Después de alisar mi cabello por completo y vestirme como Camila, me dirigí directamente a su departamento. Quería que todo estuviera listo antes de que la mafia llegara por mí. Sin embargo, al entrar, algo inesperado me detuvo. Desde la habitación de mi hermana se escuchaban gemidos. Me quedé inmóvil, tratando de procesar lo que estaba pasando, pero la curiosidad y el instinto me empujaron a subir. Abrí la puerta de su habitación sin hacer ruido, y lo que vi me dejó helada: en la cama de Camila estaban dos figuras que conocía demasiado bien, desnudas y enredadas. Su novio y su mejor amiga. Sentí cómo el enojo subía como un incendio en mi pecho. A pesar de que Camila cree que todos la hemos olvidado, la realidad es otra. Desde el día en que se alejó de la casa de papá, siempre ha tenido

