D'Angelo Rostov Ya no soportaba los desplantes de Casandra. Odiaba su maldito carácter. No estaba acostumbrado a tratar con niñas berrinchudas, y ella lo era en su máxima expresión. Era evidente que su familia la había consentido en exceso. Cada vez que la veía, mis ojos se llenaban de ira. Odiaba esos ojos grises que me desafiaban con una intensidad que nunca nadie me había dado. Su cabellera oscura, su piel perfecta, esa boca, esos labios carnosos... Cuando me respondía, era como si estuviera retándome, y nunca había soportado tanto desafío. La odiaba tanto que me recordaba a un veneno lento, que se colaba en mi sistema sin que pudiera hacer nada para detenerlo. Debía recordarme constantemente que ella es el enemigo. Pero, maldita sea, era un enemigo con apariencia de ángel, y ese án

