Estaba temblando, el corazón latiéndome con tanta fuerza que apenas podía respirar. Apreté a Kabou contra mi pecho como si fuera lo único que podía anclarme a la realidad. No podía permitir que Nikolaos muriera por mi culpa. No podía ser la razón por la que él… No. Tal vez D’Angelo estaba mintiendo. Tal vez solo quería quebrarme, hacerme caer en su juego. Pero ¿y si no? ¿Y si en este preciso momento sus hombres ya estaban en camino a Grecia? —Cálmate, Casandra —susurró Livia a mi lado, sujetando mi brazo con suavidad—. No puedes perder la cabeza ahora. Pero no podía. No cuando la culpa me estaba devorando desde dentro. Me sentía atrapada, con el pecho apretado, el pasillo de la mansión parecía cerrarse sobre mí, cada sombra alargada en las paredes se sentía como una amenaza latente. —T

