El Veredicto

2345 Palabras

El aire acondicionado de la clínica de fertilidad siseaba como una serpiente oculta en las paredes. Me sentía pequeña en aquella silla de plástico, rodeada de folletos que mostraban bebés sonrientes y parejas felices, una imagen de esperanza que para mí era una burla cruel. Mis manos, heladas y sudorosas, no dejaban de retorcer la correa de mi bolso. El olor a alcohol me devolvió de golpe a la mañana del procedimiento, a la frialdad de la jeringa y a la mirada clínica del doctor, y luego a esa tarde en la que me caí para evitar ser chocada por Sandro ese mismo día que lo conocí al salir de aquí. —Señorita Rosales, el doctor la espera —me dijo la enfermera con una sonrisa mecánica. Me levanté con las piernas de plomo. Al entrar al consultorio, el doctor estaba revisando unos papeles sobre

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