Me dediqué a escribir varias cartas: una para Lisa, otra para Camila y, por último, una para Nikolaos, mi gran amor. Las palabras me salían de lo más profundo, aunque me costaba cada letra. Las entregué a Dalton, sabiendo que no podría dar marcha atrás. Me encontraba con él en un viejo departamento en las afueras de la ciudad, un lugar apartado, vacío de cualquier esperanza, pero era lo único que podía ofrecer en ese momento. —Ya Cassio habló con Camila... —me informó Dalton, con la voz grave, como si también estuviera cargado con el peso de lo que venía—. La está llevando a tu casa. Asentí sin hablar, apenas un gesto de comprensión. Era lo que debía hacerse. —Dalton, fue un placer... —dije, mi voz temblando levemente. Sabía que esto no tenía vuelta atrás, no ahora—. Iré a una peluquerí

