En este momento, me encuentro investigando en mi computadora sobre el Azarion. De repente, me doy cuenta de que Nikolaos no deja de llamarme, pero no me importa. Lo amo, y no es solo por el poder; en realidad, me he enamorado de él. Él estaba comprometido con mi hermana Camila, sin embargo, hace dos años, ella me pidió que tomara su lugar porque quería concentrarse en sus estudios universitarios, y yo acepté.
Nikolaos es un hombre egocéntrico, un verdadero hijo de puta, pero lo quiero y deseo ser su esposa. A pesar de sus defectos, lo deseo con una pasión que no puedo controlar. No obstante, hay algo en él que me molesta profundamente: su actitud machista. No lo culpo por sus costumbres, ya que en su mundo las mujeres son vistas como objetos, pero eso no hace que me guste más.
Nos hemos besado, y he practicado mucho con él sobre cómo complacer a un hombre, porque no quería llegar inexperta a nuestra noche de bodas. Esos fueron mis primeros besos, y la primera vez que lo complací de una manera más íntima. Sin embargo, a pesar de todo eso, no me acosté con él. Mi voluntad y mis principios me impiden dar ese paso sin estar completamente segura de lo que quiero.
Hace unos días, decidí sorprenderlo y fui a visitarlo sin previo aviso. Lo que encontré me llenó de furia. Ese desgraciado estaba acostado con otra mujer. Mi corazón se llenó de rabia, pero la razón me obliga a mantener la calma. No puedo cancelar la boda, porque arruinaría todos los negocios que hemos trabajado tan arduamente para construir. Pero sé que encontraré la manera de vengarme. Mi paciencia tiene un límite, y cuando llegue el momento, Nikolaos pagará por su traición.
Salí de mis pensamientos cuando escuché la puerta abrirse suavemente y vi a Lisa entrar con la cena en las manos. Me la entregó con una sonrisa, como si intentara aliviar mi ánimo, aunque sabía que no era un buen momento para intentar que comiera.
—Cariño, no has comido nada —me dice, su tono preocupado pero lleno de ternura.
La miro un momento antes de responder, sin ganas de fingir una sonrisa o esconder lo que realmente siento.
—No tengo hambre... —le digo, dejando claro que, aunque la comida esté frente a mí, mis pensamientos están en otro lugar.
Ella no se da por vencida tan fácilmente, y su risa suave llena la habitación, esa risa que me hace sentir un poco más ligera en medio de la tormenta que llevo dentro.
—Déjame consentirte. No me queda mucho tiempo antes de que te cases. Primero, Camila se fue a la universidad, y ahora tú te casarás... —dice con una mezcla de nostalgia y cariño.
—Tranquila, mamá, tendrás siempre a Elian y Ciro. Ellos jamás te dejarán en paz... —le digo entre risas, tratando de aligerar el ambiente.
Lisa se ríe suavemente, aunque puedo ver que sigue pensativa, como si no pudiera dejar de preocuparse por todo lo que está por venir.
—¿Estás emocionada por la boda? —me pregunta con curiosidad, como si estuviera buscando una respuesta más allá de los negocios y la mafia de los que siempre hablamos. —Siempre hablas de poder y mafia, pero jamás de tu amor por Nikolaos.
Su pregunta me hace detenerme un momento. Es cierto, nunca he hablado mucho sobre mis sentimientos hacia Nikolaos. Siempre he sido más directa con mis objetivos y mis responsabilidades. Pero, ¿quién necesita hablar de amor cuando todo está tan claro?
—Yo amo a Nick, mamá, pero hay que concentrarnos en lo importante —respondo, tratando de ser firme, como siempre lo hago cuando me hablan de mis emociones. —Todo lo que Cassio y yo hacemos es por el bien de la familia, para proteger el futuro de Elian y Ciro. Cuando ellos crezcan y sean líderes, tendrán todo resuelto.
Lisa me observa, como si estuviera buscando más en mis palabras, pero no me detengo. Es la verdad. Siempre he sabido que el amor es importante, pero no a costa de perder todo lo que hemos trabajado.
—Tienes razón, todo lo que hacemos es por ellos, por el futuro... —dice suavemente, aunque hay una duda en su voz que no puedo pasar por alto. —Pero, ¿y tú, Casandra? ¿Qué pasa contigo en todo esto? ¿Dónde quedas tú?
—Yo... —empiezo, pero me quedo callada por un momento, buscando las palabras correctas. —Yo soy parte de todo esto. Siempre lo he sido. Mi amor por Nikolaos es una parte de la ecuación, pero no es lo único que me mueve.
Lisa asiente lentamente, entendiendo que mi respuesta no es fácil para mí.
—Lo sé, pero no quiero que te olvides de ti misma, Casandra. No quiero que te conviertas en algo que solo sirve para los demás. No lo haría si fuera Camila... —su voz tiembla un poco, como si pensara en lo que ha pasado entre nosotras en los últimos años.
—No me olvido de mí, mamá —le respondo con firmeza, aunque una parte de mí sabe que, tal vez, sí hay algo de eso en mis palabras. —Soy fuerte. Lo he aprendido desde pequeña. Cassio me enseñó que el poder no es solo para los débiles, y yo... yo lo tengo claro. Pero no te preocupes, siempre habrá espacio para mí.
Lisa me mira por un momento con esos ojos llenos de amor, y por un segundo parece que quiere decir algo más. Finalmente suspira, levantándose para ir a la ventana y mirar hacia el jardín.
—Quiero que seas feliz, Casandra... —murmura, más para ella misma que para mí. —Y cuando llegue el momento, quiero verte con alguien que te valore por lo que eres, no solo por lo que representas.
—Cassio fue acorralado en el almacén de armas —dice Dalton, mientras acelera el paso, claramente preocupado. —Estaba allí con algunos hombres, esperando una transacción con unos socios, pero los Rostov llegaron antes que ellos. Bloquearon todas las salidas y rodearon el edificio.
—¿Y Cassio? ¿Está bien? —pregunta mamá.
—Está bien por ahora, pero no lo sé por cuánto tiempo más —responde Dalton, mirando su teléfono, como si estuviera esperando alguna actualización. —Está intentando negociar, pero ya sabes cómo son los Rostov, no tienen intención de hablar.
—Malditos... —murmuro, apretando los puños con rabia. —¿Dónde están ahora?
—En el almacén, lo rodean completamente. Cassio tiene una salida secreta, pero no sé si alcanzará a llegar allí antes de que lo atrapen —responde Dalton con voz grave, sabiendo que la situación es crítica. —Necesitamos actuar rápido, Casandra.
Lo miro, apretando los dientes.
—Vamos a llegar antes de que lo hagan —digo con determinación. —No puedo dejar que lo atrapen.
—Cassy— Me dice mamá
— Mamá vete con los niños a un lugar seguro y Dalton dame un arma ahora.— Dije.