendo las cosas Jex y poder ayudarlo. —Está bien, trabajólica. Eso no te lo puedo discutir. —A propósito Ro ¿Y tú galancete? —Ese hijo de la gran v***a me estaba engañando con la del 202, Newtt lo pilló con las manos en la masa, o más bien dicho con la cosa entre las piernas de esa chica cuando fue a buscar unas cosas a mi departamento y si él lo hizo bolsa imagínate como lo dejé yo. ¡Hasta el colchón lancé por la ventana del asco que me dio! —Ay, mi Ro. Lo siento tanto— Dana toma mi mano tratando de reconfortarme, pero la verdad es que yo no siento ni cosquillas, ya sabía que lo mío eran amores esporádicos, yo no servía para las relaciones de pareja. —Dana, no seas dramática, yo estoy bien y feliz aquí con ustedes, no necesito una v***a para estar feliz, para eso tengo a Manolo y me sale baratito. —¡Asco, Ro! —¿Quién es manolo?— pregunta Alma y a Dana se le cae la cara y a mí me da por reír. —Mi pequeño satisfactor, amiga, ese grueso y largo con baterías y control por app. —Idiota, eso jamás satisface al cien por ciento. —Por lo menos a mí sí. Ahora si me lo permiten me iré a descansar, entre el alcohol que bebí en el avión y eso del cambio de horario estoy muerta. —Ve cariño, yo también me retiro, Enzo debe estar vuelto loco con las gemelitas. Nos vemos el domingo. —Que descanses, preciosa. Yo también aprovecharé a dormir, estos días han sido intensos con estos gorditos. Los días que siguieron me dediqué a conocer la ciudad, de alguna forma u otra me tenía que familiarizar con mi nueva vida y debo decir que lo disfruté, Nueva York es un lugar hermoso y tiene muchísimos lugares para conocer. Entre el central park, la estatua de la Libertad y la quinta y Broadway me pasé los días hasta que llegó el domingo. —¿Te irás con nosotros a la casa de mis suegros?— me pregunta Dana, terminando de arreglar a mí pequeño bribón. —No, cariño. Antes necesito ir a comprar unas cosillas, pero ya Thomas me indicó que me prestaba a uno de sus choferes para no llegar demasiado tarde. —Consumista. —Loca, son de esas cosas que por tu estado no estás utilizando ya sabes, rojita en ciernes. —Ah… ¿Todavía sigues con esos cólicos de mierda? —Así es, y hace un tiempo han sido horribles. Como será que Newtt y Antonio me trataban como bebé. —Tan tiernos, los extrañó mucho. —Yo también y eso que han pasado unos días. —El lunes te conectaras con ellos para trabajar a distancia ¿No? —Sip, ya tengo todo preparado con lo que ellos me pidieron. Así que tranquila mi bolita preciosa. —No te diré nada, por que lo soy y ya te dejo, a Tommy le gusta llegar temprano para jugar más con Sarita. —Okey, nos vemos más tarde. Ambas salimos por distintos caminos y luego de unas horitas me desocupé y le pedí al chófer que me llevara hacia los Hamptons. —Fiu, que hermoso lugar, se me había olvidado lo linda que era la casa de los Scott. La verdad sea dicha que la mayor parte del tiempo que estuve para la boda me la pasé borracha, entre despedida de soltera y matrimonio triple me bebí hasta el agua de los floreros, pero eso también se debía a que por esas fechas mi hermana ya no estaba conmigo y aún me dolía su partida. Saqué esos pensamientos de mi cabeza y cambié el swich para disfrutar del almuerzo con mi familia favorita, cuando llegué me encontré con Thomas que me pidió un minuto de mi tiempo, me llevó al despacho de sus padres y después de sentarnos, llegaron Alma y Dana. —Esto parece acoso, Thomas. —Tranquila, mi Ro. Es que el baboso quiere pedirte un favorcito. —¿A mí?— pregunto con suspicacia. —Sí, Rocío. Lo que pasa es que tenemos a unos clientes un tanto molestos instalados en nuestra oficina. —¿Y qué tengo que ver yo con eso? —Pues que a Thomas se le ocurrió la genial idea de preguntarnos si tú puedes apoyarlos por estas semanas. —¿Y mis vacaciones? —Te juro que te recompensaré bien, Rocío. Es que esos tipos me quieren quitar a Dani— dice todo dramático Thomas y yo no puedo aguantar la risa, es que su cara y sus gestos, ¡Dios! —Está bien, pero que conste que solo será por unos días, nada más. —Prometido. Salimos del despacho y aproveché de saludar a todo el mundo, los señores Scott como siempre me trataron de lo más lindos que son y como ya era conocida por todos me integré de la mejor forma. Estaba pasándolo de lo mejor cuando doña rojita se hizo presente. —Me disculpan, debo ir al baño. —Estás en tu casa, para que ofreces disculpas. —Gracias, su majestad— le digo a Alma y las chicas se ríen de nuestra interacción. —Si necesitas cualquier cosa— me habla Val y yo niego. —Gracias, pero soy una chica preparada. Entro a la casa y cuando voy directo al baño escucho nuevamente esa voz… —Fiu, este lugar es precioso. —Ni que lo digas, hermano. Apresuro mis pasos y me meto en el baño. —Debo estar absolutamente loca, es que no puede ser que se me aparezca hasta en la sopa. Bufo molesta, porque no puedo creer que lo haya escuchado, definitivamente hablaría con Vannah, esto ya era demasiado. —¡Mierda! —había manchado mi ropa interior y me sentí sucia, así que aproveché de usar la pequeña ducha que había. Me tomé el pelo en un moño desordenado y con cuidado lavé mi cuerpo, el agua estaba deliciosa y me dejé llevar un rato. Salgo del baño, una vez que termino de arreglar mi vestido y cuando estoy por incorporarme a la mesa, Thomas me llama para que me acerque a él. —Rocío… —Dígame señor Scott— ¿Me acerco a él y estoy a punto de pensar que me he vuelto loca al ver que no eran solo mis oídos los que estaban mal, el maldito hijo de la gran v***a estaba frente a mí mirándome de pies a cabeza como si fuera un marciano. —Ellos son los clientes de los que te hablé. —Ah, hola señores O’Connor, será un placer trabajar con ustedes mientras mis jefas terminan de instalar su oficina. «Cínica» me grita mi conciencia, pero trato de ser lo más profesional posible. —No era precisamente lo que queríamos, pero— habla el hermano de ese adefesio y a mi me dan los cinco munitos. —Si no les gusta que sea yo, ni modo señor Scott, no tengo porqué estarles rogando, al parecer no necesitan una asistente y solo están molestando— bien, se lo merecía por despreciarme. —Oh, no, por el contrario, señorita— se dirige a mí el adefesio. —Arismendi, Rocío Arismendi—respondo y noto que el adefesio se relaja, ¡Pero qué coño! —El gusto es nuestro ¿Cierto James? —Si, por supuesto, será un gusto trabajar con usted señorita Arismendi. Ambos hermanos me miran como si fuera un bicho raro, pero como Vannah comienza a despotricar en contra de ellos el momento incómodo pasa desapercibido y vuelvo a mi asiento. —¿Todo bien, Ro? —Todo bien, amiga. Mentira, nada estaba bien. Es que no puedo creer que venga a toparme con esta despreciable víbora rastrera y peor aún que desde mañana tendré que trabajar con él. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2411069042692
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